Desde que nos mudamos a esta ciudad ayudo a cuidar dos
de mis nietitas en lo que puedo. Y quiero comentarte algo que
sucedió anoche con una de las dos, se llama Pierangela de San José,
( 4 años ) la más grandecita. Tú la conociste. Espero contarlo de la
forma más sencilla sin exagerar en nada lo vivido y para ello le
pido luces al Espíritu Santo.
En la tardecita de ayer, como a las 5 fuimos a
llevar a la señora Guillermina a su casita, ella nos colabora con
los quehaceres, de regreso queríamos visitar al menos dos iglesias,
cosa que fue imposible, pues cierran temprano, Pierangela empezó a
impacientarse y decía repetidamente que quería ir a la Misa. Al
llegar a casa, no sabía que hacer con ellas para entretenerlas y me
las puse en las rodillas y les mostré una presentación de Power
Point, con unos paisajes muy lindos y plácidos, era un mensaje de
relajación con una música muy linda… sin escritos. Yo le preguntaba
a Pierangela que observaba en cada diapositiva, ella es muy
conversadora, y muy animada me decía lo que miraba: "Mira NONNITA (abuelita),
un árbol, una fuente, el mar con el sol adentro, un arco iris… ¿de
dónde sale el arco iris nonnita? Ese pajarito todo rojito... con el
pico rojito; nunca he visto un pajarito así!"
La otra niña, la pequeñita, hacia como el eco de
las ultimas palabras de Pierangela. Yo la ayudaba y la animaba a
fijarse mejor… terminó la presentación y la pequeñita se cansó y
salió corriendo tomando traviesamente mi Devocionario, el que tengo
cerca de la computadora, pero Pierangela quiso repasar por segunda
vez toda la presentación. Dejé que Francesca revisara un poco el
libro y después pensé mejor quitárselo antes de que me lo dañara.
Pero enseguida lo tomó Pierangela y anduvo con el Devocionario bajo
el brazo, como toda una pastora… que risa daba verla.
Subimos a los cuartos se sentó en el sofá frente
a la cama y de repente abrió el Devocionario y fue justo donde
aparece Cristo crucificado, una imagen muy bonita y clara. Y me
preguntó: ¿Por qué está así? ¿Que está muerto? ¿Por qué nonnita? Y
su cara empezaba a esbozar un rictus de tristeza no acostumbrado… Le
respondí: "Bueno mi pequeña es que Jesús quiso darnos todo su amor y
lo hizo de esa forma. Y también porque hubo personas malas que no le
querían y le hicieron eso". ¡Empezó a llorar a lágrima viva: "¿Por
qué?, ¿Por qué?, ¿Por qué? Nó nonnita... ¡no puede ser! ¿Por qué, si
yo quiero a Jesús? ¿Y su mamá? ¿Qué pasó con su mamá?" Al lado de la
imagen del Cristo crucificado estaba la imagen de la Piedad (Jesús
bajado de la Cruz en brazos de su mamá). Y su mirada pasaba de una
imagen a la otra y lloraba más y más, con tanto sentimiento que yo,
que creo ser una mujer de fe con trayectoria y experiencia hasta en
el sufrimiento, no sabía que hacer con esta pequeña bañada en
lágrimas y preguntando por el Misterio más grande de nuestra
salvación sin más ni más.
Le dije entonces: "Su mamá estaba muy cerquita de
El, en todo momento estuvo cerca y le dio ánimo y lo acompañaba." Y
la niña continuaba: "Pero no, nonnita, eso no puede ser... ¿Quiénes
son esas personas? Dime quiénes son los malos? ¿Cómo son los malos?"
Y entonces buscaba algo en qué apoyarse, imágenes donde ella
comprender cómo y quiénes eran los malos; usó hasta los personajes
de unos cartones animados en la televisión: "¿Estos son los malos
nonnita?" Y lloraba y lloraba: "¡No te mueras Jesús! ¡No te mueras
Jesús, si yo te quiero! ¡NONNITA, NO PUEDO MÁS!", me decía, y se me
abrazaba a las piernas. Ella perdía las fuerzas, por momentos
parecía desmayada, se puso rojita, el corazón le palpitaba
bárbaramente, y regaba mis brazos y mis hombros con sus lágrimas.
"No puede ser, no puede ser, Jesús, no puedes
morir", continuaba, y decía: "Jesús, Jesús, eres mi luz, no salgas
de mi corazón." Le dije que no llorara así, que Jesús está vivo, que
está vivo. Le enseñé lo primero que llegó a mis manos, una imagen de
Jesús Niño en brazos de San José; en todos lados las tengo. "No te
pongas así, Pierangela, mira este niño es Jesús. El está vivo y está
entre nosotros. Mira bien este niño pequeño en brazos de tu Padre
San José; es Jesús, que sólo vino al mundo a darnos su amor."
Pero no había nada que hacer. Me sentí impotente,
no podía calmarla. Pero de repente tomó la estampita de San José con
Jesús en brazos, la coloco entre sus manitas y la puso sobre su
frente, en gesto de oración y me dijo entre sollozos: "Déjame
hablarle a Jesús: NO TE VAYAS JESÚS, QUÉDATE CONMIGO, NO TE ALEJES
DE MI CORAZON. TU ERES MI LUZ. CUIDA A MI HERMANITA, FRANCESCA. SI
ME DEJAS SOLA, YO NO PUEDO SIN TI..." Mientras lloraba a lágrima
viva.
Ya no supe que hacer, me rendí ante esa criatura
que clamaba a Jesús, y le rendía todo su amor; y me puse a llorar
con ella, nos abrazamos y lloramos juntas tanto, tanto. Ella se
sorprendió de mis lágrimas y se calmó un poco. Le dije: "Ya no te
pongas así que me haces llorar; El resucitó y está vivo. Cuando seas
un poquito más grande comprenderás mejor. Por ahora confía en mí,
Jesús esta vivo, y está dentro de tu corazón, desde el mismo em día
que te bautizaste hace 4 años, un día de San José."
Largo momento, casi una hora. Increíblemente
bello, me causaba un poco de miedo la expresión de la inocencia ante
el Misterio de Dios. Pongo de testigo a Dios Padre y al Santo
Espíritu, que todo salió de su corazón el que latía fuertemente.
Estaba como necesitada de compañía. Cuando nos acostamos, después de
la Señal de la Cruz me dijo: "Nonnita, dame tu cadenita para que
Jesús esté sobre mi corazón." Hablaba ella de un Rosario pequeñito
que me regalaron y que ahora carga ella; y sí, es verdad, la
crucecita de Jesús le da un poco más abajo que la altura de su
corazón.
Le pido a Dios que cada lágrima que Pierangela
derramó con tanto dolor en su pequeño corazón, sirvan para que
intercedan a la Misericordia de Dios por todos los niños del mundo y
para que perdone los pecados de nuestras familias y las familias del
mundo entero.