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Pastoral de Comunicaciones, Todos los Derechos Reservados, © 2007

ritos de la eucaristia

 

P. Iván Rodrigo Cardona

1. DIVERSAS PARTES DE LA MISA.
 

1.1   RITOS INCIALES: 

            La finalidad de los ritos iniciales es hacer que los fieles reunidos constituyan una comunidad y se dispongan a escuchar como conviene la Palabra de Dios y celebrar dignamente la Eucaristía.   Estos Ritos iniciales están constituidos por: 

Ø      Canto de entrada.

Ø      Saludo (litúrgico) del presidente.

Ø      Acto penitencial.

Ø      Canto penitencial: Señor Ten piedad, Cristo ten piedad, Señor ten piedad.

Ø      Canto del Gloria (En Domingos y solemnidades).

Ø      Oración Coleta. 

1.1.1        Canto de entrada: 

Se da comienzo cuando el pueblo está reunido, mientras entra el sacerdote y los ministros avanzan desde la sacristía al Altar.   

            El fin de este canto es abrir la celebración, fomentar la unión de quienes se han reunido y elevar sus pensamientos a la contemplación del misterio litúrgico o de la fiesta que se celebra ese día.  Introduce y acompaña la procesión de esos ministros.  Si no hay canto de entrada se puede recitar la Antífona que aparece en el Misal y se recita después del saludo litúrgico. 

1.1.2.      Saludo litúrgico al Altar y al pueblo: 

            El sacerdote y los ministros concelebrantes, cuando llegan al presbiterio, saludan al Altar en señal de veneración.  El Altar representa a Cristo, sacerdote, víctima y altar.   

El presidente, los concelebrantes y el diácono de oficio besan el Altar, en señal de veneración y afecto.  Si es domingo o solemnidad se inciensa el mismo altar.   

Terminado el canto de entrada el sacerdote y toda la asamblea hacen la señal de la cruz para iniciar los ritos sagrados.  En este saludo queda de manifiesto el misterio de la Iglesia congregada para celebrar el sacrificio de Cristo. 

1.1.3         El acto penitencial: 

            Después del saludo litúrgico del presidente, él mismo invita a los fieles al acto penitencial que lo realiza toda la comunidad.  El Misal presenta tres formas.  Es recomendable un silencio solemne que permita el recogimiento interior de los fieles para hacer una revisión de los pecados personales.   

            Luego se hace una confesión general de los pecados con la oración “Yo confieso ante Dios Todopoderoso y ante vosotros hermanos… que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión…”     

O bien puede utilizar una de las otras formulas penitenciales que presenta el Misal como es la tercera fórmula.  El presidente termina con la absolución general u oración conclusiva: “Dios Todopoderoso y Eterno, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.  Amén”. 

1.1.4        El canto del “Ten Piedad”: 

Éste se canta después del acto penitencial a no ser que ya haya formado parte del Rito anterior (Fórmula penitencial del Misal No. III).   

            Normalmente deberá hacerlo toda la Asamblea (Presidente, pueblo y cantores).  Si no se canta se debe recitar la siguiente fórmula: Señor ten piedad, Cristo ten piedad, Señor ten piedad.  Cada una de estas aclamaciones se responde unas dos veces y puede hacerse intercalado con una estrofa. 

1.1.5        El Gloria: 

            Es un antiquísimo y venerable himno con el que la Iglesia congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y al cordero, y le presenta sus súplicas.  Lo canta la Asamblea de los fieles o el pueblo alternando con el coro.  Se puede cantar o simplemente se recita.  El Gloria se debe recitar los domingos, solemnidades y fiestas.  Durante el tiempo litúrgico del Adviento y la Cuaresma, no se hace Gloria. 

1.1.6        La Oración colecta: 

            A continuación el sacerdote invita al pueblo a orar: “Oremos…”  y todos a una con el sacerdote, permanecen en silencio para hacerse conscientes de estar en la presencia de Dios y formular interiormente sus súplicas.  Luego el sacerdote proclama la oración (en voz alta).  Con ella se expresa la índole de la celebración.  El pueblo se une al final de esta oración con la aclamación Amén. 

            La Oración colecta siempre concluye con la forma larga.  Si se dirige al Padre se dice: “Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.  Amén”.   

Si se dirige al Padre, pero al final de esa oración se menciona al Hijo, se dice así: “El que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.  Amén”.    

Si se dirige al Hijo, dice así: “Tú que vives y reinas con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios, por los siglos de los siglos.  Amén”. 

1.1.7        Las oraciones sobre las ofrendas (y la Postcomunión): 

            Tanto las oraciones sobre las ofrendas como la de postcomunión se concluyen con la fórmula breve, y se dice así: Si se dirige al Padre termina “Por Jesucristo Nuestro Señor.  Amén”. 

            Si se dirige al Padre, pero al final de esas oraciones se menciona al Hijo se dice: “Él que vive y reina por los siglos de los siglos.  Amén”. 

1.2        LITURGIA DE LA PALABRA: 

            Las lecturas tomadas de las Sagradas Escrituras con los cantos que se intercalan, constituyen la parte principal de la Liturgia de la Palabra; aunque también forman parte de ella la Homilía, la profesión de fe, la oración universal de los fieles (o preces) ya que ellos la desarrollan y la concluyen. 

            En las lecturas que luego se explican en la Homilía, Dios habla a su pueblo, les descubre los misterios de la Redención y le ofrece el alimento espiritual.    

1.2.1.   Las lecturas bíblicas: 

            En las lecturas se disponen la mesa de la Palabra de Dios.  Según la Tradición, la lectura de estos textos no es un oficio presidencial, sino ministerial.  Conviene, si es posible, que las lecturas las haga un laico y el Evangelio lo lea un diácono, o faltando éste un sacerdote o el mismo presidente. 

            Se ha de atribuir suma veneración a la lectura del Evangelio.  La misma liturgia lo distingue por encima de las otras lecturas.  De ahí su carácter sagrado y los signos que se le atribuyen: el incienso, su proclamación solemne, la reverencia y las palabras al final de su proclamación (con el libro levantado): “Palabra del Señor” y el beso al libro (al final de su lectura, junto con la oración secreta: “Las palabras del Evangelio borren nuestros pecados”), 

1.2.2.   Los cantos interleccionales: 

            Al Salmo (entre semana) o a la segunda lectura (los domingos y solemnidades), sigue el Aleluya u otro canto, según las exigencias del tiempo litúrgico: Adviento, Cuaresma, etc. 

            El Aleluya se canta en todos los tiempos litúrgicos (menos en la Cuaresma), y lo puede comenzar todo el pueblo, o el coro musical o un solo cantor.  En Adviento también se puede cantar, pero sin Gloria...  El otro canto consiste en un versículo antes del Evangelio. 

            Las secuencias, fuera de los días de Pascua y Pentecostés, no son obligatorias. 

1.2.3.   La Homilía: 

            La homilía es parte de la Liturgia y muy recomendada, sobre todo en las misas dominicales, en fiestas y preceptos, solemnidades.  Nunca se omita a no ser por causa grave. 

            La homilía es necesaria para alimentar la vida cristiana de los fieles.  Conviene que sea la explicación de las lecturas o de otros textos del Ordinario de la Misa o propio del santo del día, del Magisterio o de los santos Padres de la Iglesia, etc.  Teniendo siempre presente el Misterio que se celebra y las necesidades particulares de la comunidad. 

            La Homilía la hará ordinariamente el sacerdote que preside o el concelebrante, o el diácono de oficio o el Obispo, pero de ninguna forma un laico.  El laico animador de las comunidades veredales, podrá llevar a cabo una reflexión, pero aclarando que no se trata de una homilía, que es propia del ministro consagrado. 

1.2.4.   Profesión de fe (o el Credo): 

            El símbolo o profesión de fe dentro de la Misa tiende a que los fieles o el pueblo den su asentimiento y su respuesta a la Palabra de Dios escuchada en la lectura y en la Homilía.   

            El Credo es la respuesta de la fe a lo que se está celebrando.  Hay dos formas de recitarlo: El Credo Apostólico (o de los Apóstoles)  y el Niceno-Constantinopolitano.  El Misal permite también la forma interrogatoria: “Creéis en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y la tierra?... –Si Creo-”. 

            El Credo lo ha de comenzar el sacerdote con todo el pueblo y se dice En los domingos y en Solemnidades.  También se puede hacer en ceremonias particulares de carácter solemne. 

1.2.5    La Oración Universal de los Fieles (o Preces): 

            En ella, el pueblo ejercitando su oficio sacerdotal, ruega por todos los hombres.   Esto indica que se puede hacer entre semana.   Conviene que esta oración se haga normalmente en las misas a la que asiste todo el pueblo, de modo que se eleven súplicas por la santa Iglesia, por los gobernantes, por los que sufren, por alguna necesidad particular y por la salvación de todo el mundo. 

La serie de intenciones, normalmente, pueden ser las siguientes: 

Ø      Por la Iglesia (y sus necesidades), tanto Universal como local (El Papa, Los Obispos, el Obispo diocesano, el párroco, los diáconos).

Ø      Por los gobernantes que ejercen autoridad pública (Presidente, gobernadores, reyes, alcaldes).

Ø      Por la salvación del Mundo (y de todos los hombres).

Ø      Por los que sufren dificultades (los encarcelados, los enfermos, los desterrados, etc.).

Ø      Por la comunidad local (e intenciones particulares). 

1.3        LITURGIA EUCARISTICA: 

            Cristo instituyó en la Última Cena el sacrificio y el convite pascual por medio del cual el sacrificio de la cruz se hace continuamente presente en la Iglesia, especialmente cuando el sacerdote realiza lo que él mismo hizo y encargó a sus discípulos que hicieran en memoria de él. 

1.3.1 PREPARACIÓN DE LOS DONES:

            Al comienzo de la Liturgia Eucarística se llevan al altar los dones que se convertirán en el cuerpo y la sangre de Cristo. 

            En primer lugar se prepara el Altar o Mesa del Señor que es el centro de toda la Liturgia Eucarística y se colocan sobre él, el corporal, el purificador, el misal, el cáliz y la patena, que puede también prepararse en la credencia. 

            A continuación se traen las ofrendas del pan y del vino, que también lo pueden presentar los fieles.  Allí lo recibe el sacerdote o el diácono de oficio y los prepara en el altar. 

            También se puede aportar dinero u otras especies, aportaciones como medicinas, uvas, mercado (para los pobres de la Iglesia), etc., que los mismos fieles pueden presentar dentro de la Eucaristía.  La procesión de ofrendas puede estar acompañada por un canto o por un silencio solemne. 

            Estas ofrendas colocadas sobre el Altar pueden ser incensadas para significar de este modo que la oblación de la Iglesia y su oración suba ante el trono de Dios como el incienso a su presencia.

            El momento del lavado de las manos del presidente expresan el deseo de purificación interior y de limpieza espiritual, recitando la oración secreta respectiva (Lava del todo mi delito Señor, limpia mi pecado). 

            Después de preparar los dones, el sacerdote invita a los pueblos a orar: “Orad hermanos para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable en su presencia…”.   Después se hace la oración sobre las ofrendas.

1.3.2    La Plegaria Eucarística: 

            Con ella se da el centro y el cúlmen de toda la Celebración Eucarística.  La Plegaria Eucarística es una oración de acción de gracias y de consagración.  El sentido de esta oración es que toda la congregación de los fieles se unan con Cristo en el reconocimiento de las grandezas de Dios y en la ofrenda de su sacrificio. 

Los principales elementos de los cuales consta la Plegaría Eucarística son: 

Ø      Acción de gracias: Esta se expresa sobre todo con el Prefacio.

Ø      Aclamación: Con ella toda la Asamblea se une a la Jerarquía de la Iglesia.  Se canta el Santo.

Ø      Epíclesis: Invocación al Espíritu Santo para que él descienda sobre los dones y sobre la comunidad, junto con las palabras consecratorias y la imposición de manos.

Ø      La narración de la Institución Eucarística o las palabras de la consagración, con las palabras y gestos de Cristo, que el mismo Cristo hizo en la institución de la Eucaristía en la Última Cena.

Ø      Anámnesis: En ella se realiza el memorial del mismo Cristo (Actualización del Misterio).

Ø      La Oblación: La Iglesia ofrece la víctima inmaculada y santa, y con los fieles, se ofrece a sí mismo: “Te pedimos Padre que…”  y a la vez los fieles ofrecen sus vidas.

Ø      Las intercesiones: Con ella  se da a extender que la Eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia (celeste, peregrina y purgante).  La oblación se hace por todos sus miembros vivos y difuntos (miembros que han sido llamados a participar de la salvación y la redención).

Ø      La Doxología: En ella se expresa la glorificación de Dios, y se concluye y confirma con la aclamación del pueblo. 

La plegaría eucarística exige que todos la escuchen con reverencia y en silencio, y que tomen parte en ella, por medio de las aclamaciones previstas en el mismo rito. 

1.3.3    Rito de la Comunión: 

Ya que la celebración eucarística es un convite pascual, conviene que, según el encargo del Señor, su Cuerpo y su Sangre, sean recibidos por los fieles, debidamente dispuestos, como alimento espiritual.  A esto tiende la fracción y los demás ritos preparatorios, con los que se va llamando a los fieles hasta el momento de la comunión: 

1.3.4    La Oración Dominical (Padre Nuestro):     

En ella se pide el pan de cada día, con lo que también se alude, para los cristianos, al pan eucarístico y se implora la purificación de los pecados, de modo que, en realidad “las cosas santas se dan a los santos”.  El sacerdote invita a orar, y los fieles dicen con el sacerdote la oración.  El presidente solo añade el embolismo (es la glosa que se añade al final de la oración: “Líbranos Señor de todos los males... “ y el pueblo concluye diciendo: “porque tuyo es el reino, el poder y la gloría, por siempre Señor”).  Ésta se puede hacer recitada o cantada. 

1.3.5.   Rito de la paz:            

Con el que los fieles imploran la paz y la unidad para la Iglesia y para toda la familia humana, y se expresan mutuamente la caridad, antes de participar de un mismo pan. 

1.3.6.   La fracción del pan:   

El gesto de la fracción del pan, realizado por Cristo en la última cena, en los tiempos apostólicos, fue el que sirvió para denominar a la íntegra acción eucarística.  Este rito no sólo tiene una finalidad práctica, sino que significa además que nosotros, -que somos muchos-, en la comunión de un solo pan de vida, que en Cristo, -nos hacemos un solo cuerpo-. 

1.3.7.   La conmixtión o inmixtión:  

Llamada también mezcla.  El celebrante deja caer una parte del pan consagrado en el cáliz.  Este gesto aparece en varias liturgias y su significado no es muy claro; parece ser el simbolismo de un Cristo que se nos da en plenitud en la comunión eucarística. 

1.3.8    Cordero de Dios:                   

Mientras se hace la fracción del pan y la conmixtión, los cantores o un cantor, canta el cordero de Dios, como de costumbre, con la respuesta del pueblo (Dos veces: Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros); o por lo menos lo dicen en voz alta.  La última vez se dirá: “Danos la paz”.

1.3.9        Preparación del sacerdote (privada):          

El sacerdote se prepara con una oración en secreto para recibir con fruto el cuerpo y la sangre del Señor; los fieles se unen orando en silencio.  El sacerdote recita la siguiente oración secreta: 

“Señor Jesucristo,

la comunión de tu Cuerpo y de tu sangre

no sea para mí un motivo de juicio y de condenación,

sino que por tu piedad,

me aproveche para defensa de alma y cuerpo

y como remedio saludable”. 

1.3.10   Invitación al banquete de Cristo:    

Luego el sacerdote muestra a los fieles el pan eucarístico que recibirán en la comunión, y los invita al banquete de Cristo, del cual participarán los que estén con las debidas disposiciones. 

1.3.11  La comunión del pan consagrado en la Misa:       

Es de desear que los fieles participen del cuerpo del Señor con el pan consagrado en la misma Misa y, en los casos previstos, participen también del cáliz, de modo que aparezca mejor, por los signos exteriores, que la comunión es una participación en el sacrificio mismo que se celebra. 

1.3.12    Canto de comunión:             

Este canto debe expresar, por la unión de voces, la unión espiritual de quienes comulgan, demostrar al mismo tiempo la alegría del corazón y hacer más fraternal la procesión de los que van avanzando para recibir el cuerpo de Cristo.   

El canto se comienza cuando comulga el sacerdote y se prolonga mientras comulgan los fieles hasta el momento en que parezca oportuno.  También se puede emplear la antífona del misal romano, o algún otro canto adecuado, aprobado por la Conferencia episcopal. 

1.3.13.  Oración en recogimiento:   

Cuando se ha terminado de distribuir la comunión, el sacerdote y los fieles, si se juzga oportuno, pueden orar un rato recogidos.  Su se prefiere, también puede cantar toda la asamblea, un himno, un algún otro cántico inspirado o de alabanza. 

1.3.14.  Oración después de la comunión:             

En la oración después de la comunión, el sacerdote ruega para que se obtengan los frutos del misterio celebrado.  El pueblo hace suya esta oración con la aclamación “Amén”. 

1.4            RITO DE CONCLUSIÓN:        

El rito de conclusión consta de: 

1.                  Saludo y bendición sacerdotal, que en algunos días y en ocasiones, se enriquece y se amplía con la oración sobre el pueblo o con otra fórmula más solemne. 

2.                  Despedida, con la que se disuelve la asamblea, para que cada uno, vuelva a sus honestos quehaceres, alabando y bendiciendo al Señor.

 


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