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liturgia: El culto a los santos

 

12.2 El culto a los santos en la Liturgia actual: 

Al tratar sobre el culto a los santos, la Constitución litúrgica del Vaticano II se fijó sobre todo en tres aspectos: El hecho, su legitimidad y sus límites. 

Ø      El hecho: En cuanto al hecho, se limitó a recoger la praxis eclesial afirmando que la Iglesia introdujo en el círculo del Año el recuerdo de los mártires y los santos... y que de acuerdo con la Tradición de la Iglesia rinde culto a los santos y venera sus imágenes y sus reliquias[1].

 

Ø      Legitimidad: La legitimidad de esta praxis se fundamentó en el hecho de que la Iglesia al celebrar el tránsito de los santos de este mundo al cielo, proclama el misterio pascual cumplido en ellos que sufrieron y fueron glorificados con Cristo.
 

La Iglesia propone a sus fieles imitar sus ejemplos, los cuales atraen a todos los hombres al Padre por Cristo, en el Espíritu Santo, y por los méritos de los mismos, implora los beneficios divinos, gracias, auxilios y ayudas del cielo (Cfr. S.C. 104).
 

Ø      Sus límites: Respecto a los límites, el Concilio Vaticano II señaló este decisivo criterio:  “Para que las fiestas de los santos no prevalezcan sobre los misterios de la Salvación, déjese la celebración de muchos de ellos a las Iglesias particulares, naciones o a familias religiosas, extendiéndose a  toda la Iglesia, sólo aquellos que recuerda a santos de importancia universal” (S.C. 111).
 

En Colombia, por ejemplo, tenemos la celebración de santos de carácter particular como San Luis Beltrán, San Ezequiel Moreno, San Pedro Claver, entre otros. 

            Esta doctrina ha sido recogida en el nuevo Calendario Romano, el cual, de una parte ratifica y aprueba el culto a los santos, y de otro parte, sitúa este culto en el lugar que le corresponde dentro del Misterio Pascual de Cristo, de modo que ni oscurezca ni impida la celebración de los misterios de nuestra salvación. 

El nuevo Calendario se ha confeccionado según estos cinco principios: 

1°. Disminución del número de los santos de devoción.

2°. Examen crítico de los santos contenidos en el Calendario de 1.960.

3°. Selección de los santos de mayor importancia.

4°. Revisión del día más apto para su celebración.

5°. Universalidad respecto a pueblos y tiempos. 

 

  Por otra parte, el nuevo Calendario preveé cuatro grados de celebración en las fiestas de los santos: 

1°. Solemnidades: 10 fijas y 4 móviles.

2°. Fiestas: 23 fiestas fijas y 2 móviles.

3°. Memorias obligatorias: 63 memorias.

4°. Memorias libres: 95 (en la Iglesia Universal) y las propias de cada país, familia religiosa o Iglesia particular. 

            Las solemnidades, fiestas y memorias obligatorias constituyen el catálogo de días que recuerdan a santos de memoria universal.  Las solemnidades y fiestas tienen formularios propios y en caso de que no lo tuviera, el Misal indica al común.  En las memorias, la oración colecta se dice del santo, y los demás textos pueden tomarse libremente del santo o de la feria correspondiente. 

            Para sintonizar con la mente de la Iglesia y adoptar una actitud litúrgico-pastoral adecuada, es preciso recordar que los santos son quienes mejor manifiestan que el hombre ha sido creado por Dios a su imagen y semejanza; pues ningún otro proclama con gran nitidez el amor que Dios ha derramado para crear y recrear su imagen, es decir, los santos son hombres y mujeres que pregonaron la gloria de Dios en este mundo. 

            Además la gran diversidad de santos, en cuanto edad, situación de vida, estado civil, social, particularidades propias de época y lugar, su modo de vivir el Evangelio, hace de ellos un modelo perfecto para la vivencia de los carismas personales y la diversidad de opciones en el servicio de Cristo. 

            Ellos por ser miembros de la Iglesia celeste, triunfante, están en permanente comunión con la Iglesia peregrina.  Aunque hayan traspasado los límites del tiempo y el espacio, la muerte no ha destruido su personalidad, al contrario, la plena configuración con Cristo y la posesión de la verdad y del bien la ha plenificado y perfeccionado.  Por eso, no son hombres y mujeres extraños, alejados y despreocupados de quienes recorren los caminos del éxodo terrestre, 

            En síntesis, los santos son ejemplos inseparables de la fuerza de la salvación obrada por el Misterio Pascual de Cristo, son modelos perfectos de esa unión con Cristo.


 

[1] Concilio Vaticano II, Constitución litúrgica Sacrosanctum Concilium No. 104 y 111.

 


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