Me pregunto qué pasaría si tratásemos a nuestra
Biblia como tratamos a nuestro teléfono celular.
¿Si la lleváramos a todos lados en nuestra
cartera o bolsillo?
¿Si nos regresáramos si se nos hubiera olvidado?
¿Si la revisáramos varias veces al día?
¿Si la usáramos para recibir mensajes del texto?
¿Si la tratáramos como si no pudiésemos vivir sin
ella?
¿Si se la diéramos a los muchachos como regalo?
¿Si la usáramos mientras viajamos?
¿Si la usáramos en caso de emergencia?
Esto es algo para animarnos a preguntar...
hmmm... ¿dónde está mi Biblia?
Oh, y una cosa más. A diferencia de nuestro
teléfono celular, no tenemos que preocuparnos que nuestra Biblia sea
desconectada… ¡porque Jesús ya pagó la cuenta!
La Biblia está eternamente cargada. Nunca tiene
que ser recargada.
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Lo que perdemos de vivir en obediencia a Dios no
podemos compensarlo jamás. De allí que la Biblia, la Palabra de
Dios, sea tan importante.
¿Por qué no seguir el consejo del pensamiento de
hoy y darle una prioridad mayor a nuestra Biblia que a las nuevas
tecnologías?
A final de cuentas lo que Dios nos ofrece es… ¡eterno!
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Porque recta es la palabra de Dios, Y toda su
obra es hecha con fidelidad.
Salmo 33:4.
Susténtame conforme a tu palabra, y viviré; Y no
quede yo avergonzado de mi esperanza.
Salmo 119:116.