Una cabra y un asno comían al mismo tiempo en el
establo.
La cabra empezó a envidiar al asno porque creía
que él estaba mejor alimentado, y le dijo:
"Entre la noria y la carga, tu vida sí que es un
tormento inacabable.
Finge un ataque y déjate caer en un foso para que
te den unas vacaciones".
Tomó el asno el consejo, y dejándose caer se
lastimó todo el cuerpo.
Viéndolo el amo, llamó al veterinario y le pidió
un remedio para el pobre.
Prescribió el curandero que necesitaba una
infusión con el pulmón de una cabra, pues era muy efectivo para
devolver el vigor.
Para ello entonces degollaron a la cabra y así
curar al asno.
En todo plan de maldad, la víctima principal
siempre es su propio creador.
Fábula de Esopo
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La fábula recuerda aquella antigua cómica en la
que un adversario serrucha el piso en forma circular alrededor de un
distraído amigo sólo para ver cómo, al completar el serruchado, lo
único que queda en pie es el pequeño círculo ¡y todo lo demás
colapsa!
Dios nos creó para ser bendición a los demás
durante nuestro recorrido de este lado del cielo, y cuando optamos
por tomar ventaja egoísta de los demás, somos nosotros mismos, al
contravenir los propósitos de nuestro Creador y Salvador, quienes
nos vemos afectados por nuestras acciones.
Si bien la generosidad que mostramos a los demás
nos regresa multiplicada de parte de Dios, también toda maldad que
hagamos nos será devuelta.
Escojamos hoy lo mejor: bendecir en abundancia a
quienes Dios ha colocado a nuestro alrededor.
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Marcos 8:36-37
Porque ¿de qué le aprovechará al hombre ganar todo el mundo, si
pierde su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?