A partir del siglo VII aumenta la documentación
litúrgica. Tenemos libros litúrgicos propiamente tales en uso. Se
trata de libros puros, en el sentido de que contienen cada uno un
elemento de la celebración, y que por tanto sirven para cada
ministro. Así distinguimos:
1. EL SACRAMENTARIO:
Es el libro del celebrante, obispo o presbí¬tero,
y contiene las fórmulas eucológicas para la eucaristía y los
sacramentos. El primero es el así llamado Sacramentario gelasiano
antiguo. Se conserva únicamente en el cod. Vat. reg. lat. 316.
Transcrito hacia el 750 en Chelles, cerca de París, fue publicado en
1680 por G. Tomas. La última edición de Mohlberg tiene como título
Liber sacramentorum romanae ecclesiae ordinis anni circuli (RED 4,
Roma 1960). El título gelasiano es impropio. Se debe al hecho de que
se ha querido identificar este libro con las "Sacramentorum
prae¬fationes et orationes" que, según el Liber Pontificales (ed.
Duchesne, París 1925, 1, 225), Gelasio compuso "cauto sermone". El
sacramentario está dividido en tres libros: I. Propio del tiempo (de
la vigilia de navidad a pentecostés), más los textos para algunos
ritos, como las ordenaciones, el catecumenado y el bautismo, la
penitencia, la dedicación de la iglesia, la consagra¬ción de
vírgenes; II. Propio de los santos y el tiempo de adviento; III.
Domingos ordinarios, con el canon, y celebraciones varias.
Característica del gelasiano es la presencia de
dos o incluso tres oraciones antes de la oración sobre las ofrendas.
Se discute si la segunda hay que asimilarla a la super sindonem del
rito ambrosiano. Pero la discusión más amplia versa sobre el origen
del gelasiano. Es claro que hay en el códice influjos galicanos.
Pero si el núcleo es romano, ¿cómo explicar la presencia al mismo
tiempo en Roma de dos sacramentarios: gelasiano y gregoriano?. La
tesis más defendida, salvo detalles, es la de A. Chavasse, según el
cual el gregoriano era de uso exclusivo del papa, mientras que el
gelasiano era de uso de los títulos (iglesias) presbiterales.
El reg. 316 es de importancia fundamental para
los ritos del, catecumenado y del bautismo, distribuidos en el
ámbito de la cuaresma, con los tres escrutinios y las entregas de
los evangelios, del símbolo y del padrenuestro, como también para la
celebración del triduo sacro. Encontramos además en él los ritos de
la re¬conciliación de los penitentes y de la misa crismal, etc.
Aludíamos al sacramentario gregoriano. Deberíamos hablar más bien de
familia gregoriana, porque hay muchos manuscritos. En general,
derivarían de una fuente atribuida al papa Gregorio Magno (590¬604),
pero redactada bajo Honorio (625 - 638). En general, la estructura
gregoriana difiere de la gelasiana por tres aspectos: el gregoriano
no está dividido en libros, sino que el santoral está mezclado con
el del tiempo, e incluso a veces los domingos toman la denominación
de un santo celebrado precedentemente (los apóstoles Pedro y Pablo,
Lorenzo...); tiene sólo una oración antes de la oración sobre las
ofrendas; indica la estación, o sea; el lugar en que el papa
celebraba en un determinado día. Es, en general, un libro más
sencillo y menos rico que el gelasiano (muy reducido el número de
prefacios, no existen ya las bendiciones sobre el pueblo más que en
cuaresma). Los dos tipos principales del gregoriano son el Adriano y
el Paduense. El primero se llama así porque deriva de una copia del
auténtico gregoriano, que el papa Adriano I (772¬795) mando a
Carlomagno, que se la había pedido, y que éste conservó en Aquisgrán.
De estas copias más o menos directas quedan muchos manuscritos. El
mejor es el cod. 164 de Cambrai. Pero al ser incompleto el
gregoriano recibido de Roma (faltaban, entre otras cosas, los
formularios de los domingos después de pentecostés), fue necesario
proveer a un suplemento. Éste, que antes se atribuía a Alcuino,
parece ser, por el contrario, obra de Benito de Aniane.
Un manuscrito adrianeo sin suplemento es el de
Trento. Otro tipo de gregoriano es el de Padua (bibl. capitular D
47), redactado en Lieja hacia la mitad del siglo IX y luego llevado
a Verona, con adiciones de los siglos X y XI. No es del todo clara,
entre los estudiosos, la sucesión y la dependencia dedos dos tipos:
si viene antes la línea de Padua, como pensaba Mohlberg, o al
contrario, como piensa Chavasse. Una tercera serie de sacramentarios
está constituida por los que se llamaban Missalia regis Pipini, y
que hoy llamamos "gelasianos del siglo VIII". Parece tratarse de una
fusión de estructura gregoriana con textos gelasianos. Dichos
sacramentarios son muchos. Por probable orden de importancia:
Gellone, Angulema, san Galo, el llamado Triplex, Rheinau, Monza.
2. EL LECCIONARIO
Al principio se leían directamente de la Biblia
las lecturas para la celebración litúrgica, de modo más o menos
continuo. Cuando se comenzó a escoger fragmentos para determinados
días, éstos fueron marcados en el margen del texto sagrado. En un
segundo momento se hizo, primero como apéndice del libro y luego
como códice aparte, un elenco de perícopas distribuidas para varios
días. De ahí el término capitularia, porque hacían la lista de los
capitula con la indicación del comienzo y del fin de cada fragmento
(faltaba la actual división en capítulos y versículos). Encontramos
así leccionarios que contienen sólo los evangelios (llamados
capitularía evangeliorum), o sólo las lecturas no evangélicas (llamados
Comes, o Liber Comitis, o Liber commicus) o también ambos.
De los primeros se ha ocupado Th. Klauser, que ha
cotejado un millar de manuscritos, clasificándolos en cuatro tipos,
designados con las letras griegas, ІІ, Λ, Σ (romanos) y Δ (franco-romano).
En cuanto al tiempo, van del 645 al 750. Hay que emparentar el
primero con el sacramentario gregoriano, los demás con los
gelasianos del siglo VIII.
Los Comes más antiguos son el de Würzburgo, que
corresponde al gelasiano antiguo, y el de Alcuino, que hay que
relacionar con el gregoriano. Siguen, para los gelasianos del siglo
VIII, los de Murbach (que luego pasó al Misal) y de Corbie, como
principales.
3. EL ANTIFONARIO
Es el libro que contiene los cantos de la misa, y
está destinado al cantor, o al coro. Los más antiguos antifonarios,
que hay que emparentar con los gelasianos del siglo VIII, no tienen
todavía notación musical. Se trata de seis códices, publicados en
sinopsis por Hesbert, el primero de los cuales es sólo un
cantatorium o graduale, porque contiene sólo los cantos
interleccionales. Es el Cantatorio de Monza. Los demás no son
italianos: Rheinau, Mont-Blandin, Compiégne, Corbie, Senlis. Son
todos del siglo IX.
4. LOS ORDINES.
Para una celebración litúrgica no bastan los
diferentes libros que contienen los textos, sino que se necesita
conocer el modo de estructurar el desarrollo de la celebración misma.
Los libros mencionados sólo rara vez llevan rúbricas (así llamadas
por estar escritas en rojo = ruber). De éstas se encar¬gan libros
especiales, que se llamarán Ordo (plural, Ordines) u Ordinarium.
El origen de tales libros se debe sobre todo a la
necesidad del clero franco, que quiere saber cómo se desarrollan en
Roma las diversas celebraciones.
Después de las ediciones parciales de G.
Cassander (1558-1561) y M. Hittorp (1568), J. Mabillon-M. Germain
(1687-1689), E. Marténe (1700-1702), L. Duchesne (1889), finalmente
M. Andrieu publica la edición crítica de todos los Ordines romani
hasta ahora conocidos Contra los quince ordices de Mabillon, él
distingue cincuenta, divididos en diez secciones, y reducibles a dos
familias: A (romana pura) y B (romano¬franca). Entre ellos los más
importantes son el I, que trata de la misa papal en el siglo VIII;
el XI, que describe los ritos del catecumenado (aquí los escrutinios
se convierten sin más en siete y se trasladan a los días labora¬bles),
y el L, llamado también Ordo romanus antiquus, que será el núcleo
del Pontifical romano-germánico del siglo X.
Para la historia de la liturgia medieval no se
subrayará nunca bastante la importancia de tales ordines, junto con
las Consuetudines monasticae y los Capitularia (aquí en el sentido
de decisiones administrativo¬jurídicas, disciplinares de sínodos,
concilios particulares, etc.).