El Evangelio (Lc. 11,
1-13) contiene varias partes:
. Una primera parte contiene esa oración que Cristo nos enseñó -el
Padrenuestro.
. Una segunda parte en la que el Señor nos recomienda que pidamos
para recibir: “Pidan y se les dará”.
. Una tercera parte, que es muy importante, en la que Jesucristo nos
dice que el Padre Celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo
pidan.
Fijémonos, primeramente, en el Padrenuestro. En esa oración que
Jesús nos dejó están contenidas varias formas de oración:
Oración de Alabanza: Padre Nuestro, que estás en el Cielo,
santificado sea tu nombre.
Oración de Contrición: Es la oración para pedir perdón por nuestras
faltas. Perdona nuestras ofensas.
Oración de Petición: Venga tu Reino. Danos hoy nuestro pan de cada
día. No nos dejes caer en tentación.
Fijémonos ahora en la frase del Señor: “Pidan y se les dará”. Y
vamos a detenernos un poco más en esto, para poder entender el
verdadero sentido de esta recomendación, y evitar cualquier
confusión al respecto.
Sucede que tendemos a concentrar nuestra atención y -más que todo-
nuestro interés en el “Pidan y se les dará”. Pero pasamos por alto,
tanto el comienzo del texto que contiene el Padrenuestro, como el
final que dice que el Padre Celestial dará el Espíritu Santo a
quienes se lo pidan. Y al no tomar mucho en cuenta el comienzo y el
final perdemos, entonces, el verdadero sentido de este importante
llamado a la oración de petición que nos hace el Señor.
El texto que toca para la Liturgia de viene del Evangelio de San
Lucas. Pero este mismo texto ha sido narrado también en forma casi
exacta por San Mateo. Fijémonos cómo concluye Mateo esta
recomendación del Señor: “... el Padre Celestial, Padre de ustedes,
dará cosas buenas a los que se las pidan” (Mt. 7, 11).
Todo el texto es igual en ambos Evangelistas: sólo cambia una
palabrita al final: uno dice “dará el Espíritu Santo” y otro dice
“dará cosas buenas ... a los que se lo pidan”. Son diferentes las
palabras, pero veremos al final que significan lo mismo. Y veremos
también que el pedir para recibir no puede ser separado del final:
es decir de que Dios dará Espíritu Santo y cosas buenas a los que se
lo pidan.
Siempre que hacemos oración de petición es porque tenemos un anhelo
que deseamos se cumpla o porque tenemos un plan que deseamos se
realice, o porque tenemos una necesidad que deseamos sea satisfecha.
Y más de una vez podría parecer que nuestra oración no ha sido
escuchada.
Pero sucede que son muchas las veces que pedimos cosas que no nos
convienen y que no coinciden con lo que Dios, nuestro Padre, desea
para nosotros sus hijos.
Veamos lo que dicen sobre este mismo tema otras citas de la Sagrada
Escritura. “Piden y no reciben, porque piden mal” (St. 4 ,2), nos
advierte el Apóstol Santiago en su Carta. Y San Pablo también
insiste en esta idea: “Nosotros no sabemos pedir como conviene” (Rm.
8, 26).
Más aún: ¿cómo podemos olvidar las palabras tan importantes del
Padre Nuestro: “Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el
Cielo”? Recordemos que Jesús nos enseña esta oración justamente
antes de decirnos “Pidan y se les dará”.
El Catecismo de la Iglesia Católica, que dedica una buena parte de
sus páginas a lo que es la oración y cómo debemos orar, nos dice que
es necesario orar para poder conocer la Voluntad de Dios. Es decir
que necesitamos orar, para poder nosotros pedir lo que está conforme
a los planes de Dios, para poder pedir esas “cosas buenas”, a las
que se refiere San Mateo, para poder recibir esas gracias de
santificación a las que se refiere San Lucas cuando dice que el
Señor “dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan”.
Por eso el Apóstol San Juan refiriéndose al mismo tema de la oración
de petición escribe así: “Estamos plenamente seguros: si le pedimos
algo conforme a su Voluntad, El nos escuchará” (1 Jn. 5, 9).
Resumiendo, entonces: nuestra oración de petición debe siempre estar
sujeta a la Voluntad de Dios, como rezamos en el Padre Nuestro:
“Hágase tu Voluntad”. Y como rezaba Jesucristo: “No se haga mi
voluntad sino la tuya, Padre” (Lc. 22, 42 - Mc. 14, 26).
Adicionalmente, debemos tener en cuenta que en los ambientes “New
Age” y del esoterismo se tergiversa esta recomendación del Señor de
pedir para recibir.
En efecto, en el mundo del llamado “poder mental” o de la
“metafísica” se insiste en que el hombre exija a Dios la
satisfacción de sus deseos. Se tiende a confundir “bienestar” con el
Bien que es Dios y su Voluntad.
Además, se pretende dar órdenes a Dios, que es nuestro Creador y
nuestro Padre -nuestro Dueño- para tratar de lograr la propia
satisfacción, lo que nos provoca, lo que deseamos ... y no
precisamente las “cosas buenas” que Dios nos quiere conceder.
Esas “cosas buenas” que Dios nos quiere dar no siempre coinciden con
nuestros deseos, con nuestros planes, con las cosas que nos
provocan, o con las cosas que creemos que son muy importantes y muy
necesarias para nuestra vida.
Y, aunque parezca otra la intención, en esta peligrosa corriente del
“New Age” que es el poder mental y el control mental, a la larga lo
que se obtiene con esa búsqueda de los propios deseos, es la
independencia del hombre de su Padre del Cielo. Y esto es todo lo
contrario a lo que conocemos por fe a través de la Sagrada Escritura
y de la enseñanza de la Iglesia.
Realmente, la Voluntad de Dios se conoce a través de la misma
oración. Por eso es importante establecer ese diálogo con el Señor,
en el que tratamos de descubrir el misterio de su Voluntad.
Cualquiera que sea el tipo o la modalidad de oración que usemos, si
la oración es un diálogo sincero para comunicarnos con Dios, para
conocer sus deseos y sus planes, para amarlo y para complacerlo,
Dios nos va dando esas “cosas buenas” que El, como Padre
infinitamente bueno que es, desea darnos para nuestro bien.
En resumen: Dios no siempre nos da lo que queremos, pero siempre nos
da lo que necesitamos.