5.5.
Estructura actual
de la Cuaresma:
Ø
La Cuaresma actual distingue las siguientes partes:
a. Miércoles de ceniza,
b. Domingos I, II, III, IV y V de Cuaresma.
c. Las ferias de semana.
d. Domingo VI (Domingo de Ramos).
e. Ferias de Semana Santa (Lunes, Martes, Miércoles y Jueves
Santos, con la Misa crismal en la mañana, inclusive).
5.5.1. Miércoles de Ceniza:
La imposición de la ceniza en un principio se daba como rito de
entrada a la penitencia canónica. El rito poco a poco se fue
haciendo extensivo, y a partir del Siglo XI obligatorio para
toda la comunidad cristiana. Se conservó como fecha tradicional
el miércoles anterior al Domingo I de Cuaresma. De este modo,
el miércoles se convirtió en un día de especial intensidad y
significado en la vida de la comunidad cristiana. Se vio
también que era el día más adecuado para inaugurar el gran ayuno
cuaresmal.
Con la recepción de la ceniza y la observancia de un ayuno
riguroso, se iniciaba el itinerario pascual que estaría motivado
por la conversión, la penitencia y la mortificación. En la
Renovación litúrgica del Vaticano II, el miércoles de ceniza
sigue conservando sus elementos tradicionales: la imposición de
la ceniza, el ayuno riguroso y el comienzo solemne de la
cuaresma.
Ø
El Rito de la imposición de la ceniza:
A diferencia del Misal anterior, la bendición e imposición
de la ceniza no se hace antes de la Misa sino después del
Evangelio y la Homilía; aunque en determinadas
circunstancias puede hacerse por una determinada celebración
de la palabra en la que se usan los mismos textos de la
liturgia de la palabra de la Misa y se termina con la
oración de los fieles. Como este Rito tiene un carácter
penitencial, se admite el Señor ten piedad y el acto
penitencial de la Misa. La ceniza hecha con ramos de olivo
u otros árboles, bendecidos el año precedente en el Domingo
de Ramos, siguiendo una costumbre muy antigua del S. XII.
Se bendice con una fórmula que se refiere a la situación
pecadora de quienes van a recibirlo, a la conversión y al
inicio de la cuaresma. A la vez que se pide la gracia
necesaria para que los cristianos siendo fieles a las
prácticas cuaresmales, se preparen dignamente a la
celebración del misterio pascual de Jesucristo.
El Rito es muy sencillo: El sacerdote impone la ceniza, y
para ello, utiliza dos fórmulas: 1º Acuérdate que polvo
eres y al polvo volverás (Gn. 3, 19) Y 2º Convertios
y creed en el Evangelio (Mc 1, 15). Ésta es de la nueva
creación y se inspira en la conversión interior.
Ø
El simbolismo es múltiple:
a. habla de la condición débil, caduca, que lleva cada
hombre que marcha hacía la inmortalidad y que tiene que
experimentar la mortalidad, lo cual, provoca en él
sentimientos de profunda reflexión, meditación y de
humildad, y da a la vida cristiana seriedad en los
pensamientos y compromisos.
b. Por la condición pecadora del hombre, se ve la necesidad
de una penitencia interior, necesidad de una conversión,
tristeza por el mal que está en el corazón de cada hombre,
actitud de liberación, de cuanto contradice la condición
bautismal y la decisión firme de emprender el camino que
conduce a participar de la muerte y Resurrección de Cristo.
c. La oración: Al estilo de Judit 9, 1. o Macabeos
10, 25 que muestra la súplica ardiente en el Señor para que
él venga a su auxilio.
d. La Resurrección: Dado que la ceniza de este día
recuerda no solo que el hombre es polvo sino también que
está destinado a participar del triunfo de Cristo. Esto se
da a través de la Renuncia, la cruz y la muerte; Dios
convierte esa ceniza como el trigo que cae en la tierra y
produce fruto abundante, muriendo con Cristo al pecado y
resucitando a una vida nueva.
e. La Pascua: Pues la ceniza del comienzo de la
Cuaresma se encontrará con el agua purificadora de la
Vigilia Pascual. Los que es signo de muerte y destrucción
(la ceniza, por ejemplo, que queda del Fuego Pascual) se
convierte en una señal o fuente de vida, en la Vigilia
pascual, gracias a las aguas regeneradoras del Bautismo.
Finalmente,
Las tres lecturas del Miércoles de ceniza expresan con claridad
el programa de conversión que Dios quiere de nosotros en la
Cuaresma: convertíos y creed el Evangelio; convertíos a mí de
todo corazón; misericordia, Señor, porque hemos pecado; dejaos
reconciliar con Dios; Dios es compasivo y misericordioso...
Cada uno de
nosotros, y la comunidad, y la sociedad entera, necesita oír
esta llamada urgente al cambio pascual, porque todos somos
débiles y pecadores, y porque sin darnos cuenta vamos siendo
vencidos por la dejadez y los criterios de este mundo, que no
son precisamente los de Cristo.
Es bueno
que en la homilía se haga notar la triple dirección de esta
conversión que apunta el evangelio:
a) la
apertura a los demás: con la obra clásica cuaresmal de la
limosna, que es ante todo caridad, comprensión, amabilidad,
perdón, aunque también limosna a los más necesitados de
cerca o de lejos,
b) la
apertura a Dios, que es escucha de la Palabra, oración
personal y familiar, participación más activa y frecuente en
la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación,
c) y el
ayuno, que es autocontrol, búsqueda de un equilibrio en
nuestra escala de valores, renuncia a cosas superfluas,
sobre todo si su fruto redunda en ayuda a los más
necesitados.
Las
tres direcciones, que son como el resumen de la vida y la
enseñanza de Cristo, nos ayudan a reorientar nuestra vida en
clave pascual.