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DOMINGO
- SEMANA
IV
Oración
de la mañana
LAUDES
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V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R.
Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.
Aleluya.
Esta invocación inicial se omite cuando
las Laudes empiezan con el Invitatorio.
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V.
Señor, ábreme los labios.
R. Y
mi boca proclamará tu alabanza.
A continuación se dice el salmo 94
(o bien el salmo 99, el
66 o el 23)
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Salmo
94
Invitación a la alabanza divina
Animaos los unos a los otros, día tras día, mientras
dure este «hoy» (Hb 3, 13)
Se
enuncia la antífona, y la asamblea la repite.
Ant.
Entremos a la presencia del
Señor, dándole gracias.
Venid,
aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Se repite la antífona.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Se repite la antífona.
Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Se repite la antífona.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.
Se repite la antífona.
Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»
Se repite la antífona.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Se repite la antífona.
El salmo 94 puede sustituirse por el 99, el 66 o el 23. En
tal caso, si el salmo escogido formara parte de la salmodia
del día, se dirá en su lugar, en la salmodia, el salmo 94.
Salmo
99
Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de
victoria (S. Atanasio)
Se enuncia la antífona, y la asamblea la repite.
Ant.
Venid, adoremos al
Señor, Dios soberano.
Aclama
al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.
Se repite la antífona.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Se repite la antífona.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
Se repite la antífona.
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»
Se repite la antífona.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Se repite la antífona.
Salmo
66
Que todos los pueblos alaben al Señor
Sabed que la salvación de Dios se envía a los gentiles (Hch
28, 28)
Se enuncia la antífona, y la asamblea la repite.
Ant.
Adoremos al
Señor, creador nuestro.
El
Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
Se repite la antífona.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Se repite la antífona.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
Se repite la antífona.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Se repite la antífona.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
Se repite la antífona.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Se repite la antífona.
Salmo
23
Entrada solemne de Dios en su templo
Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como
hombre, sube al cielo (S. Ireneo)
Se enuncia la antífona, y la asamblea la repite.
Ant.
Venid, adoremos al
Señor, porque él es nuestro Dios.
Del
Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
Se repite la antífona.
—¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
Se repite la antífona.
—El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Se repite la antífona.
—Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia. Dios de Jacob.
Se repite la antífona.
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
Se repite la antífona.
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
Se repite la antífona.
¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria.
Se repite la antífona.
—¿Quién es ese Rey de la gloria?
—El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Se repite la antífona.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Se repite la antífona.
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HIMNO
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu,
salimos de la noche y estrenamos la aurora;
saludamos el gozo de la luz que nos llega
resucitada y resucitadora.
Tu mano acerca el fuego a la tierra sombría,
y el rostro de las cosas se alegra en tu presencia;
silabeas el alba igual que una palabra;
tú pronuncias el mar como sentencia.
Regresa, desde el sueño, el hombre a su memoria,
acude a su trabajo, madruga a sus dolores;
le confías la tierra, y a la tarde la encuentras
rica de pan y amarga de sudores.
y tú te regocijas, oh Dios, y tú prolongas
en sus pequeñas manos tus manos poderosas;
y estáis de cuerpo entero los dos así creando,
los dos así velando por las cosas.
¡Bendita la mañana que trae la noticia
de tu presencia joven, en gloria y poderío,
la serena certeza con que el día proclama
que el sepulcro de Cristo está vacío! Amén.
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SALMODIA
Ant. 1.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. Aleluya.
Salmo 117 Himno de acción de gracias después de la victoria
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los
arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular (Hch 4,11)
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
–Ésta
es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
–Te
doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
–Bendito
el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.
–Ordenad
una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia. Aleluya.
Ant. 2.
Aleluya. Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya.
Cántico Dn 3, 52-57 Que la creación entera alabe al Señor
¡Bendito el Creador por siempre! (Rm 1,25)
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.
Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Aleluya. Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor. Aleluya.
Ant. 3.
Todo ser que alienta alabe al Señor. Aleluya.
Salmo 150 Alabad al Señor
Salmodiad con, el espíritu, salmodiad con toda vuestra mente, es
decir, glorificad a Dios con el cuerpo y con el alma (Hesiquio)
Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,
alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,
alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.
Todo ser que alienta alabe al Señor.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Todo ser que alienta alabe al Señor. Aleluya.
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LECTURA
BREVE
2Tm 2, 8. 11-13
Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos,
nacido del linaje de David. Es doctrina segura: Si morimos con
él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo
negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece
fiel, porque no puede negarse a sí mismo.
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RESPONSORIO
BREVE
R.
Te damos gracias, oh Dios,
*
Invocando tu nombre.
Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.
V.
Contando tus maravillas.
*
Invocando tu nombre.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.
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CÁNTICO
EVANGÉLICO
Ant. Dichosos los limpios de
corazón,
porque ellos verán
a Dios.
Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías
y su Precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Ya ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Dichosos los limpios de corazón,
porque ellos verán
a Dios.
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PRECES
Dios nos ama y sabe lo que nos hace falta; aclamemos, pues, su
poder y su bondad, abriendo, gozosos, nuestros corazones a la
alabanza:
Te alabamos, Señor, y confiamos en ti.
Te bendecimos, Dios todopoderoso, Rey del universo, porque a
nosotros, injustos y pecadores, nos has llamado al conocimiento
de la verdad;
–haz
que te sirvamos con santidad y justicia.
Vuélvete hacia nosotros, oh Dios, tú que has querido abrirnos la
puerta de tu misericordia,
–y
haz que nunca nos apartemos del camino que lleva a la vida.
Ya que hoy celebramos la resurrección
del Hijo de tu amor,
–haz
que este día transcurra lleno de gozo espiritual.
Da, Señor, a tus fieles el espíritu de oración y de alabanza,
–para
que en toda ocasión te demos gracias.
Movidos ahora todos por el mismo Espíritu que nos da Cristo
resucitado, acudamos a Dios, de quien somos verdaderos hijos,
diciendo:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
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ORACIÓN
Señor,
concédenos amarte con todo el corazón
y que nuestro amor se extienda también a todos los hombres. Por
nuestro
Señor Jesucristo.
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CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la
vida eterna.
R.
Amén.
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