Cuando sean claros y sinceros nuestros
sentimientos.
Cuando no necesitemos mentir para ocultar nuestra
doble identidad y sea valiosa la honestidad.
Cuando nos demos cuenta que la sinceridad
comienza con nosotros mismos.
Cuando seamos coherentes en lo que pensamos,
decimos, sentimos y exigimos.
Cuando digamos que amamos a Dios y estamos llenos
de:
Gratuidad, bondad, servicio, generosidad,
tolerancia y amor a todos.
La hipocresía aparte de que ofende, nos hace:
Insensatos, vacíos por dentro, mediocres,
cobardes para enfrentar la realidad, incoherentes, vanos, ciegos y
contradictorios.
Nuestro día está lleno de:
Rodeos, tácticas, simulaciones, astucias,
disimulos, reservas, fingimientos, vaguedades, nos volvemos como
figuritas huecas y sin consistencia.