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ferias del adviento

 

3.                 TIEMPO  DE  ADVIENTO: “TIEMPO DE ESPERA” 

3.5.     Las ferias de Adviento: 

            El tiempo de Adviento tiene un cambio importante a partir de la octava anterior a la Navidad, pues tanto en la Liturgia de las Horas como en la Eucaristía se celebra ya sólo el acontecimiento de la venida en la carne del Hijo de Dios, leyéndose los llamados “evangelios de la infancia de Jesús” junto con pasajes proféticos alusivos a los evangelios de cada día.   

            En las oraciones se pide generalmente la plena participación en el misterio de la encarnación del Señor mediante la vida sacramental que comenzó en el bautismo y se acrecienta en la eucaristía.

 

TALLER  DE LECTURA

CONTENIDOS Y ACTITUDES DEL ADVIENTO

1.- El adviento es, en primer término, tiempo de preparación a la Navidad, donde se recuerda a los hombres la primera venida del Hijo de Dios.

2.- Es asimismo tiempo en el que se dirigen las mentes, mediante este recuerdo y esta espera, a la segunda venida de Cristo, que tendrá lugar al final de los tiempos.

3.- Por ello, el adviento tiene una triple dimensión: histórica, en recuerdo, celebración y actualización del nacimiento de Jesucristo en la historia; presente, en la medida en que Jesús sigue naciendo en medio de nuestro mundo y a través de la liturgia celebramos, de nuevo, su nacimiento; y escatológica, en preparación y en espera de la segunda y definitiva venida del Señor.

4.- El adviento es, ya en su mismo término o vocablo, <presencia> y <espera>. Es tiempo, no tanto de penitencia como la cuaresma, sino de esperanza gozosa y espiritual, de gozo, de espera gozosa. Toda la liturgia de este tiempo persigue la finalidad concreta de despertar en nosotros sentimientos de esperanza, de espera gozosa y anhelante.

5.- El adviento es un tiempo atractivo, cargado de contenido, evocador, válido... Vivir el adviento cristiano es revivir poco a poco aquella gran esperanza de los grandes pobres de Israel desde Abraham a Isabel, desde Moisés a Juan el Bautista... Vivir el adviento es ir adiestrando el corazón para las sucesivas sementeras de Dios que preparan la gran venida de la recolección... La vida es siempre adviento o hemos perdido la capacidad de que algo nos sorprenda grata y definitivamente.

6.- Durante este tiempo del adviento se han de intensificar actitudes fundamentales de la vida cristiana como la espera atenta, la vigilancia constante, la fidelidad obsequiosa en el trabajo, la sensibilidad precisa para descubrir y discernir los signos de los tiempos, como manifestaciones del Dios Salvador, que está viniendo con gloria.

7.- A lo largo de las cuatro semanas del adviento debemos esforzarnos por descubrir y desear eficazmente las promesas mesiánicas: la paz, la justicia, la relación fraternal, el compromiso en pro del nacimiento de un nuevo mundo desde la raíz.

8.- El adviento nos dice que la perspectiva de la vida humana está de cara al futuro, con la esperanza puesta en la garantía del Dios de las promesas.

9.- Adviento es el camino hacia la luz. El camino del creyente y del pueblo que caminaban entre tinieblas y encuentran la gran luz en la explosión de la luz del alumbramiento de Jesucristo, luz de los pueblos.

10.- La esperanza es la virtud del adviento. Y la esperanza es el arte de caminar gritando nuestros deseos: ¡Ven, Señor Jesús!

 

LOS PERSONAJES DEL ADVIENTO

1.- El pueblo de Israel: Gran maestro de esperanza, peregrinó durante años por el desierto en espera y en busca de la tierra prometida. En él, como en un embalse de anhelos, se remansa toda la esperanza de la humanidad.

2.- La Iglesia, el nuevo Israel, el nuevo pueblo de Dios: Recuerda la trayectoria mesiánica del primer pueblo de Dios para sostener el itinerario de su peregrinación por la historia hasta la eternidad en espera del Señor, principio y fin del tiempo y de la historia.

3.- El profeta Isaías: Es el gran pedagogo del adviento: "Preparar el camino del Señor". Es el portavoz de Dios, el pregonero del Señor, el profeta del verdadero y único Mesías. Describe con imágenes cuajadas de belleza y simbolismo la paz, el gozo y la seguridad de los tiempos mesiánicos. Dirige su mirada más allá de las aflicciones del presente y las centra en una era de paz universal, que será inaugurada por el Mesías, que es manso, sabio y amante de la paz. Volverán del exilio los hijos de Dios dispersos. El Monte Sión se convertirá en el vértice, en el centro no sólo de Israel sino de toda la tierra. Isaías es el precursor del universalismo del evangelio.

4.- El profeta Miqueas: Es uno de los llamados profetas menores. El es quien profetiza que de Belén, la más pequeña entre las ciudades de Judá, nacerá el Mesías, el libertador y que El será nuestra paz.

5.- Isabel, la prima de María: Su gravidez inesperada y tardía es gracia y anticipo del Señor y para el Señor. Es fecundidad en ciernes y en espera de la fecundidad de los siglos. Es modelo de quien reconoce la obra de Dios, bendice el fruto de su amor y proclama: "¡Dichosa tú que has creído porque lo te ha dicho el Señor se cumplirá!"

6.- Zacarías, el esposo de Isabel: Vivió toda su vida en la ley de Dios. Esperó contra toda esperanza. Resultó vencedor de la prueba y entonó el cántico de acción de gracias por el nacimiento de Juan, el hijo de la vejez, prediciendo su misión profética, y alabando "la misericordia entrañable de nuestro Dios", que nos visitará con "el sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz".

7.- Juan el Bautista: Es el paradigma del adviento. Es el hombre del adviento. Su vida, su misión fue ser adviento ya desde el mismo vientre de su madre. Es el compañero ideal, austero y gozoso, que nos introduce, como nadie, en los caminos del adviento. Heraldo y precursor del Señor, nos llama a la conversión, a la austeridad, al gozo y al seguimiento de Jesús. Es el mayor de los nacidos de mujer. El fue escogido para mostrar a las gentes el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y dio finalmente su sangre como supremo testimonio por el nombre de Cristo. Su bautismo purificatorio y penitencial en el Jordán inauguró el agua viva que desde entonces tiene poder de salvación para los hombres. Y su voz sigue resonando en el desierto y en los corazones de las gentes de buena voluntad llamando a la conversión y al seguimiento de Jesucristo.

8.- José de Nazaret, el esposo de María: Es, en adviento, ejemplo de un "sí" largo, hondo y sostenido al Señor. Un "sí" de colaboración imprescindible. Un "sí" transido de silencio, de aceptación, de abnegación, de discreción, de disponibilidad, de fidelidad, de amor, de ternura y de comprensión.

9.- María de Nazaret: Es la estrella del adviento, su rostro, su regazo, su fruto. María de Nazaret vivió, en su vientre virginal, en su mente y en su corazón, el primero y más hermoso de los advientos durante nueve meses, pues "llevó en su vientre con inefable amor de madre a Jesucristo". ¡Qué largo y hermoso adviento...! Ella es la "mater spei", el modelo de la espera y de la esperanza. Nadie supo como Ella preparar un sitio al Señor, al Hijo que florecía en sus entrañas... El icono de María gestante personifica a la Iglesia madre que está llena de Cristo y lo pone como luz en el mundo para que el resto de sus hermanos habiten tranquilos hasta los confines del mundo. Y es que en Ella, en Santa María del Adviento, se realizó la promesa de Israel, la esperanza -después, ahora y ya para siempre- de la Iglesia. Ella mantiene el ritmo de nuestra espera.

10.- El apóstol San Pablo: Nos llama al gozo y a la alegría, a la preparación y a la vigilancia en espera de la segunda y definitiva venida del Señor. "El Señor está cerca", repite en varias ocasiones. Pablo nos interpela a dejar las "actitudes de las tinieblas y a pertrecharnos con las armas de la luz", revistiéndonos del Señor Jesús, a "comportarnos como en pleno día con dignidad".

 

LOS LUGARES Y LOS SÍMBOLOS DEL ADVIENTO

1.- El desierto, el ámbito donde clama la voz del Señor a la conversión, donde mejor escuchar sus designios, el lugar inhóspito que se convertirá en vergel, que florecerá como la flor del narciso.

2.- El camino, signo por excelencia del adviento, camino que lleva a Belén. Camino a recorrer y camino a preparar al Señor. Que lo torcido se enderece y que lo escabroso se iguale.

3.- La colina, símbolo del orgullo, la prepotencia, la vanidad y la "grandeza" de nuestros cálculos y categorías humanas, que son precisos al bajar para la llegada del Señor.

4.- El valle, símbolo de nuestro esfuerzo por elevar la esperanza y mantener siempre la confianza en el Señor. ¡Qué los valles se levanten para que puedan contemplar al Señor!

5.- El renuevo, el vástago, que florecerá de su raíz y sobre el que se posará el Espíritu del Señor.

6.- La pradera, donde habitarán y pacerán el lobo con el cordero, la pantera con el cabrito, el novillo y león, mientras los pastoreará un muchacho pequeño.

7.- El silencio, en el silencio de la noche siempre se manifestó Dios. En el silencio de la noche resonó para siempre la Palabra de Dios hecha carne. En el silencio de las noches y de los días del adviento, nos hablará, de nuevo, la Palabra.

8.- El gozo, sentimiento hondo de alegría, el gozo por el Señor que viene, por el Dios que se acerca. El gozo de salvarnos salvados. El gozo "porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro" son quebrantados como en el día de Madían; el gozo y la alegría "como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín".

9.- La luz, del pueblo del caminaba en tinieblas, que habitaba en tierras de sombras, y se vio envuelto en la gran luz del alumbramiento del Señor. Esa luz expresada hoy día en los símbolos catequéticos y litúrgicos en la corona de adviento, que cada semana del adviento ve incrementada una luz mientras se aproxima la venida del Señor.

10.- La paz, la paz que es el don de los dones del Señor, la plenitud de las promesas y profecías mesiánicas, el anuncio y certeza de que Quien viene es el Príncipe de la paz, el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. "De las espadas forjarán arados; de las lanzas, podaderas". "¡Qué en sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente!"

Todos estos lugares, todos estos símbolos, conducirán, como un peregrinar, al pesebre de Belén, la gran realidad y la gran metáfora del adviento.

 

ADVIENTO PARA TODOS Y CADA UNO

1.- Adviento para niños: ¡Alabad, niños al Señor! Porque vendrá hecho Niño pobre en un portal, y sólo los que se hacen como niños entrarán en el Reino de Dios. Será un niño pobre, frágil y débil. Envuelto en pobres pañales, recostado sobre pajas de un pesebre. Preparad el camino y también la Navidad, para que cuando llegue estemos con el alma limpia y con ganas de paz.

2.- Adviento para jóvenes: ¡Salid a su encuentro! Viene para salvarnos. No podemos quedarnos pasivos y esperar de brazos cruzados. Está muy cerca. Ha salido agua en el desierto y todo está verde como una pradera. Entra en tu interior y cambia tu vida vacilante y rutinaria por entrega gozosa y alegre. No te canses, y saca fuerzas para caminar hacia el Señor que viene en persona para salvarnos.

3.- Adviento para adultos: ¡Te esperamos, Señor! Estamos en el punto central de la esperanza cristiana que nos da el sentido de la Historia inaugurada por la venida de Cristo. No debe cogernos de sorpresa, como ocurrió a los judíos hace 20 siglos. Si viene Jesucristo, el reino que Él predica aparecerá ante nosotros con fuerza y empezará a hacerse realidad, creciendo cada día hasta llenarlo todo para llegar a la plenitud.

4.- Adviento para ancianos: ¡Te necesitamos, Señor! Nuestra vida actual con Cristo es una marcha en la noche a través de la cual vamos hacia la meta final que se abre con una aurora eternidad. Queremos ver al Señor. Jesús ha prometido a sus discípulos volver para instaurar el reino triunfante y definitivo de su Padre. El Adviento es una anticipación de ese último día.

5.- Adviento para religiosos y religiosas: ¡Ven, Señor Jesús! Lo decimos, lo cantamos, lo rezamos, lo gritamos. Queremos y amamos tu presencia salvadora. El que todo lo puede llenar de dicha y plenitud, es Jesús. Él es objeto consciente o inconsciente de todos los grandes deseos humanos. De día y de noche esperamos al Esposo que viene, como Santa María del Adviento, esperó con inefable amor de madre.

6.- Adviento para sacerdotes: ¡El está en medio de nosotros! Nuestro Señor que vino ha de volver. Entre los dos hechos, uno pasado y otro futuro, se sitúa la presencia de Cristo en su Cuerpo total que es la Iglesia. Por la Iglesia, Cristo interviene en la historia de los hombres y por ella penetra progresivamente en el mundo. Cristo viene a las almas por medio de la gracia entre las dos venidas. Es la venida sacramental cuando celebramos la Eucaristía <Hasta que Él venga>.

7.- Adviento para misioneros: ¡Se acerca vuestra liberación! El Señor que viene ilumina a los que andan en tinieblas y sombras de muerte. Abaja los montes y las colinas de nuestro orgullo y levanta los valles de nuestros desánimos y cobardías. Destruye los muros del odio que divide a las naciones, y allana los caminos de la concordia entre los hombres. Abrase la tierra y brote la salvación y con ella germine la justicia.

8.- Adviento para enfermos: ¡Señor, Tú puedes curarnos! Por muy hundidos que estemos, tenemos la secreta esperanza que de un modo o de otro encontraremos la salvación, por que Dios piensa en nosotros y nos ama hasta el punto de darnos una y otra vez a su Hijo Unigénito. Con Él no hay heridas, ni soledad, ni llantos, ni tristeza, ni ansiedades, es Padre de los pobres y consuelo de los afligidos.

9.- Adviento para la familia: ¡Señor, Tú eres nuestra esperanza! María y José esperando y preparándose para el nacimiento de Jesús, tuvieron que ponerse en camino hacía Belén, con dolor y alegría, con dificultad, rezando y hablando llenos de confianza. Siempre unidos. Se le cerraron las puertas y se fueron a buscar donde pudiese nacer Jesús. Cuando se espera un hijo en la tierra nace una estrella en el cielo y los ángeles cantan alegres la paz del hombre en el mundo.

10.- Adviento para todos: ¡Quédate con nosotros, Señor! Todo está a punto de llegar. El Señor es más fuerte que el mal, para librarnos de todas las desgracias que encierra el pecado. Hemos de permanecer alertas y preparar nuestros corazones para que el nacimiento de su Hijo nos salve, ilumine las tinieblas de nuestro espíritu, escuche nuestras súplicas, nos asista con su gracia, y celebremos el misterio de la encarnación de Cristo.

 (Los autores de los Decálogos de Adviento que ofrecemos
son Jesús de las Heras, de los tres primeros, y Ángel Rubio, del cuarto).

 Ø      Saca tus propias conclusiones al leer este tema del tiempo de adviento…

 


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