24 de Octubre
Sus primeros años.
San Antonio María Claret nace el 23 de diciembre
del 1807 en el pueblo de Sallent, a 51 kilómetros de Barcelona. Para
los que no tienen ni idea de esta población, diremos que es una
villa trabajadora de unos 2.000 habitantes, esencialmente textil,
donde precisamente el padre de Antonio tenía una pequeña fábrica de
tejidos. La infancia de "Tonet", conocido así popularmente por sus
amigos, transcurre durante la llamada "Guerra del francés"
(1808-1814). Se explica que ante el temor de la llegada de los
franceses, el pueblo de Sallent se refugió en las montañas. El
abuelo de Antonio, a causa de su estado de salud, no podía seguir
aquella fila de vecinos que subían al monte, pero Antonio volvió
hacia atrás para acompañar en todo momento a su abuelo.
Sus primeros estudios los hizo en el mismo
Sallent, reforzados por clases particulares. Ya desde muy joven,
como era costumbre en aquellos tiempos, empezó a trabajar de tejedor,
demostrando una capacidad precoz en este ramo. Como que tenía mucha
facilidad para el dibujo, hizo innovaciones en los telares y en la
belleza de los dibujos. Sus padres, al comprobar las cualidades que
demostraba su hijo, lo enviaron a Barcelona a la edad de 18 años,
con el fin de perfeccionarse en la fabricación. Empieza en la
fábrica de tejidos "Dels Vigantans", ganando tres premios en dibujo
e incluso saliendo en la prensa de la Ciudad Condal. Ya antes de
terminar los estudios, los empresarios se lo disputan para trabajar
con él, e incluso querían formar compañías junto con la de su padre.
Pero a Antonio, esta forma de vida no le acaba de complacer. Leemos
en su autobiografía: "El continuo pensar en máquinas y talleres me
tenía agotado. Me acordé de aquellas palabras del Evangelio que leía
de muy niño: "¿De qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo si
finalmente pierde su alma?". Esta sentencia me causó profunda
impresión. Fue una saeta que me hirió en el corazón". San Antonio
María Claret llega incluso a escribir que "cuando iba a Misa, tenía
más máquinas textiles en la cabeza que santos en los altares".
Los inicios de su vocación religiosa. Abandona
Barcelona y se dirige a Sallent para comunicar a su familia su
decisión de hacerse religioso. Entra en el seminario de Vic el 29 de
septiembre de 1829, a la edad de 21 años, pero al concluir su primer
año de estudios, decide abandonar el centro para hacerse cartujano.
Así, se dirige a la Cartuja de Montalegre, entre los pueblos de
Montgat y Tiana, en la comarca del Maresme (Barcelona), pero una
fuerte tempestad le impide llegar. Vuelve al seminario de Vic, un
centro de buen nivel intelectual en aquella época, donde comparte
estudios con Jaume Balmes y otros compañeros que, como él, después
serían obispos o sacerdotes ilustrados. Antonio cultiva seriamente
la ciencia y la virtud: resiste pruebas, tentaciones... Es ordenado
de sacerdote en 1835, un año conocido por los incendios de conventos,
monasterios y muy pronto de la supresión de órdenes religiosas.
Después de una breve experiencia sacerdotal prefiere dedicarse a la
predicación y se dirige a Roma con la idea de ingresar en la
Congregación de la Propagación de la Fe, pero cuando llega a la
capital italiana, se encuentra que el prefecto de la orden está de
vacaciones y no le puede recbir hasta el cabo de un mes. ¿Que hace
nuestro amigo Antonio?, pues aprovecha este mes de espera para
realizar unos ejercicios espirituales con los padres jesuitas. En su
autobiografía podemos leer: "Al final de los ejercicios, el director
me sugiere: "Ya que Dios nuestro Señor le llama las misiones
extranjeras, mejor sería que usted se agregara a la Compañía de
Jesús; por medio de ella sería enviado y acompañado; que andar solo
es cosa muy expuesta". Yo le contesté que para mi bien conocía que
sería mejor; pero: "¿Que hago yo para que la Compañía me admita?".
Por manera que, de la noche a la mañana me hallé jesuita. Cuando me
contemplaba vestido de la santa sotana de la Compañía, casi ni
acertaba a creer lo que veía, me parecía un sueño, un encanto. Me
hallaba yo muy contento en el noviciado, estando siempre ocupado. El
2 de febrero de 1840, a los cuatro meses de haber entrado, empezamos
los ejercicios de San Ignacio que duraron un mes. Yo los empecé con
muchísimo gusto y con grandes deseos de aprovecharme de ellos. Así
iba siguiendo y adelantando, cuando he aquí que, un día, me vino un
dolor tan grande en la pierna derecha que no podía caminar. Se
aplican los remedios inmediatos, pero el mal persiste. Después de
realizar el oportuno discernimiento, el padre Roothaan, me dijo sin
titubear: "Es voluntad de Dios que usted vaya pronto, pronto a
España, no tenga miedo; ánimo".
Sus primeros años de
sacerdote y de predicador.
Claret, a sus 33 años, deja la Compañía de Jesús
y vuelve a España donde sería designado como sacerdote Regente del
pueblo de Viladrau (Barcelona) en el macizo del Montseny. Allí va
ampliando sus predicaciones y visita enfermos, inválidos ... Incluso
se dedica a curar enfermos gracias a remedios naturales que él mismo
aprendió de un famoso herbolario de Barcelona. Después de un tiempo
en Viladrau, recorre diferentes pueblos de las comarcas de Catalunya
para predicar. Lleva una vida muy austera, en su autobiografía, él
mismo explica que "Dinero nunca llevaba, ni quería. Un día tuve una
alarma. Me metí la mano en el zurrón del chaleco y creí hallar una
moneda; me espanté, la saqué, la miré y con grande consuelo vi que
no era una moneda, sinó una medalla. Volví de la muerte a la vida.
Tan grande era el horror que tenía el dinero". Su vida de
predicación la describe así: "Siempre estuve andando de población en
población. Andaba solo y a pie. Tenía un mapa de Catalunya forrado
de lienzo que traía plegado, y por el mapa me llevaba, medía las
distancias y marcaba las posadas. Por la mañana hacía cinco horas de
viaje y otras cinco por la tarde, a veces con lluvia, otras veces
con nieve, y en verano con soles abrasadores". La jornada misionera
de nuestro amigo Antonio María Claret empieza a las cinco de la
mañana, confiesa, predica, visita a enfermos y a los necesitados, al
pueblo en general ... Pero no sólo predicaría en Catalunya, también
lo haría en Las Palmas de Gran Canaria en abril de 1849, allí las
multitudes de desbordan, las iglesias son insuficientes para
contener a los que quieren escuchar sus palabras, viéndose obligado
a predicar en plazas publicas o a las orillas del mar.
Claret: editor y fundador. Ya de regreso a
Catalunya, San Antonio María Claret se da cuenta que para predicar y
evangelizar, hay que buscar otros medios, que con la palabra hablada
no es suficiente. Hace falta la palabra escrita: funda la Editorial
Llibreria Religiosa (hoy conocida como Editorial Claret). Se
distribuyen millones de estampas escritas, folletos, libros ... Con
la intención de promocionar y preparar a misioneros que vivan en
comunidad, el 16 de julio de 1849, funda junto a sus colaboradores
la Congregación de Misioneros de Corazón de María (hoy llamados
Claretianos). En un principio nace como asociación sacerdotal cuyos
miembros viven en comunidad y se entregan a la evangelización
itinerante. Con el paso de los años se transformará en instituto
canónico de vida consagrada (no necesariamente sacerdotes) y con la
aceptación de los tres votos: pobreza, celibato y castidad.
Claret: arzobispo de Santiago de Cuba. En 1849
Claret recibe el nombramiento de Arzobispo de Santiago de Cuba (entonces
Cuba era una colonia española), decisión que asusta al santo, al
menos así lo escribe en su autobiografía: "Espantado del
nombramiento, no quise aceptar por considerarme indigno e incapaz de
tan grande dignidad; por no tener ni la ciencia ni las virtudes
necesarias; y, reflexionando después más detenidamente, pensé que,
aunque tuviese ciencia y virtud, no debía abandonar la Librería
Religiosa y la Congregación que acababa de nacer". Por mucho que
Antonio quisiera quedarse en España, al final tuvo que obedecer. La
ceremonia de consagración como obispo se hizo en Vic el 6 de octubre
de 1850, curiosamente día de la onomástica de San Bruno, fundador de
la Orden Cartujana, aquella primera congregación en la que pensó
pertenecer. Dos días después, el ya monseñor Claret acude a Madrid
para realizar los trámites burocráticos y recibir el palio (recuerda
que en este caso, el palio es una especie de tela, parecida a una "bufanda"
que identifica a un obispo, arzobispo o Papa). El 22 de octubre de
1850 la Reina le concede la gran Cruz de Isabel la Católica; pero
curiosamente Antonio María Claret se va sin haber pagado los 3.000
reales que se requieren para tener esta distinción. A él le parece
un delito gastar tanta cantidad de dinero cuando ahorra avaramente
para socorrer a los pobres y regalar libros. Parece que un devoto
madrileño pagó dicha cantidad por él. Otro dato curioso, el 27 de
aquel mismo mes, llegó tarde a una audiencia con la familia real
española porque estaba predicando en la Iglesia de los Italianos de
Madrid!.
El 28 de diciembre de 1850 embarca junto a trece
colaboradores rumbo a Cuba desde el puerto de Barcelona. Durante
siete años, Claret a parte de misionar y predicar, lucha contra el
tráfico de esclavos, denuncia los abusos de ciertas autoridades
coloniales, lucha para hacer una sociedad más justa, ayuda a los
pobres y a los más necesitados... Y por lo que se refiere a temas
relacionados con la Iglesia, es el precursor de los cursos de
renovación y formación permanente: allí donde hay dos o más
sacerdotes establece tres conferencias cada semana; todos los
sacerdotes han de pasar todos los años un mes en el seminario
cursando algunos estudios... y establece, entre otras cosas, que
todos los sacerdotes cubanos realicen ejercicios espirituales de
diez días. Claret es también un gran conocedor y devoto de la
Sagrada Escritura, hasta tal punto que regala un ejemplar a cada uno
de los sacerdotes de su diócesis de Santiago de Cuba.
La fundación de las Cajas de Ahorros. Lo más
curioso de Claret en su estancia en Cuba es que ¡funda una especie
de Cajas de Ahorros! Lo escribe así el propio santo es su
autobiografía: "Para los pobres compré una hacienda en la ciudad de
Puerto Príncipe. El plan de esta obra era recoger a los niños y
niñas pobres, que muchos de ellos se pierden por las calles pidiendo
limosna. Allí se les había de enseñar religión, leer, escribir, etc,
y después, arte u oficio, el que quisieren. Una hora no más cada día,
los niños habían de trabajar en la hacienda y con esto se podían
mantener con las viandas que producía la misma hacienda; y todo lo
demás que ganasen se había de echar en la Caja de Ahorros. De manera
que, cuando saliesen de aquella casa, habían de tener instrucción y
además habían de haber aprendido algún arte u oficio, y se les había
de entregar lo que ellos hubiesen ganado". Es por ese motivo, que
Antonio María Claret es el protector de las Cajas de Ahorro.
Claret es nombrado asesor de la Reina. La voz de
denuncia que impartía nuestro amigo le llevó a sufrir diferentes
atentados. Rápidamente le llaman para que vuelva a España, y más
concretamente a Madrid, para hacer de guía moral y espiritual de la
Reina Isabel II y de su corte. Es el momento que funda la Academia
de San Miguel, una organización de seglares que aglutina a
escritores, artistas y personas que se comprometen a encarnar los
valores evangélicos, y proyecta también el Ejército del Corazón de
María. Claret trabaja igualmente en el proyecto de construcción de
las bibliotecas populares parroquiales. Pero por encima de todo, su
máxima dedicación en Madrid, fue para los más pobres, que visitaban
su casa diariamente. Así, el 1 de octubre de 1857, escribe en su
autobiografía: "La multitud de pobres me comen vivo.
Por la tarde y
noche, me ocupo de visitar a los enfermos, presos u otros
establecimientos de caridad". Incluso vende su pectoral de plata (crucifijo
que llevan los obispos en el pecho) para poder socorrer a un hombre
enfermo. Muchos vecinos de Madrid, le daban dinero para que pudiera
ayudar a los más necesitados. Procura que la Reina y las infantas se
acerquen a ellos, las acompaña a visitar instituciones benéficas e
incluso pide a diferentes comunidades religiosas que vendan los
vasos sagrados si fuera necesario para atender a los enfermos. Tiene
un especial aprecio a aquellas instituciones religiosas destinadas a
la caridad: las Carmelitas de la Caridad, la Religiosas de María
Inmaculada, las Adoratrices o las Conferencias de San Vicente de
Paul. Acompaña a la Reina en todos los viajes que realiza por España.
Unos viajes que Antonio aprovecha para predicar en todas la ciudades.
Para él, aquellos, eran "viajes misioneros". En agosto de 1859 es
nombrado Presidente del Escorial; repara los desperfectos de aquel
edificio y lo dota con los medios pedagógicos y bibliográficos más
modernos con una biblioteca de 6.500 libros. Su meta es convertirlo
en un centro que sirva como modelo para que se formen grandes
sacerdotes y seglares. También funda en El Escorial, una comunidad
de sacerdotes que viven bajo la regla de San Agustín. Como dato
curioso, proyecta la construcción de una catedral para Madrid, pero
los políticos le destruyen su plan.
Claret perseguido. Pero Claret también tiene sus
perseguidores, los intentos de asesinato son reiterados, ya que
según sus detractores, actúa de manera determinante en política como
asesor de la reina. Era entre los años 1868 y 1870, cuando escribe
en su autobiografía: "Antes era admirado, apreciado y hasta alabado
por todos, y ahora, a excepción de muy pocos, todos me odian y dicen
que el Padre Claret es el peor hombre que jamás ha existido y que
soy la causa de todos los males". Alguna prensa de humor le llama el
"Padre Clarinete", lo ridiculizan, lanzan sátiras en injurias sobre
él... falsifican sus libros, sus escritos salen distorsionados en
los periódicos ... La calumnia contra nuestro santo traspasa las
fronteras de España y llega también a Francia, Inglaterra, Italia y
Alemania.
Claret en Roma y en el Concilio Vaticano I.
Motivada por la inestabilidad política, la Reina Isabel II emprende
junto a San Antonio María Claret su viaje de exilio a París. Pero al
cabo de pocos días, Claret viaja a Roma donde se entrevista con el
Papa Pío IX. En la Ciudad Eterna, confiesa y predica especialmente a
religiosas y seminaristas; visita hospitales, escribe y prepara su
intervención en el Concilio Vaticano I, que sería inaugudado el 8 de
diciembre de 1869. Su aparición en aquella magna asamblea se produce
el 31 de mayo de 1870. A pesar de haber sufrido unos días antes una
afección cerebral, monseñor Claret deja clara su posición en favor
de la infalibilidad del Papa.
Sus últimos días.
Antonio María Claret se encuentra ya en un
delicado estado de salud. Los últimos años de su vida los pasa en el
Monasterio Cisterciense de Fontfreda, en el sur de Francia. Allí
fallece con fama de santidad el 24 de octubre de 1870. El cuerpo fue
trasladado a Vic (Barcelona), donde descansa en el templo de la
Comunidad Claretiana. La santidad de Claret fue reconocida el 25 de
febrero de 1934 (beatificación) y el 7 de mayo de 1950 (canonización).
El Papa Pío XII, en unas palabras pronunciadas después de declararlo
santo lo definía de esta manera:
"Alma grande, nacida como para ensamblar
contrastes; pudo ser humilde de origen y glorioso a los ojos del
mundo; pequeño de cuerpo, pero de espíritu gigante; de apariencia
modesta, pero capaz de imponer respeto incluso a los grandes de la
tierra; fuerte de carácter, pero con la suave dulzura de quien
conoce el freno de la austeridad y de la penitencia; siempre en la
presencia de Dios, aun en medio de su prodigiosa actividad exterior;
calumniado y admirado, festejado y perseguido. Y entre tantas
maravillas, como luz suave que todo lo ilumina, su devoción a la
Divina Madre".
Su devoción a la Virgen
María.
Antonio María Claret tuvo un gran amor a la
Virgen María, y en especial a la Inmaculada que se venera en la
ermita de Fusimanya, situada a tres kilómetros de Sallent, y a la
cual peregrinaba a menudo solo o bien acompañado de su hermana Rosa.
Durante sus años de seminarista tuvo una experiencia mística que él
mismo explicó en su autobiografía: "En invierno tuve un resfriado;
me mandaron guardar cama; a las diez y media de la mañana
experimenté una tentación muy terrible. Acudí a María santísima,
invocaba al Ángel santo de mi guarda..., me esforzaba en fijar la
atención en objetos indiferentes para distraerme... Pero, todo en
vano. Finalmente, me volví del otro lado de la cama para ver si así
se me desvanecía la tentación, cuando he aquí que se me presenta
María santísima y graciosísima. En sus brazos tenía una corona de
rosas hermosísimas; me dirigió la palabra y me dijo: "Antonio, esta
corona será tuya si vences". Y vi que me ponía en la cabeza la
corona de rosas que tenía en la mano derecha. !Gloria a María!
!Victoria de María!. Antonio María Claret, describía de esta manera
como tienen que ser los devotos de la Virgen: "Un hijo del
Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que
abraza por donde pasa, que desea eficazmente y procura por todos los
medios encender a todo el mundo en el fuego del amor divino. Nada le
alarma, se goza en las privaciones, aborda los trabajos, abraza los
sacrificios, se complace en las calumnias y se alegra en los
tormentos. No piensa sino como seguirá e imitará a Jesucristo en
trabajar, sufrir y en procurar siempre y únicamente la mayor gloria
de Dios y la salvación de las almas"
Onomástica y patronazgo. La onomástica de San
Antonio María Claret se celebra el 24 de octubre. Es el patrón de
las Cajas de Ahorro y junto a San Francisco de Asís, proteje a todos
los fabricantes y trabajadores del mundo textil.
Oración Apostólica de San Antonio María
Claret
Señor y Padre mio, que te conozca y te haga
conocer, que te ame y te haga amar; que te sirva y te haga servir;
que te alabe y te haga alabar por todas las criaturas.