Es importante vislumbrar el carácter de
solemnidad como lo máximo en la celebración de la liturgia. Por tal
motivo vamos a mirar las que pertenecen al tiempo ordinario.
9.2.1.
Solemnidad de la Santísima Trinidad:
Esta fiesta entró lentamente en el Calendario
Romano. La devoción y culto a la Santísima Trinidad se desarrolló
en los Monasterios Benedictinos en los siglos IX al XI. Luego
Benito de Aniani y Alcuino, ambos benedictinos, organizan un esquema
o estructura de una Misa votiva con la fiesta de la Santísima
Trinidad, entrando en el calendario romano en el año de 1331.
Si bien desde el comienzo del cristianismo la
oración litúrgica se ha dirigido al Padre, por mediación del Hijo y
en el Espíritu Santo, y el mismo Jesús habló de Dios como una
comunión de amor y manifestó el misterio de las tres divinas
personas, lo original de esta de esta fiesta es honrar
específicamente a Dios sin tener como motivo un acontecimiento
salvífico, ni la memoria de un santo. Tal como dice la oración
colecta, se trata de “profesar la fe verdadera, conocer la gloria
de la eterna Trinidad y adorar su unidad todopoderosa”.
Esta fiesta quiere destacar la alabanza y acción
de gracias a Dios por las maravillas que él hace con los hombres.
Se da en ella la confesión del Misterio de la unidad de un solo Dios
en la Trinidad de personas: El Padre que crea, el Hijo que
redime y el Espíritu Santo que santifica y da la
comunión.
Ø
Lecturas:
A lo largo de los tres ciclos de lecturas, las
primeras (del A.T.) nos hablan de la revelación del Dios único a
Israel; los evangelios proclaman las palabras de Jesús en las que se
refiere al Padre, se manifiesta a sí mismo como el Hijo igual a él y
anuncia el envío del Espíritu Santo.
Por último, las lecturas apostólicas
recogen la experiencia profunda de la filiación divina adoptiva, por
la que los cristianos pueden conocer el amor del Padre, la gracia
que manifiesta y comunica el Dios y hombre Jesucristo, y la comunión
del Espíritu Santo, vinculo de unidad en la intimidad de Dios y en
la comunidad eclesial.
Ø
Prefacio:
Esta Solemnidad tiene Prefacio propio (Un solo
Dios, un solo Señor). Este Prefacio va a destacar que el único
Hijo Jesucristo realiza su acción unido al Padre y al Hijo, en el
Espíritu santo (Síntesis de la teología trinitaria).
La antigua Iglesia hispánica, en los Siglos V al
VII, enseñó magníficamente la fe trinitaria, sobre todo en los
concilios de Toledo, y de su liturgia procede el Prefacio propio de
esta solemnidad. Es consolador saber que nuestro Dios es “uno
solo, pero no solitario” (Concilio VI de Toledo, año 638), amor
puro que sólo busca darse de forma creadora y llevarnos a participar
en su unidad vital eterna,
“Que con tu Único Hijo y el Espíritu Santo
eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola Persona, sino tres
Personas en una sola naturaleza... Adoramos tres Personas
distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad...”
(Prefacio propio de la Santísima Trinidad).
Actualmente esta fiesta se celebra en la última
semana de Mayo o en la primera de Junio, pero siempre corresponde al
VII Domingo del Tiempo Ordinario; Domingo después de Pentecostés.