Por libro litúrgico, en sentido estricto,
entendemos un libro que sirve para una celebración litúrgica y está
escrito con vistas a ella. En sentido más amplio, es tal también el
libro que, aun no habiendo sido escrito con vistas a la celebración,
contiene, sin embargo, textos y ritos de una celebración, tanto si
han sido usados como si no. En el primer sentido, el libro es un
elemento de la celebración, y a él también se le respeta e incluso
se le venera; en el segundo sentido, el libro se convierte en fuente
para la historia de la liturgia, y en particular del rito o de los
elementos que contiene. Además de estas fuentes directas, existen
también aquellos escritos que nos informan sobre el hecho litúrgico
sin ser por ello libros litúrgicos, como textos de historia,
escritos de los padres, documentos del magisterio, etc. Por tanto,
los libros litúrgicos contienen los ritos y los textos escritos para
la celebración. Son un vehículo de la tradición, en cuanto que
expresan la fe de la iglesia, y generalmente son fruto del
pensamiento no de un solo autor, sino de una iglesia particular en
comunión con las demás iglesias. Pero son también fruto de una
cultura, determinada en cuanto al tiempo y al espacio geográfico. En
efecto, si bien la liturgia cristiana es sobre todo acción divina
que se realiza en el signo sacramental, los libros litúrgicos
contienen, sin embargo, las palabras y los gestos con que una
cultura ve y expresa esta acción divina. Pero esto se verá más
claramente haciendo la historia de los libros litúrgicos. Podemos
dividirla en cinco períodos.