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Sábado /
DOMINGO
- SEMANA
III
Oración
del atardecer
I
VÍSPERAS
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V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.
Aleluya.
HIMNO
Acuérdate de Jesucristo,
resucitado de entre los muertos.
Él es nuestra salvación,
nuestra gloria para siempre.
Si con él morimos, viviremos con él;
si con él sufrimos, reinaremos con él.
En él nuestras penas, en él nuestro gozo;
en él la esperanza, en él nuestro amor.
En él toda gracia, en él nuestra paz;
en él nuestra gloria, en él la salvación. Amén.
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SALMODIA
Ant. 1.
De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del
Señor.
Salmo 112 Alabado sea el nombre del Señor
Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes (Lc
1, 52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
De la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del
Señor.
Ant. 2.
Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.
Salmo 115 Acción de gracias en el templo
Por medio de Jesús, ofrezcamos continuamente a Dios un
sacrificio de alabanza (Hb 13, 15)
Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.
Ant. 3.
El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los
siglos de los siglos.
Cántico Flp 2, 6-11 Cristo, siervo de Dios, en su misterio
pascual
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los
siglos de los siglos.
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LECTURA
BREVE
Hb 13, 20-21
Que el Dios de la paz, que hizo subir de entre los muertos al
gran Pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús, en virtud de la
sangre de la alianza eterna, os ponga a punto en todo bien, para
que cumpláis su voluntad. Él realizará en nosotros lo que es de
su agrado, por medio de Jesucristo; a él la gloria por los
siglos de los siglos. Amén.
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RESPONSORIO
BREVE
R.
Cuántas son
*
Tus obras. Señor.
Cuántas son tus obras. Señor.
V.
Y todas las hiciste con sabiduría.
*
Tus obras, Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Cuántas son tus obras. Señor
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CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant.
Jesús
proclamaba el Evangelio del reino y curaba las enfermedades del
pueblo.
Magníficat Lc 1, 46-55
Alegría
del alma en el Señor
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
–como lo había prometido a
nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Jesús
proclamaba el Evangelio del reino y curaba las enfermedades del
pueblo.
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PRECES
Recordando la bondad de Cristo, que se compadeció del pueblo
hambriento y obró en favor suyo los prodigios de su amor,
digámosle con fe:
Muéstranos, Señor, tu amor.
Reconocemos, Señor, que todos los beneficios que hoy hemos
recibido proceden de tu bondad;
–haz
que no tornen a ti vacíos, sino que den fruto, con un corazón
noble de nuestra parte.
Oh Cristo, luz y salvación de todos los pueblos, protege a los
que dan testimonio de ti en el mundo,
–y
enciende en ellos el fuego de tu Espíritu.
Haz, Señor, que todos los hombres respeten la dignidad de sus
hermanos,
–y
que todos juntos edifiquemos un mundo cada vez más humano.
A ti, qué eres el médico de las almas y de los cuerpos,
–te
pedimos que alivies a los enfermos y des la paz a los
agonizantes, visitándolos con tu bondad.
Dignate agregar los difuntos al número de tus escogidos,
–cuyos
nombres están escritos en el libro de la vida.
Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso
nos atrevemos a decir:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
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ORACIÓN
Dios todopoderoso y eterno, ayúdanos
al llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en
abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo
predilecto. Que vive y reina contigo.
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CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la
vida eterna.
R.
Amén. |
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