LECTURA DE REFLEXIÓN
Pbro. Héctor
Ayala León
"La Iglesia siempre ha mirado a María como la esposa predilecta del
Espíritu Santo y ha admirado la obra singular efectuada por el
Paráclito en la persona de Nuestra Señora.
Ella fue la virgen fiel que entregó al Señor su cuerpo y su
espíritu, para que el plan Divino se cumpliese a cabalidad en su
persona. El Espíritu Santo la colmó de Santidad desde el comienzo de
su existencia, "La cubrió con su sombra para que naciese de ella el
Santo de Dios", la condujo a lo largo de su vida, se le comunicó en
una nueva y singular plenitud en Pentecostés y la asoció a la
economía de la redención y a la tarea santificadora de la
Iglesia."(Monseñor Alfonso Uribe Jaramillo. Conozca la Renovación
Carismática)
María está presente, de tal modo en los tres momentos constitutivos
del misterio Cristiano y de la Iglesia: Encarnación, Misterio
Pascual y Pentecostés.
Encarnación: concibiendo y dando a luz a Cristo.
Misterio Pascual: Permaneciendo con fe y esperanza al pie de la
cruz, Madre de la Iglesia.
Pentecostés: María inaugura en la Iglesia esa segunda alma y
vocación que es el alma escondida y orante, junto al alma
apostólica o activa; María prototipo de la Iglesia orante.
MARÍA EN LA ENCARNACIÓN
"Bienaventurada la que ha creído que se cumplirán las cosas que le
fueron dichas por parte del Señor" (Lc. 1,45). Esto para decir con
los Padres de la Iglesia: "Habiendo concebido a Cristo antes en su
corazón que en su seno" (San Agustín); "Aquí estoy, soy una tablilla
encerada, escriba el Escritor lo que quiera, haga de mí aquello que
el Señor quiere" (Orígenes)
El Fiat de María es pleno y sin condiciones, es un sí de una
criatura que por la gracia de Dios, comparamos al sí de la
divinidad; Al sí de Dios en la creación, al sí de Jesús en la
redención. El sí de María ha sido el sí de toda la humanidad, como
lo diría Karl Ranher "La palabra de María fue la palabra de toda la
Humanidad". Por otra parte San Ireneo nos dirá: "Lo que ató la
virgen Eva por la incredulidad, lo desató la virgen María por la
Fe".
El Concilio Vaticano II, en la Lumen Gentium ·58 nos dice: Que María
ha peregrinado en la fe, ha progresado la fe, se ha personificado en
ella la fe". Como lo dice el CEC · 494 "María respondió por
obediencia la fe", y también San Ireneo: "Por su obediencia fue
causa de la salvación propia y de la del todo el género humano".
MARIA EN EL MISTERIO PASCUAL
L.G. ·58 dice: "María calla consintiendo amorosamente en la
inmolación de la víctima que ella misma había engendrado. Celebra
con él su pascua".
"Junto a la cruz estaban su Madre y la hermana de su madre, María de
Cleofás y María Magdalena. Jesús viendo a su Madre y junto a ella el
discípulo a quien amaba dice a su Madre: "Mujer ahí tienes a tu
hijo" luego dice al discípulo "Ahí tienes a tu Madre" y desde
aquella hora el discípulo la acogió en su casa".
Se resalta de María aquí, la manifestación de las tres virtudes
cardinales en acto heroico, la esperanza porque esperó contra toda
desesperanza (La Resurrección), la fe porque ella creyó contra todas
las adversidades del momento, dejó que el plan de Dios se realizara
(Jesús Hijo de Dios) y la caridad, porque entregó al salvador del
mundo, al Santo, al eterno y recibió al mundo, al hombre, a la
humanidad.
MADRE DE CRISTO Y MADRE NUESTRA
San Agustín nos ayuda a captar enseguida la semejanza y la
diferencia entre las dos maternidades de María. El escribe: "María
corporalmente es Madre únicamente de Cristo; mientras que,
espiritualmente, en cuanto que, realiza la voluntad de Dios, es su
hermana y su Madre. En el espíritu no es madre de nuestra cabeza,
que es el mismo salvador, del que más bien ella nace
espiritualmente; pero ciertamente es Madre de sus miembros, que
somos nosotros, porque cooperó con su caridad a los nacimientos de
los fieles en la Iglesia que son los miembros de aquella cabeza"
Es Pablo VI quien después del Concilio Vaticano II, desarrolló la
idea de María como Madre de los creyentes, atribuyéndole a ella,
explícita y solemnemente el título de Madre de La Iglesia.
(Cf. CEC ·963-970. L.G. ·53. 60-62)
EL verdadero discípulo de Jesús es aquél que lleva a María a su
casa, esto significa en sentido espiritual, tomar a María consigo
mismo: Tomarla como compañera y consejera, sabiendo que ella conoce
mejor que nosotros cuáles son los deseos de Dios respecto a cada uno
de nosotros, ella se convierte de verdad para nosotros en maestra
inigualable de los caminos de Dios, maestra que enseña
interiormente, sin el ruido de las palabras.
MARÍA EN PENTECOSTÉS
A Pentecostés y al don del Espíritu santo hay que prepararse con la
oración. "Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo
espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de
Jesús y de sus hermanos" (Hch 1,14).
La oración de María es unánime y perseverante, concorde o unánime,
es decir, con un solo corazón y con una sola alma. Ellos se
prepararon orando, no discutiendo sobre la naturaleza del Espíritu
Santo o de otras formas, solamente se hicieron dóciles para
recibirlo.
Lo último que dice las Sagradas Escrituras acerca de María es esto:
Que perseveraba en la oración, como si nos quisiera decir que su
vida se había convertido en una oración de alabanza, oración que
fortalecía la actividad misionera de los apóstoles.
REFLEXIÓN
¿Qué lugar ocupa María dentro de tu espiritualidad?
¿Cómo es tu veneración hacia la Madre de Dios?
COMPROMISO
Ser verdaderos devotos de la virgen María, es convertirnos como ella
en criaturas que engendran en su corazón a Jesucristo para darlo al
mundo. Es creer en la voluntad del Padre y hacerla en nosotros, es
dejarnos guiar por el Espíritu Santo, en otras palabras, es
descubrir que el ser Marianos en verdad es en ser Cristo para el
Mundo.
Pongamos fin a esta reflexión con las palabras de Puebla: " Esta es
la hora de María, tiempo de un nuevo Pentecostés que ella preside
con su oración, cuando bajo el influjo del Espíritu santo, inicia la
Iglesia un nuevo tramo en su peregrinar. Que María sea en este
camino "Estrella de la evangelización siempre renovada"