3.2. El sentido actual del Adviento:
La palabra Adviento, “venida”, nos
habla de un principio, la llegada en la carne de nuestro
Salvador, y de un final, la segunda venida del Señor para
concluir la historia de la salvación y comenzar esa época
definitiva, más allá de nuestra medida del tiempo, en que Dios
será todo en todos.
El Adviento es el tiempo fuerte de la
Esperanza cristiana. Esa esperanza está orientada
hacía la Parusía final durante las primeras semanas. Y a partir
del 17 de Diciembre, la Esperanza se orienta más hacía la
celebración del nacimiento histórico de Cristo, y que se
actualiza sacramentalmente en la Liturgia de la fiesta de
Navidad.
El hecho de que el Adviento se abra a la
esperanza escatológica o parusía final, explica la presencia de
textos bíblicos escatológicos y apocalípticos que hacen relación
a los últimos tiempos, y que reclaman la vigilancia, tejida de
fidelidad a la propia vocación de luchar por conformarse con las
exigencias que Dios hace al hombre a través de la entrega y el
sacrificio generoso.
El Señor, pues, vino, viene y vendrá; y la
Iglesia, para cultivar las dimensiones morales de vigilancia y
acogida ante estas ocasiones de encuentro con Jesucristo, ha ido
desarrollando este tiempo litúrgico. En este clima se comprende
bien el alcance de la invitación de Juan el bautista a preparar
el camino del Señor, una invitación que es llena de dinamismo y
responsabilidad, y que debe proyectarse en la propia vida y el
entorno social en que ésta se desenvuelve.
De este modo, la Esperanza escatológica se
convierte en un estímulo eficaz para el compromiso cristiano a
fin de adecuar la creación entera sobre el proyecto que Dios
espera.
La esperanza escatológica no queda invalidada
por la presencia permanente de Cristo en la Iglesia y entre
nosotros (sacramentos), en cumplimiento de su promesa, real y no
solo aparente. No es tampoco una presencia definitiva sino que
se trata lo que los teólogos llaman el ya pero el todavía no.
Esto es aplicable al nivel social, personal y eclesial, puesto
que el mundo, la Iglesia y cada persona sienten la presencia de
cristo, pero sienten también la necesidad de su venida
definitiva.
Para potenciar esta espera mesiánica
definitiva, la liturgia deja oír algunas voces de personajes que
han encarnado esa espera mesiánica y la han proclamado:
-Isaías:
Prototipo veterotestamentario del Mesías, ansia, deseo, de la
venida del Mesías.
-Juan el bautista:
Modelo del itinerario que lleva al
encuentro con el verdadero Mesías. Último profeta del Antiguo
Testamento.
-María:
Aurora que anuncia la llegada inmediata del
Salvador, esperado por las naciones y cumbre de la
esperanza del mundo hebreo.