“La Iglesia introdujo en el círculo anual el
recuerdo de los mártires y de los demás santos que... cantan la
perfecta alabanza a Dios en el cielo e interceden por nosotros.
Porque al celebrar el tránsito de los Santos de este mundo al cielo,
la Iglesia proclama el misterio pascual cumplido en ellos, que
sufrieron y fueron glorificados con Cristo, propone a los fieles sus
ejemplos, los cuales atraen a todos por Cristo al Padre, y por los
méritos de los mismos implora los beneficios divinos” (SC 103-104).
Los santos son realizaciones concretas y
personales del Misterio Pascual. Es lógico que la Iglesia haya
venerado a estos miembros eminentes de su cuerpo.
Las celebraciones de los Santos se dividen en
cuatro categorías: Solemnidad, fiesta, memoria y memoria libre. En
las Solemnidad y fiestas, se usa el formulario propio de la misa
(lecturas y oraciones), tal como viene indicado en el Misal y en el
Leccionario. En las memorias (aparece la palabra memoria
bajo el nombre del Santo), se usan las oraciones tal como viene
indicado en el Misal (colecta propia o del común; la oración sobre
las ofrendas y la postcomunión, si no son propias, pueden tomarse
del común o de la feria). Normalmente se usará el leccionario
ferial, a no ser que la memoria tenga lecturas propias, es decir,
que la lectura bíblica trate de la persona concreta del Santo o haga
alusión a él. Hay también algunas lecturas apropiadas a un
particular aspecto del Santo, que pueden usarse por razones
pastorales.
En las memorias libres (no aparece la palabra
memoria bajo el nombre del Santo) se puede omitir totalmente la
celebración del Santo, o usar los elementos que proponen el Misal y
el Leccionario.
Así, la celebración de las fiestas de los Santos
no oscurecerá la celebración fundamental de la Iglesia a través del
Año litúrgico: el Misterio Pascual de Cristo; sino todo lo
contrario, las celebraciones de los Santos nos conducirán a una
celebración más plena del Misterio de Cristo.