1. TEOLOGIA DEL AÑO LITÚRGICO:
Una teología de la liturgia, exige unos criterios básicos para ordenar la
acción de fe, estructurada, que como inteligencia produce en el ser humano,
signos concretos para vivenciar la liturgia. Por ello, todo el año va
marcado con una profunda teología.
La liturgia es la forma objetiva del culto de la Iglesia.
Ella "es la unión de la comunidad creyente como tal, es algo que sobrepasa y
desborda la simple adición numérica de los individuos; en una palabra, es la
Iglesia; es ejercida y dirigida por ministros escogidos por ella con este
fin, que son los sacerdotes." La liturgia, o el culto (por ejemplo, la misa,
el Oficio divino), es cosa distinta de las "devociones populares" (por
ejemplo, el Vía crucis o la recitación del rosario), porque lo primero es
una actividad comunitaria, mientras que lo segundo es algo privado, por más
que sea hecho en común. Además, a diferencia de las devociones populares, la
liturgia tiene "leyes", o principios permanentes, que aseguran su
universalidad y su carácter objetivo (p. 124).
Entre ellas están las siguientes. Primera: el culto
auténtico brota de una vida emocional sana. Segunda: se apoya en la razón,
en la medida en que busca comunicar la verdad sobre Dios y sobre la
existencia personal. Tercera: expresa las emociones humanas, si bien en una
forma contenida (p. 129). Cuarta: la auténtica liturgia exige la
participación activa de la asamblea. Quinta: está radicada en el mundo
natural y en la cultura (p. 137). Estos cinco principios básicos aseguran
que la liturgia sea en verdad "la oración de la Iglesia, en sentido total y
completo de la palabra, colectiva y objetiva" (pp. 122-123). (Guardini. Vom
Geist der Liturgie (1918). Estas leyes son principios existenciales, que
deben ser punto clave para una oración continuada y madura, ya que, por ser
ley, no surge en el ámbito cristiano como imperativo, sino que el camino a
recorrer, es la pasión por Dios, la atracción filial y este encuentro
produce efectos que se asumen en pos de la consecución del ultimo fin, de la
felicidad plena.
La liturgia es la fiesta de la fe como lo expresa Joseph Ratzinger. Por
tanto, en la liturgia festiva se actualiza constantemente el hecho salvífico
pasado, convirtiendo la celebración en actual liberación del nuevo pueblo
reunido o, lo que es igual, encuentro salvífico de Dios con su pueblo,
garantía de futuras actuaciones salvíficas de Dios.
Afirma Guardini: "cuando se experimenta un gran amor, todo se vuelve un
acontecimiento en su ámbito". Con estas palabras, se refería a la naturaleza
de la experiencia cristiana: el cristianismo es un hecho, un acontecimiento
que impacta a cualquier hombre y mujer. Su impacto genera un atractivo, un
atractivo que mueve la vida.
Reflexionando sobre el principio de la participación activa de la asamblea,
observa que la misa no es una reunión de creyentes individuales, cada uno de
los cuales se dirige a Dios en privado. Más bien, la eucaristía es la acción
comunitaria que manifiesta concretamente el culto de la Iglesia entera en
unión con Cristo. La liturgia expresa a la Iglesia como cuerpo de Cristo. En
palabras de Guardini: "La Iglesia es un organismo perfecto y cerrado en sí
mismo, se nos ofrece como reunión fuertemente matizada de manifestaciones
vitales de infinita variedad, de medios y de fines, de actividades y de
acciones, de instituciones y de leyes" (p. 142).
La teología del tiempo se inserta en la misma eclesiología, en los ritmos, a
impulso del Espíritu en el desarrollo de la liturgia durante todo el año.