A los cielos y a la tierra llamo por testigos
hoy contra vosotros, de que os he puesto delante la vida y la muerte,
la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas
tú y tu descendencia.
Deuteronomio 30:19
Estaba conversando con un grupo de jóvenes
universitarios sobre la alteración de los valores en nuestros días.
En un determinado momento, uno de ellos se levantó y protestó: “Eso
depende de la cabeza de cada uno; nadie tiene el derecho de
determinar la moral para nadie. Cada uno es responsable por sus
actos”.
Estábamos hablando del sexo libre, del homosexualismo, del aborto,
de las drogas, ¿entiendes? Y en ese terreno, ¿será verdad que cada
uno es dueño de sus actos? ¿Qué es inmoral? ¿Quién determina los
valores morales? ¿El padre, el pastor, las madres, cada uno? ¿Cómo
funciona ese asunto?
Con el paso del tiempo, ¿los valores morales
cambian de una generación a otra, de una cultura a otra? A lo largo
de la historia el hombre trató varias veces de crear una moral para
sí mismo. La frase “Yo sé lo que es bueno para mí” no es de hoy.
Siempre fue así.
Constantemente el hombre trató de cambiar las
reglas del juego, de modificar los principios del comportamiento, de
crear un nuevo código moral que se adaptara a su modo de ser y
pensar.
Lo trágico es que, por más que la persona trate de justificar su
comportamiento, no consigue eliminar el complejo de culpa que
acompaña, de modo casi automático, a los actos inmorales.
Por más que todo el mundo diga a nuestro
alrededor: “Avanza”, “Sigue adelante”, “No hay nada de malo”; por
más que la persona se diga a sí misma: “Es fantástico”, “Es legal”,
“Está todo correcto”; la verdad es que continúa angustiándose y
sintiéndose culpable, aunque no sabe bien el porqué.
Es entonces cuando aparecen los desencuentros,
consigo mismo y con las personas con quienes se relaciona. La vida
se complica y se transforma en una confusión.
Dios es soberano y, en la sabiduría de su amor, es él quien
determina lo que es bueno y lo que es malo, lo que está correcto y
lo que está incorrecto. Y lo hace por amor.
El ser humano es libre, libre para aceptar los principios morales
que Dios estableció para protegerlo, o libre para rechazar esos
principios. Libre para oír o dejar de oír. Libre para aceptar lo que
Él determinó como correcto o para seguir su propio camino.
Dios te avisa: si sigues el camino que él ha
trazado, tendrás la vida; si no lo sigues, tendrás la muerte. Tú
eres el que escoge. Dios no te impide que escojas el camino
equivocado, pero no te permite que a ese camino lo llames el camino
correcto.
Las criaturas no tenemos la atribución de hacer
la moral. Es Dios quien hace la moral, porque él es amor, y la moral
que realmente vale es la que tiene origen en el amor.