Todo hombre que te busca va a pedirte algo...
El rico aburrido, la amenidad de tu conversación; el pobre, tu
dinero; el triste, un consuelo; el débil, un estímulo; el que lucha,
una ayuda moral.
Todo hombre que te busca, de
seguro va a pedirte algo.
¡ Y tú te vuelves
impaciente!, y tú piensas, ¡ qué fastidio!
¡
Infeliz!
La ley escondida que reparte misteriosamente las
excelencias, se ha dignado otorgarte el privilegio de los
privilegios, el bien de los bienes, la prerrogativa de las
prerrogativas:
¡DAR!
¡TU PUEDES DAR!
¡En cuantas
horas tiene el día, tú das, aunque sea una sonrisa, aunque sea un
apretón de manos, aunque sea una palabra de aliento!
¡En cuántas horas que tiene el día te pareces a Jesús, que no es
sino donación perpetua y regalo perpetuo!
Debieras
caer de rodillas ante el Padre y decirle:
“Gracias porque puedo dar, Padre mío!
¡Nunca más pasará por mi semblante la sombra de
una impaciencia!”
¡ EN VERDAD LES DIGO QUE VALE
MAS DAR QUE RECIBIR!