2.1.
Visión general
Ø
El año litúrgico es el
tiempo que media entre las primeras vísperas de Adviento y la
hora nona de la última semana del tiempo ordinario, por medio
del cual la Iglesia celebra a través de la Eucaristía diaria y
semanal, los sacramentos y otras acciones sagradas (como el
Oficio Divino), el pleno
misterio de Cristo, desde su nacimiento, vida, pasión, muerte y
Resurrección, hasta su última y definitiva venida.
Ø
La Iglesia celebra el Misterio
de Cristo sobre todo en el Temporal y el Misterio de María y los
Santos, en el Santoral.
Ø
El Temporal
comprende:
§
Tiempo de Adviento.
§
Tiempo de Navidad,
incluyendo la Maternidad de María, la
Epifanía y el Bautismo del Señor.
§
Tiempo de Cuaresma.
§
Triduo Pascual.
§
Tiempo Ordinario:
Dominical y ferial.
Todos ellos, a excepción del Triduo sacro,
giran en torno a las ferias, a los domingos, solemnidades y
fiestas del Señor.
Ø
El Santoral comprende:
§
Solemnidades.
§
Fiestas.
§
Memorias de la Virgen María
y de los santos.
Ø
Dentro del temporal, el
Domingo o celebración de la Pascua semanal del Señor
(es la cumbre de la semana) y el Triduo
Pascual es la cumbre del año litúrgico. Son Domingos que
tienen una importancia especial los de Adviento, Cuaresma y
Pascua, considerados tiempos fuertes.
Ø
Puede afirmarse que el Misterio
Pascual de Cristo realizado en la plenitud de los tiempos (Gal.
4, 4) y prefigurado a lo largo de la Historia de Israel (A.T.),
es el eje central de nuestras celebraciones. Su reactualización
por medio de los sacramentos, especialmente el de la Eucaristía,
da cauce a la intervención permanente de Dios en la historia
salvífica.
Ø
Las celebraciones sacramentales
celebradas a lo largo del año litúrgico, articuladas en un
conjunto de fiestas y ciclos, constituyen un auténtico tiempo de
salvación. Por eso, el año litúrgico no es solo una realidad
temporal, sino salvífica.
Esas
acciones sagradas se desarrollan según un ritmo cronológico:
ante todo, según la sucesión de las horas (vigilia nocturna,
oración de la mañana y de la tarde, oración al final del día o
antes del descanso nocturno); luego en la celebración del
misterio pascual, que tiene lugar en su repetición regular el
día del Señor (domingo), y en su solemnidad anual, que va de la
cuaresma a Pentecostés y tiene su cumbre en la vigilia pascual;
de otra manera también en la celebración de la manifestación del
Señor —en navidad y epifanía—, preparada por el adviento y
continuada en el breve tiempo de navidad; finalmente, en la
celebración del "dies natalis" de los santos, en las
solemnidades de la madre de Dios, de los apóstoles, de los
mártires, de las vírgenes y de todos los santos y santas. En
esas acciones directamente litúrgicas se actualiza todo el
misterio de la historia salvífica: Jesucristo-Antiguo
Testamento-plan salvífico de Dios anterior al tiempo. Todo esto
como fuente primera, como cumbre, como fundamento objetivo
normativo de toda la vida cristiana.