Parróquia La Santa Cruz
Col. Tara, San Pedro Sula,  Honduras, Tel. (504) 551-3290

InicioQuienes SomosNoticiasLecturas del DíaBibliaLiturgia de las HorasSanto RosarioOracionesReflexionesPastoralesDocumentosNuestra FeTemas de ActualidadComunidadesLiturgiaContactosEnlaces
Pastoral de Comunicaciones, Todos los Derechos Reservados, © 2007

La oración ¡ esa música de fondo !

 

Hablamos mucho de oración, nos exigimos más oración. Pero ¿cuántos son quienes se acercan a nuestras iglesias diciéndonos como decían a Jesús "¡enséñanos a orar!". ¿Será que nuestros rezos no conmueven, no atraen, no parecen interesantes? ¿Nuestras liturgias, a veces tan bien retransmitidas, invitan a orar? ¿Crean en la gente ese deseo de ser enseñados en el arte de orar? ¿Qué es orar?

Desde nuestra precariedad

Somos enormemente menesterosos y precarios. ¡Cuántas cosas quisiéramos que fueran diferentes y no lo son! Nos envuelve la limitación, la imposibilidad. La imperfección de esta creación nos acosa por doquier: sentimos la impresión de que las cosas no van bien. ¡Qué difíciles las relaciones entre los seres humanos -laborales, comunitarias, familiares, políticas, religiosas-!

Una ciudad es un espacio en el que el sufrimiento circula en todas las direcciones. No somos malos por pura intencionalidad maligna. Lo somos para sobrevivir, para imponer nuestra justicia cuando la otra no funciona, para reivindicar nuestros derechos cuando los otros no los defienden, para resarcirnos de aquello que tanto nos ha hecho sufrir. Detrás de todo pecado hay una historia precedente, sin redención. El mal va siendo poco a poco concebido, y al final estalla.

¡Que venga tu Reino!

Jesús se dió cuenta de esta situación en que nos encontramos. Por eso, nos enseñó a clamar al Abbá, con todo nuestro ser: ¡Venga tu Reino! No es el reinado de Dios aquello que día a día experimentamos; aquí reinan otros señores. Queremos que sea Dios el único Señor.

La tierra debería ser la casa de "los hijos e hijas de Dios", el hogar de la fraternidad y sororidad. Sin embargo, estamos dispersos, enfrentados. El dolor surge por doquier. ¡Hay tantos seres humanos heridos!

El clamor a Dios para que el mal no nos hiera, no se apodere de nosotros debiera ser permanente. Jesús nos pide dirigirnos a nuestro Dios como hijos y como amigos. A un hijo no se le niega nada; tampoco a un amigo, aunque sea inoportuno. Dios tampoco nos lo va a negar a nosotros, cuando es el mejor Padre-Madre, el mejor y más fiel amigo.

Desde la conciencia de vivir en Alianza

El fundamento de la mejor oración es la conciencia de filiación y la amistad. La oración cristiana es ejercicio de alianza amorosa: alianza filial, alianza de amistad, alianza mística.

Nuestro Dios no quiere que seamos objetos obligados de sus dones. Nuestro Dios desea nuestros deseos. Dignifica nuestra condición de personas no obligándonos, sino activando nuestros recursos y poderes.

Dios necesita nuestro "fiat" para seguir creando. Actúa desde la relación con nosotros. Nosotros podemos obtener lo mejor de Dios. ¡Así ocurre siempre en una auténtica alianza de amor, de amistad! ¡Quien te cree te crea!

Por eso, es tan admirable la relación entre Abraham y Dios, entre Dios y sus amigos y sus hijos.

Orar es activar constantemente en nosotros la relación de alianza con nuestro Dios. Quien ora constantemente expresa que está conectado con Aquel que transmite. Dios transmite a través de su Palabra: el libro de la Creación y de la Historia, el Libro de su Revelación (la Biblia santa). Dios nos interpela constantemente cuando somos sensibles a su presencia. El silencio de Dios es Palabra de Dios en todo momento para quien sabe ponerse en onda. Quien está conectado hace que en su vida esté siempre esa "música de fondo", ese clima envolvente, ese viento suave que le permite vivir confiado y siempre conectado.

Si un padre no falla a sus hijitos, si un amigo no falla a su amigo, por inoportuno que sea, ¿nos fallará el Dios y Padre que con nosotros ha establecido una Alianza para siempre?

La oración es la respiración del mundo. Orar permanentemente es el asidero, la cuerda de seguridad, que nos libra de los peligros, o nos hace abordarlos de manera que los superemos.

No estamos solos. Alguien está ahí dispuesto siempre a ser nuestro Aliado fiel, a pedirnos colaboración para que este mundo y todo lo que lo constituye, sea distinto. La mayor desgracia para una comunidad humana es que "se divorcie" de su Dios, que rompa su Alianza con Dios. Ésto se expresa cuando ya no habla con su Dios, cuando ya no tiene súplicas, ni nada porqué interceder. Entonces esa comunidad humana queda al vaivén de su soledad e impotencia.

Una Iglesia en Alianza con Dios es confiada, tiene sentido del humor, sabe perder batalllas para ganar la guerra, es compasiva, tiene una mirada amplia, confía en la acción íntima del Espíritu Santo en el corazón de todos, sabe que Dios tiene caminos que nosotros no tenemos. Una Iglesia en Alianza sabe que su oración es permanente, constante. La casa está iluminada por la Presencia a todas horas. No es una casa a oscuras. Cuando así es, quienes buscan la luz, en ella la encuentran.

 


[INICIO]
   [QUIENES SOMOS]   [NOTICIAS]   [LECTURAS]   [ BIBLIA]   [LITURGIA DE LAS HORAS]
[SANTO ROSARIO]   [ORACIONES]   [REFLEXIONES]   [PASTORALES]    [DOCUMENTOS]
[NUESTRA FE]   [TEMAS DE ACTUALIDAD]   [COMUNIDADES]   [LITURGIA]   [CONTACTOS]   [ENLACES]