La Palabra de Dios dice en Deuteronomio 32:10 que
para Dios sus criaturas son de especial cuidado y que Él las protege
como a sus propios ojos.
Todos protegemos con especial precaución nuestros
ojos, ¿Verdad? Ante la amenaza de peligro, casi instintivamente
tenemos la tendencia de cubrir nuestros rostros y en especial los
ojos.
Cuenta una parábola que dos hermosas piedras
azules brillaban en el lecho de un río de montaña y soñaban ambas
con ser recogidas algún día para lucir orgullosas en la corona real
de alguna reina, o adornar el collar de alguna princesa o el anillo
de un rey.
El día llegó y aquellas piedras fueron recogidas,
es que eran hermosas. El destino que les esperaba era muy diferente
del que ellas creían. Una mano tosca las tomó, las hundió en cemento
y a partir de aquel entonces comenzaron a formar parte de una pared
junto con otras piedras.
¡Qué inútil se sentían aprisionadas en ese muro!
De alguna manera, entablaron amistad con un fino hilo de agua que
filtraba dentro de aquel muro y le rogaron que socavara el cemento
alrededor de ellas para que pudieran desprenderse. Así lo hicieron,
y al cabo de unas semanas se habían desprendido de aquella pared y
rodado hasta el piso.
Desde allí abajo, observaron cuál era el lugar
que ocupaban en el muro. Allí, bellamente dibujado y adornado con
piedras, estaba el rostro del Señor, majestuoso, imponente, pero
ciego, sin ojos.
Sus profundos ojos azules se habían desprendido.
Durante la noche, el guardia barrió esas piedras en el suelo y
fueron a parar al basurero para que nadie más se acuerde de ellas.
Pensamos que nuestro plan para nuestras vidas es
mejor que el de Dios ¿Verdad? Ansiamos lugares, puestos y
privilegios ignorando que la única persona en el mundo que es capaz
de cuidar de nosotros mejor aún que nosotros mismos es nuestro
hacedor Dios. Él te ama tanto que te cuidará como a la niña o pupila
de sus ojos.
Aquel que estuvo dispuesto aún a morir por ti, te
pondrá en un lugar especial aunque tú no lo comprendas desde tu
perspectiva actual.
Quédate allí, donde él te puso.
NUNCA OLVIDES QUE SOLO VIVIENDO EN EL CENTRO DE
LA VOLUNTAD DE DIOS PARA TU VIDA, SERÁS FELIZ Y TE SENTIRÁS
COMPLETAMENTE LIBRE.