Se trata de los tres primeros siglos cristianos.
En este tiempo no hay libros litúrgicos propiamente tales, excepto,
si así podemos llamarlo, el texto de la biblia. Para el resto, todo
se deja a la libre creatividad, salvo en los elementos esenciales.
Hallamos rastro de estos esque¬mas y de esta
libertad en textos no propiamente litúrgicos, como la Didajé, que
nos da indicaciones sobre el bautismo, sobre la eucaristía, sobre la
oración diaria y sobre el ayuno; como los escritos de Clemente de
Roma y la Apología de Justino. Hacia el 215 encontramos la Tradición
apostólica del presbítero romano Hipólito. En sentido amplio, éste
es el primer libro litúrgico, porque contiene sólo descripciones de
ritos litúrgicos con algunas fórmulas más importantes: consagración
de los obispos, de los presbíteros, de los diáconos y de los demás
ministros; esquema de plegaria eucarística, catecumenado y bautismo;
oraciones y normas para las vírgenes, las viudas; la oración de las
horas, los ayunos, bendición del óleo.
La importancia de este documento es múltiple: nos
da por primera vez fórmulas de plegaria eucarística, de ordenaciones,
del bautismo...; testimonia claramente que no es necesario que el
obispo "pronuncie literalmente las palabras citadas, como
esforzándose por recordarlas de memoria, sino que cada uno ore según
su capacidad. Si alguno es capaz de orar largamente y con solemnidad,
está bien. Pero si pronuncia una oración con mesura, no se le impida,
con tal que diga una oración de una sana ortodoxia" (c. 9).
El texto de Hipólito ha tenido una influencia muy
considerable en varios ambientes, como testimonian la traducción
copta, árabe, etiópica y latina.