El Misal Romano publicado después del Concilio Vaticano II
ha mantenido los cuatro domingos de Adviento tradicionales
con un orden de oraciones propios para cada uno de ellos,
pero ha enriquecido las lecturas de la Sagrada Escritura con
la creación de tres ciclos, A, B y C, que incluyen los
pasajes que se leían anteriormente, añadiendo otros más que
han ampliado las perspectivas del Adviento.
Las primeras lecturas son siempre de los profetas del
Antiguo Testamento y forman una cuidada selección de los
textos más claros y explícitos acerca del Mesías y el
reinado de Dios que aquél debía inaugurar. Los salmos
responsoriales son efectivamente una respuesta al mensaje
profético, como la voz de la Esposa que, junto con el
Espíritu, exclama de diferentes maneras el mismo deseo:
¡Ven, Señor!.
Las lecturas segundas recogen pasajes de las cartas de San
Pablo y otros apóstoles, donde se insiste en el cumplimiento
de las antiguas profecías acerca del Mesías mediante el
nacimiento de Cristo y se prepara a los cristianos para
atender vigilantemente, pero con paciencia y alegría, la
definitiva aparición del Señor.
Los pasajes del evangelio son los textos que dan mayor
personalidad a cada domingo: de la segunda venida o
“Parusía”, los dos de San Juan Bautista y el domingo de la
encarnación o de María. En la introducción a cada domingo
se detallarán más los temas de cada conjunto de lecturas.