¡Hablemos del amor ciego!
Cuando Pat y yo nos casamos estaba tan enamorada
que no me encontraba en mis cabales.
Pat afirmó en algunas entrevistas que nos
habíamos casado bien conscientes de los importantes ajustes que
debíamos hacer y de las crisis financieras que íbamos a enfrentar,
pero esa era su propia opinión.
En lo que a mí respecta, no era consciente de
nada excepto de que era maravilloso y que la vida sin él sería
terrible.
"Entiendo muy bien cómo María, la reina de
Escocia, se debe haber sentido cuando dijo de James Bothwell, su
tercer marido: " Yo lo seguiría hasta el fin del mundo en enaguas",
pues eso mismo sentía yo por Pat...
Si lo hubiera sugerido, hubiera seguido a Pat
hasta Timbuctu sin siquiera pestañear. Era mi vida.
Para mí, era perfecto y eso fue el inicio de
nuestros problemas porque cualquier persona ubicada en un pináculo
solo puede ir en una dirección: hacia abajo ".
Shirley y Pat Boone lucharon con sus diferencias
para crear un fuerte y duradero matrimonio, pero el principio de su
verdadero éxito como pareja vino cuando cada uno reconoció este
verdad esencial:
NADIE ES PERFECTO.
Sé nos ha criado con la idea del príncipe azul y
la cenicienta, y encontramos muchos jóvenes que no han podido
establecerse con una pareja, por esa búsqueda del hombre o la mujer
perfecta.
Vemos cómo hoy en día hay más divorcios, porque
nos casamos pensando que todo iba a ser color de rosa, y a la
primera prueba tiramos la toalla.
¿Cómo podemos pedir perfección?, si nosotros
mismo NO somos perfectos.
Cuando comprendamos esta idea tan simple,
encontraremos ese amor y tranquilidad en el ser amado.
Nada vence el amor a primera vista, excepto el
amor con discernimiento.
Proverbios 4:7
La sabiduría es lo primero. ¡Adquiere sabiduría! Por sobre todas las
cosas, adquiere discernimiento.