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EL LLAMADO A LA SANTIDAD

 

Taller de lectura grupal 

“La razón más profunda de la dignidad humana está en la vocación del hombre a la comunión con Dios.  Ya desde su nacimiento es invitado el hombre al diálogo con Dios: pues, si existe, es porque, habiéndole creado Dios por amor, por amor le conserva siempre; y no vivirá plenamente conforme a la verdad, sino reconoce libremente este amor y si no se entrega a su Creador”  (GS. No. 19). 

El hombre es llamado por Dios a la existencia, recibe la gracia de participar de la vida cristiana, y está invitado a caminar constantemente por senderos de perfección, porque la vocación universal del hombre es a la Santidad, así como lo afirma San Pedro: “como el que os ha llamado es Santo, así también vosotros sed santos en toda vuestra conducta, como dice la Escritura: seréis santos porque Santo soy Yo” (1P 1, 15-16).   Al ser creado por Dios, el hombre es trascendente, y camina invitado por Dios, constantemente a su encuentro, lo cual le hace sentir deseo vehemente de plenitud, así lo expresa San Agustín: “Mientras voy de camino siempre tendré sed, y solamente calmaré esa sed cuando llegue a la fuente, y esa fuente es Dios”. 

Como miembros de una comunidad que goza de privilegios divinos, tenemos la obligación de dar gracias continuamente a Dios, como lo hace San Pablo: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido… en Cristo; por cuanto nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor” (Ef 1, 3-4), y por lo tanto, trabajar con seriedad en la tarea y misión  que El nos ha encomendado, ya que este será el medio eficaz para realizarnos como personas.  

Ser conscientes del llamado divino a una misión específica en la Iglesia, tiene que ser para nosotros un compromiso que trae consigo mucha envergadura, pero que no debe producir miedo, porque debemos saber que, la vocación, como acto de amor divino, dirigido al individuo y en una circunstancia particular, no se agota en modo alguno en sí misma, como si dejara al que es llamado a merced de sí mismo, en una dimensión de exterioridad.  San Pedro nos invita a esforzarnos más y más por asegurar nuestra vocación y elección (cfr 2P 1, 10), pero a la vez, San Pablo, resalta la continua presencia activa de salvación de Dios en nuestra vocación: “el que os ha llamado es leal y cumplirá su palabra” (1Ts 5, 24) y “los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables” (Rm 11, 29). Esta vocación y elección  puede ser referida ala santidad o al estilo de vida que se suscita en la Iglesia para el servicio de Dios eficaz… 

Ser santo…. ¡Qué gran reto!..  No todos tienen esa visión y el concepto propio de ser santos, pareciese ser que la palabra ya no es llamativa y ya no nos dijese nada… pensamos si ser santo es ser rezandero, mejor no lo somos…. Ya no hace gran eco en nuestros corazones por que no hay razones para serlo piensan algunos… se da la paradoja los que se manejan mal viven como reyes… piensa uno… y los que se manejan bien en su vida pasan calamidades… aquí no se da nada de eso… lo que no se puede examinar es la profundidad del ser, que gran vacío se tiene…. 

 Es santo quien posee el espíritu santo, el es que nos hace santos…. El santo es el lugar del Espíritu y el Espíritu es el lugar del santo.  

La santidad es el adorno de nuestra casa… se huele la santidad en una persona por la calidad de vida, por las sanas relaciones y por la transparencia del alma, basta solo para el hombre nacido del  Espíritu discernir cuando hay una inquietud por lograr este bien supremo, pero también de reconocer quiénes andan divagando para alcanzar la plenitud. Es la sintonía constante por perfeccionar el ser. Que bueno que reconozcan que queremos ser santos, que iniciamos un camino que es bastante largo, pero nos colocamos en marcha para emprenderlo, y es el camino de la santidad. 

¿Te pareces a Dios?... yo soy el que soy, yo seré vuestro Dios y ustedes serán    mi   pueblo…  Dios es santo, que bien se siente estar con él… te pareces a él, en cuanto que él nos invita  a seguirle, a servirle, a amarle…. Hay mas desemejanza que semejanza en muchas ocasiones, nos parecemos más a  la calidad de vida que el mundo  propone que a los valores divinos.  

 

B I B L I O G R A F Í A : 

Ø             CONCILIO VATICANO II, S.C. 102-111.

Ø             El año litúrgico, Jesús Castellano.  Memorial de Cristo y mistagogía de la Iglesia.

Ø             Enchiridium (litúrgico), Calendario Litúrgico,  Pág. 1128.

Ø             Iniciación a la liturgia de la Iglesia, José Abad Ibáñez.

Ø             La Iglesia en oración, Martimort.

Ø             La liturgia de la Iglesia, Julián López Martín.

Ø             Misal Romano, Introducción al año litúrgico.

Ø             Nuevo Misal del Vaticano II, 6° Edición, Editorial Desclée de Brouwer, 1.998.

Ø             Curso de liturgia SEMINARIO MISIONERO DEL ESPÍRITU SANTO. Diócesis de Sonsón Rionegro Antioquia Colombia.. Pbro Jhon Euclides López.

Ø             Aportes del Presbítero Iván Rodrigo Cardona Ríos. SES (Siervo del espíritu Santo)

 

 


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