Gracias Señor, por los tres amores que me distes,
Carmen mi mujer, Dolores y María del Carmen, mis hijas.
Hace tiempo que noté que yo iba cambiando, y me
di cuenta después que era la mano de Dios la que me iba guiando.
Le estoy tan agradecido, que a veces, el llanto
que aparece en mi es porque Dios me dió su mano.
¡Qué alegría Señor, de que me hayas querido tanto!
¡Qué alegría Señor, porque me distes una mujer
inteligente, amable, cariñosa y buena.!
La familia es lo mejor que tenemos en la vida,
hemos comprobado que nuestras hijas, nietos y yernos tienen más
valores de lo que yo creía.
Quién siembra amor cosecha amor.
También puedo decir, que por esta razón voy
siendo más dueño de mi mismo y un poquito más justo con los demás.
Y, eso se nota.
Dios me buscó y me encontró y me dejé llevar por
Él, con su inmensa esperanza.
Esta es la alegría que debe reinar, la alegría de
sentirme amado.
Con el amor y tolerancia se puede conquistar el
mundo.
Le doy gracias al Señor, por haberme permitido
expresar lo que siento.