El concilio Vaticano II quiso una reforma general
de los libros litúrgicos, con la posibilidad de la traducción en las
lenguas vernáculas. Por eso el papa Pablo VI, ya el 21-1-1964,
creaba un Consilium para la recta ejecución de la constitución
li¬túrgica. El Consilium elaboró diversos documentos, entre los que
figuran: Inter oecumenici, de 1964; Musicam sacram, de 1967; Tres
abhinc annos, de 1967 (segunda instrucción); Eucharisticum mysterium,
de 1967, y Liturgicae instaurationes, de 1970 (tercera instrucción).
Con tales instrucciones se daba la posibilidad de introducir la
lengua vulgar en las diferentes partes de la celebración, por lo que
cada una de las conferencias episcopales toma disposiciones para
traducir el viejo Misal, prepara leccionarios ad experimentum, se
traduce parte del Ritual, etc. Entretanto, el Consilium trabajaba,
con grupos especiales de expertos, en la composición de los nuevos
libros. Así, de 1968 hasta hoy se han publicado en la edición típica
latina:
• CALENDARIUM ROMANUM (1969) (= CR).
• MISSAI.E ROMANUM. Bajo este encabezamiento
tenemos, en volúmenes Missale Romanum (1970; 1975) (= MR); Ordo
Lectionum Missae (1970; 19812) (= OLM); Lectionarium (3 vols.,
1970-1972); Ordo Cantus Missae (1973).
• OFFICIUM DIvINUM. Bajo este encabezamiento
tenemos, en volúmenes: Liturgia Horarum (por ahora en 4 vols.,
1971-1972; 198011) (= LH).
• PONTIFICALE ROMANUM. Bajo este encabezamiento
tenemos, en fascículos: De Ordinatione Diaconi, Presbyteri et
Episcopi (1968) (= ODPE); Ordo Consecrationis Virginum (1970) (= OCV);
Ordo Benedicendi Oleum catechumenorum el infirmorum el conficiendi
chrisma (1971) (= OBO); Ordo Benedictionis Abbatis el Abbatissae
(1971) (= OBAA); Ordo Confirmationis (1972) (= OC); De Institutione
Lectorum el Acolytorum... (1973) (=1LA); Ordo Dedicationis Ecclesiae
el Altaris (1978) (= ODEA); Caeremoniale Episcoporum (1984).
• RITUALE ROMANUM. Bajo este título tenemos, en
fascículos: Ordo Baptismi Parvulorum (1969) (= OBP); Ordo Celebrandi
Matrimonium (1969) (= OCM); Ordo Exsequiarum (1969) (= OE) Ordo
Professionis Religiosae (1970; 1975, pero ya no bajo el
encabezamiento Rituale Romanum) (= OPR), Ordo Unctionis Infirmorum
eorumque pastoralis curae (1972) (=0UI); Ordo Initiationis
Christianae Adul torum (1972) (= OICA); De Sacra Communione el dé
Cultu Mysterii Eucharistici extra Missam (1973); Ordo Paenitentiae
(1974) (= 0O); De Benedictionibus (1984) (= B). • A éstos hay que
añadir: Graduale simplex (19752); Ordo Coronandi Imaginem Beatae
Mariae Virginis (1981).
Presentamos brevemente los correspondientes
textos oficiales en versión española (el año entre paréntesis indica
la primera edición).
1. EL MISAL ROMANO (1971)
Comprende también la Ordenación General del Misal
Romano (= OGMR). Esta última es un texto muy denso, en el que se
presenta la teología de la misa, la articulación del rito, los
cometidos de cada uno de los ministros y de la asamblea, las normas
para una correcta celebración y las posibilidades de una sana
adaptación. Después de las Normas universales sobre el año litúrgico
y sobre el calendario (extractadas del Calendarium Romanum), sigue
el texto del Misal, dividido en propio del tiempo, propio de los
santos, comunes, misas rituales, misas y oraciones ad diversa, misas
votivas, misas de difuntos. El rito de la misa está colocado entre
el propio del tiempo y el propio de los santos, y a su vez se
distingue en rito para la celebración con el pueblo (misa normativa)
y rito para la celebración sin el pueblo. El MR ya no es un misal
plenario, porque ya no comprende las lecturas; pero no se le puede
llamar simplemente un sacramentario, porque incluye también las
antífonas de entrada y de comunión; en efecto, éstas debe decirlas
el mismo celebrante, en el caso en que no se haga un can¬to o no las
recite ningún otro. Respecto al Misal de Pío V, la parte eucológica
está muy incrementada, comprendiendo alrededor de ochenta prefacios
(contra los quince del precedente), cuatro plegarias eucarísticas (otras
se autorizarán a continuación). Ha sido repensado ex novo en su
totalidad.
2. EL LECCIONARIO (véase “El Leccionario de la Misa”)
3. LA LITURGIA DE LAS HORAS (1979) (= LH).
Se llama así la oración de alabanza de la iglesia,
que tiene por objeto extender a las diversas horas (canónicas) de la
jornada aquella glorificación de Dios que alcanza su cumbre en la
oración eucarística. Este nuevo nombre especifica el de oficio
divino (dado a la oración) y sustituye al de breviario (dado antes
al libro). La edición está dividida en cuatro volúmenes: I. Tiempo
de adviento y de navidad; II. Tiempo de cuaresma y de pascua; III.
Tiempo ordinario (semanas 1-17); IV. Tiempo ordinario (semanas
18¬34). En el primer volumen se encuentra la Ordenación General de
la Liturgia de las Horas (OGLH) que, a semejanza de la OGMR, ilustra
la teología, la espiritualidad, las diversas partes, los diversos
elementos y cometidos de los ministros de la Liturgia de las Horas.
Son dos las perspectivas nuevas (o renovadas) de este libro: 1) está
destinado no sólo a sacerdotes, diáconos y religiosos con votos
solemnes (que siguen teniendo la obligación de recitarlo), sino a
toda la comunidad cristiana (religiosas y laicos); 2) se recomienda
la celebración comunitaria, especialmente de las dos horas más
importantes (laudes y vísperas). Se espera todavía un quinto volumen
(himnos; cánticos de libre elección; oraciones sálmicas; textos para
las celebraciones de vigilia, etc.).
4. EL PONTIFICAL
Podemos ordenarlo así:
• Ritual de la Confirmación (1976) (= RC). Se
celebra normalmente durante la misa, o al menos después de una
liturgia de la palabra. La renovación de las promesas bautismales
pone de manifiesto su relación con el bautismo. El ministro es el
obispo (o el sacerdote que tiene licencia especial para ello), pero
pue¬den ayudarle otros sacerdotes en la crismación.
• Ritual de ordenación del diácono, del
presbítero y del obispo (1977) (= RO). Estos son los ministerios
ordenados. El conjunto de los ritos, aunque conserva los textos
esenciales de la tradición, resulta más ordenado, dando mayor
relieve a la imposición de manos y a la oración consagratoria, y
menos a los ritos suplementarios. La restauración de la
concelebración hace más sencillos los ritos de la ordenación del
obispo y de los presbíteros.
• Ritual para instituir acólitos y admitir
candidatos al diaconado y al presbiterado, y para la promesa de
observar el celibato (= RLA). Ritual de la consagración de vírgenes
(= RCV). Ritual de la bendición de un abad o una abadesa (= RBnA).
Se trata de tres ritos diversos. Los ministerios instituidos son los
del lector y del acólito (se han abolido los del ostiario y del
exorcista, como también el subdiaconado). Son dos las novedades a
este respecto: a) el ministro no es ya el obispo, sino el ordinario
(esto significa que en las órdenes y congregaciones religiosas puede
serlo el superior mayor); b) los candidatos son laicos (que
permanecen tales), los cuales pueden aspirar o no a las órdenes. La
consagración de vírgenes es un rito antiquísimo y venerable, por el
que una virgen (religiosa o no) consagra públicamente su virginidad
como signo deja iglesia virgen que sólo tiene a Cristo por esposo.
La bendición de un abad o de una abadesa se ha creado ex novo,
porque en el viejo Pontifical tenía más el aspecto de una ordenación
episcopal. Los nuevos textos expresan mejor la función del padre y
maestro de una comunidad monástica.
• Ritual de la bendición del óleo de los
catecúmenos y enfermos y de la consagración del crisma (= RBO).
Ritual de la dedicación de iglesias y de altares (= DCA) (1980). El
primer rito, que se ha de celebrar durante la misa crismal de jueves
santo (mañana) en las catedrales, donde el obispo concelebra con su
presbiterio, trae los textos tradicionales (con ligeras adaptaciones)
de la bendición de los óleos santos. Los otros dos ritos se han
renovado y simplificado sustancialmente, de suerte que forman con la
celebración de la eucaristía, que es cumbre del rito, una sola
acción ritual.
• Ceremonial de los Obispos ( = CO). Éste es uno
de los últimos libros promulgados por la reforma general que decretó
el Vaticano II (1984). Se trata de un volumen en parte muy
tradicional y en parte también bastante novedoso. Hay que reconocer
que el CO tiene unas características que lo distancian bastante de
los otros libros litúrgicos emanados de la reforma litúrgica del
siglo XX. Su principal característica frente a los demás libros
litúrgicos actuales es que no ofrece textos eucológicos;
aparentemente, por lo menos, se presenta sólo como un volumen de
simple normativa litúrgica, como su mismo título -Ceremonial- parece
ya sugerir. No obstante, leído a la luz de la historia y de la
teología litúrgica, el CO debe situarse en el ámbito sacramental con
tanta razón como puedan colocarse en este ámbito los demás libros
litúrgicos, pues si los demás libros ofrecen los textos bíblicos y
eucológicos de la liturgia, es decir, las palabras sacramentales,
éste presenta los gestos simbólicos de los misterios cristianos.
El CO es, pues, un libro que, en la misma línea
que la Institutio que encabeza el Misal de Pablo VI, aleja el
peligro de ver la celebración sólo como un conjunto de textos que se
van proclamando unos después de otros, acompañados únicamente de
gestos simplemente espontáneos del ministro. Uno de los principales
valores del CO es el hecho de que sitúa los gestos litúrgicos en su
realidad más teológica: la de acciones sacramental-comunitarias de
la iglesia, no simplemente del ministro ni de la comunidad concreta
que celebra la liturgia común de la iglesia.
El CO es un volumen tradicional en un doble
sentido: a) porque con la descripción de los gestos celebrativos
mayores conserva y transmite la tradición litúrgica de la iglesia, y
b) porque se sitúa en línea de continuidad con los Ordines romani de
la edad media. Pero a la vez que tradicional es también un libro
nuevo, porque en su mismo estilo lleva innegablemente la impronta de
los libros del Vaticano II: las referencias doctrinales que
justifican las normas son continuas y explícitas; con este estilo el
CO -a pesar del título de ceremonial que lo encabeza se aleja de lo
que podría ser una simple descripción de ceremonias, enlazando así,
por lo menos en cierta manera, con la visión que de la liturgia
tenían los padres (cf, por ejemplo, las explicaciones de la
Tradición apostólica de Hipólito sobre el significado de las
diversas imposiciones de manos en las ordenaciones, o las Catequesis
mistagógicas de Ambrosio, de Cirilo de Jerusalén, de Juan Crisóstomo
o Teodoro de Mopsuestia. Al ser uno de los últimos libros publicados
por la reforma litúrgica, al CO le ha sido fácil apoyar su normativa
en los libros litúrgicos publicados anteriormente. No obstante, hay
que decir también que en algunas pocas ocasiones presenta
interesantes variantes, introducidas o bien para unificar algunas
rúbricas que variaban de un Ordo o Ritual a otro o bien con vistas a
mejorar algunos ritos o incluso algunos usos introducidos y que no
siempre resultaban correctos.
El CO está dividido en ocho partes, precedidas de
un proemio y seguidas de un apéndice. El proemio presenta una breve
síntesis histórica de lo que han sido las diversas descripciones de
los ritos litúrgicos que se elaboraron a través de los siglos hasta
llegar al actual CO. Después de una breve alusión a los Ordines
romani -verdadera raíz primitiva del CO-, el texto se refiere a los
distintos Ceremoniales papales, que fueron como el puente que ha
enlazado los antiguos Ordines con el nuevo CO. En el cuerpo del
volumen la primera parte describe algunos principios teológicos de
la liturgia episcopal, presentada no a la manera de ceremonias
fastuosas, sino a la luz de la constitución conciliar Lumen gentium.
Un aspecto particularmente importante y delicado
de esta primera parte ha sido el de aunar aquella "noble sencillez"
de los ritos decretada por el Vaticano II (SC 34) con los necesarios
signos de respeto inspirados por la fe que ve en el obispo la imagen
o sacramento de Jesús, el Señor. La segunda parte trata de la
participación y presidencia del obispo y de sus ministros en la misa.
En esta parte es importante el cambio de perspectiva con que se
presenta la celebración de la misa presidida por el obispo, acción
culminante de la liturgia cristiana (SC41); de acuerdo con los otros
libros litúrgicos renovados que ya no dan nunca a los obispos el
título de pontífices, tampoco el CO habla nunca de misa pontifical,
sino de missa stationalis (término de versión ciertamente difícil,
pues si en latín cristiano statio significaba reunión plena de la
iglesia local, en las lenguas modernas es difícil encontrar un
término que exprese esta misma realidad).
La tercera parte describe la celebración solemne
del oficio divino y de la palabra cuando preside el obispo; la
cuarta parte describe las diversas celebraciones del año litúrgico:
en esta parte merecen destacarse tanto las breves catequesis que
introducen el sentido de cada una de las fiestas principales como la
insistencia con que se subraya la importancia del domingo, para el
que se pide que su celebración no quede recubierta con la
celebración de diversos días consagrados a distintas necesidades de
la comunidad cristiana (cf n. 223).
La quinta parte habla de la celebración de los
sacramentos, presidida por el obispo; en esta parte se separan
claramente los sacramentos de la celebración de los sacramentales, a
los que se consagra la sexta parte (así, la institución de acólitos
y lectores, por ejemplo, viene debidamente separada de las
ordenaciones de ministros). La séptima parte contempla las
celebraciones extraordinarias del obispo desde su nombramiento y
ordenación hasta su muerte, exequias y tiempo de sede vacante.
También se trata de los ritos del concilio plenario y provincial y
del sínodo diocesano. Finalmente, en el apéndice se sintetizan las
varias disposiciones posconciliares ya vigentes antes del CO sobre
las vestiduras de los prelados y se ofrece una tabla, esquematizando
las normas propias de las misas rituales, votivas y de difuntos. El
libro concluye con un extenso y pormenorizado índice de un centenar
de páginas que facilita encontrar cualquiera de los ritos contenidos
en el volumen.
5. EL RITUAL
Publicado también en fascículos, comprende:
• Ritual del bautismo de niños (1970) (= RB). Es
un rito sustancialmente nuevo, porque nunca habíamos tenido un rito
propio para el bautismo de niños que tuviese en cuenta su situación
real. Antes era un rito de bautismo para adultos adaptado a los
niños. Ahora se tiene en cuenta que se los bautiza en la fe de la
iglesia, y principalmente de los padres y de los padrinos. La
celebración, prevista para el domingo, se hace de forma comunitaria,
inserta en una celebración de la palabra (o también, aunque sólo
excepcional¬mente, durante la misa).
• Ritual de la iniciación cristiana de adultos
(1976) (= RICA). Es un rito que, descuidado en los siglos más
recientes, recobra toda la praxis catecumenal de la iglesia de los
siete/ocho primeros siglos. Después de la introducción general sobre
la iniciación cristiana, y la particular para la iniciación de
adultos, siguen cinco capítulos dispuestos así:
1. Rito del catecumenado, dispuesto por grados,
que son:
a) el tiempo del catecumenado y su comienzo;
b) tiempo de la elección y su comienzo;
c) celebración de los sacramentos de la
iniciación (bautismo, confirmación y primera eucaristía) y tiempo de
la mistagogia;
2. Rito más sencillo para la imitación de un
adulto;
3. Rito más breve para un adulto en peligró
próximo de muerte;
4. Indicaciones para la preparación de adultos ya
bautizados cuando niños a la confirmación y a la primera comunión;
5. Indicaciones para la iniciación de los niños
en edad catequística. Tras un sexto capítulo en que se prevén textos
alternativos, se tiene un apéndice para la admisión en la iglesia
católica de cristianos válidamente bautizados en otras confesiones.
Este rito de iniciación de adultos, previsto principalmente para las
tierras de misión, tiene indicaciones utilísimas también para
nuestras regiones, con vistas a una revalorización y una mejor
práctica de los sacramentos de la iniciación.
• Ritual de la penitencia (1975) (= RP). El rito
parte de una nueva concepción de este sacramento. Ya no se le llama
confesión, que era la parte por el todo, sino penitencia o
reconciliación. Por tanto, no se pone ya el acento en el momento de
la acusación, sino en la conversión. Se prevén tres formas de
celebración:
a) individual: es el modo que ha sido tradicional
en los últimos siglos, pero se ha modificado en el planteamiento (prevé
también una lectura bíblica, aunque breve) y en la fórmula;
b) comunitaria, con confesión y absolución
individual (es la forma preferible); c) comunitaria, con con¬fesión
y absolución general (para usarse en casos determinados, y con el
consentimiento del obispo).
• Rito de la sagrada comunión y del culto de la
eucaristía fuera de la misa (1974). El rito tiene en cuenta diversas
situaciones cambiadas:
a) la comunión fuera de la misa debe hacer
siempre referencia a la celebración de la misma;
b) debe insertarse en una celebración de la
palabra;
c) la eucaristía puede ser distribuida también
por ministros extraordinarios;
d) se regulan las exposiciones y la adoración de
la eucaristía, las procesiones y los congresos eucarísticos.
• Ritual del matrimonio (1970) (= RM). El rito,
si bien conserva la estructura precedente, presenta algunas
perspectivas renovadas: se celebra normalmente durante la misa (o,
al menos, durante una celebración de la palabra), da mayor relieve a
la bendición solemne de los esposos, prevé diversos formularios de
textos eucológicos, una riqueza de textos bíblicos y destaca más la
teología y la espiritualidad del sacramento. Ritual de la unción y
de la pastoral de enfermos (1974) (= R UE). Se ve el sacramento de
la unción en el contexto de la solicitud que la iglesia tiene por el
estado de debilidad de los enfermos. Ya no se llama extrema unción,
y se puede conferir en todas las enfermedades de cierta gravedad,
también a los ancianos. Ha cambiado la fórmula (más ceñida al texto
de la carta de Santiago); la materia es el aceite (ya no
necesariamente de oliva, sino de cualquier tipo vegetal), el cual, a
falta del bendecido por el obispo, puede bendecirse cada vez. Se
prevé la concelebración por varios sacerdotes, y la celebración
comunitaria para varios enfermos, también en la iglesia.
• Ritual de la profesión religiosa (1979) (= RPR).
Es un texto que sirve de base y de modelo para los rituales de cada
una de las familias religiosas. Prevé un rito para el comienzo del
noviciado, visto como tiempo de preparación y de opción, el rito de
la profesión temporal y el de la profesión perpetua, como también un
rito para la promesa que sustituye a los votos religiosos. Los ritos
de profesión o de promesa se hacen durante la misa. • Ritual de
exequias (1971) (= RE). El rito se presenta como una mina de
indicaciones, textos eucológicos, bíblicos y cantos para utilizar,
según los diferentes usos de las iglesias locales, en la casa del
difunto, en la procesión a la iglesia, en la misa exequial y en el
acompañamiento al cementerio. La perspectiva es claramente pascual:
el cristiano que muere realiza. su éxodo de este mundo con la
esperanza de la resurrección.
• Bendicional (= B). El B constituye de hecho una
de las partes del Ritual romano reformado según los decretos del
Vaticano II (SC 79); su edición típica latina fue promulgada en 1984
y la castellana, común a todos los países de habla hispana, aparece
en 1986. En el conjunto de las partes del actual Ritual, el B es el
capítulo más extenso, como lo era ya también en la última edición
del Ritual de Paulo V, aumentada y reordenada por mandato de Pío
XII. Hay que decir que, sin duda alguna, en su extensión influye
sobremanera el hecho de que el B es el libro litúrgico en el que la
piedad popular más se avecina a la celebración litúrgica. Conforme a
los votos del Vaticano II, frente a la anterior edición del Ritual
romano, el nuevo B ha sido profundamente reformado "teniendo en
cuenta la norma fundamental de la participación consciente, activa y
fácil de los fieles y atendiendo a las necesidades de nuestro tiempo"
(SC 79).
El B consta de cuarenta y un Ordines o ritos de
bendición; muchos de estos ritos de bendición aparecen además
desdoblados en rito habitual y rito breve o bien presentan diversas
posibilidades para ocasiones parcialmente distintas (por ejemplo, la
bendición de niños ofrece un formulario para los niños bautizados y
otro para los niños que se preparan al bautismo). La edición
castellana del B añade aún a estas cuarenta y un bendiciones algunas
otras o bien nuevas o en otros casos tradicionales en algún país de
América o en España; con ellas el número de bendiciones en esta
edición alcanza a cuarenta y ocho formularios. El conjunto de estas
bendiciones está precedido de una extensa introducción y va seguida
de tres índices alfabéticos -de bendiciones, de lecturas bíblicas y
de salmos responsoriales-, de los cuales, en vistas al uso del
volumen, es particularmente útil el primero (un índice de este tipo
aparecía ya en las ediciones del antiguo Ritual romano).
La Introducción, de carácter teológico, pastoral
y jurídico, expone sucesivamente la naturaleza y significado de la
bendición tanto en la historia de la salvación como en la vida de la
iglesia, los ministros de las mismas, su ordenamiento -desde lo que
es la estructura fundamental de toda bendición hasta los signos que
se emplean en las mismas y las maneras de unir las bendiciones con
las restantes celebraciones litúrgicas o entre sí- y, finalmente,
las posibilidades que tienen las conferencias episcopales en el
campo de las adap¬taciones o de las incorporaciones de nuevas
bendiciones. En el cuerpo mismo del libro, su primera parte presenta
las diversas bendiciones que se refieren a las personas (bendiciones
relativas a la vida familiar, bendiciones de los enfermos, de los
misioneros enviados a anunciar el evangelio, de las personas
destinadas a impartir la catequesis, de los peregrinos, de los que
van a emprender un viaje, etc.). En esta parte la edición castellana
añade las bendiciones de acólitos y lectores no instituidos. La
segunda parte trata de las bendiciones que atañen a los edificios no
sagrados y alas diversas actividades de los cristianos (bendiciones
de un nuevo edificio -que no sea una iglesia- de una escuela, de una
universidad, de un hospital); bendiciones de los medios de
transporte (automóviles, ferrocarriles, naves, aviones, etc.);
bendiciones de instrumentos técnicos (central eléctrica, acueducto,
etc.); bendiciones de los animales, de los campos, de los nuevos
frutos, de la mesa. En esta parte la edición castellana añade la
tradicional bendición de los términos de una población.
La tercera parte agrupa las bendiciones de las
cosas que se destinan, en la iglesia, al uso litúrgico o a las
prácticas de devoción (fuente bautismal, sede, ambón, sagrario, cruz,
imágenes del Señor, de la Virgen María o de los santos, etc.). En
esta parte la edición castellana añade las bendiciones de la corona
de advien¬to, del belén y del árbol de navidad. En la cuarta parte
se presentan las bendiciones que o bien sirven para fomentar la
piedad (bebidas y comestibles) o bien son objetos de devoción
privada (objetos de devoción, rosarios, escapularios, etc.). La
edición española añade en esta parte la bendición de los hábitos,
tradicional sobre todo en Perú. Finalmente, en la quinta parte se
contienen dos bendiciones de carácter más bien genérico: la
bendición de acción de gracias, que viene a suplir los antiguos y
poco apropiados Te Deum (poco apropiados porque el antiguo texto de
este precioso canto no tiene demasiado que ver con el uso al que a
veces se destinaba), y la bendición para diversas circunstancias,
que ofrece unos formularios en vistas a las bendiciones no previstas
explícitamente en el B (en cierta manera es la réplica de la antigua
bendición.