8. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a
los muertos
Jesús está con el Padre. Los hombres y mujeres que
confían en él permanecen en medio de la fragilidad de su vida y de la
imperfección de su mundo. Pero la luz que Jesús irradia sobre el mundo
no se ha extinguido. La esperanza que sus palabras y sus hechos suscitan
en los corazones de los hombres no ha muerto.
8.1 Jesús vendrá de nuevo
Los primeros discípulos creen que su Señor regresará
pronto, incluso en vida de ellos, Pero esta vez no como un hombre entre
los hombres, a quien se puede poner en duda y rechazar. No, Jesús vendrá
de nuevo con el poder y la gloria de Dios. Esto quiere decir que ninguna
persona podrá poner en duda su autoridad ni discutir su pleno poder.
Todos conocerán que él es el Enviado por Dios, el Mesías, el Salvador.
El Juez que con la plena autoridad de Dios pronuncia su veredicto sobre
el hombre, y que consuma la creación: el reino y reinado de Dios se
harán realidad.
No pasa mucho tiempo hasta que los primeros
cristianos se dan cuenta de que su impaciencia los conduce al error.
Comprenden que el tiempo de Dios tiene una medida distinta que el tiempo
de los hombres. Y que siempre será verdad aquello de que: El día en el
que el Señor ha de venir de nuevo, "no lo conoce nadie, ni los ángeles
de¡ cielo ni el Hijo, sino sólo el Padre" (Mc 13,32).
Los primeros cristianos comprenden también que, con
la "Ascensión" de Jesús a los cielos, ha comenzado un tiempo nuevo: el
tiempo de ellos y nuestro tiempo, el tiempo de la Iglesia. Por eso, no
pueden permanecer en lo alto del "monte" y quedarse mirando al cielo
tratando de ver a su Señor. Su misión son las personas, dondequiera que
ellas vivan y del modo que vivan. Su misión es la Tierra... hasta sus
últimos confines. Tienen el encargo y la responsabilidad de que la luz
que ilumina a todo hombre no se extinga, de
que la esperanza que se funda en Jesucristo no muera.
De que todos tengan el mismo derecho a aferrarse con fe a Jesucristo,
que los ama. Es y sigue siendo cosa de Dios el determinar cuándo va Él a
consumar la Tierra mediante la segunda venida de su Hijo: esa Tierra
creada por él a los principios.
Mientras dura el tiempo, la expectación se puede
paralizar. Los creyentes pueden sentirse inseguros y dudar: ¿Cumplirá
Dios su palabra? ¿Vendrá de nuevo el Señor? ¿Vale la pena esperar?
Pueden extraviarse, enfrascados en sus negocios de¡ mundo. Pueden
olvidar que este mundo no es lo supremo, y que tienen que esperar cosas
grandes. A ellos van dirigidas las exhortaciones de los apóstoles y de
los evangelistas: ¡Permanezcan vigilantes! ¡No saben cuándo va a venir
el Señor!
La Iglesia de Jesucristo se entiende a sí misma como
una comunidad que aguarda la venida de su Señor y que le está preparando
el camino. Año tras año la Iglesia celebra el Adviento: es una comunidad
que está lista para salir al encuentro de Aquel que viene y darle la
bienvenida.
Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección,
hasta que vuelvas en gloria. Marana tha - ¡Ven, Señor Jesús!
La segunda venida de¡ Señor: Desde el principio hubo
y sigue habiendo continuamente individuos y grupos (¡sectas!) que
pretenden saber cuándo va a llegar el fin de¡ mundo y calculan el
momento de la segunda venida del Señor. En los sucesos de su época
encuentran señales que, según piensan ellos, anuncian el "fin del mundo".
Exigen que la gente les crea, y que les sigan todos los que quieran
salvarse. Algunas de esas sectas originan mucha confusión. Pero todos
esos movimientos fracasan necesariamente, porque los planes de Dios no
pueden averiguarse con cálculos humanos. Dios, a su debido tiempo, dará
cumplimiento y concederá la plenitud a quienes, con confianza,
permanezcan despiertos y esperen.
8.2 Él juzgará a los vivos y a los muertos
En su predicación en casa del centurión romano
Cornelio, dice Pedro: "Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio
de que Dios lo ha constituido Juez de vivos y muertos. De él dan
testimonio todos los profetas, afirmando que todo el que cree en él
recibe el perdón de los pecados, por medio de su nombre" (Hch 10,42-43).
Las palabras acerca de¡ juicio nos inspiran temor; al
fin de cuentas, no somos más que seres humanos. Y ¿qué ser humano puede
hacer frente a Dios?
Las palabras acerca de¡ Juez nos infunden valor.
Porque conocemos a Jesús. Su mensaje es alentador. Jesús ve cómo las
personas se esfuerzan por cumplir la voluntad de Dios, los preceptos de
Moisés, los "Diez Mandamientos" y, además, las numerosas prescripciones
particulares que los maestros de Israel añadieron a lo largo de los
siglos. Y Jesús dice: "Vengan a mí todos los que están fatigados y
agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que
soy sencillo y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus vidas.
Porque mi yugo es suave y mi carga ligera" (Mt 11,28-30).
En otra ocasión Jesús dice qué es lo que se ha de
tener en cuenta en el Juicio Final. Lo importante es: amar a Dios, vivir
a gusto suyo y proporcionar a los hermanos y hermanas lo que necesitan:
dar pan a los hambrientos, agua a los sedientos, techo a los que no
tienen hogar, vestido a los desnudos, ayuda a los enfermos y a los
encarcelados. Todos los que han hecho eso, lo hicieron por Jesús, aunque
ni ellos mismos se dieran cuenta. El Señor les dirá: ¡Vengan! ¡El Padre
les espera! ¡Verán lo felices que pueden ser las personas! Vivirán con
él en la comunión que llamamos cielo.
Los otros, los que aborrecen a Jesús, los que viven
disgustándole, los que no dan a las hermanas y hermanos lo que necesitan:
a los hambrientos no les dan pan, a los sedientos no les dan agua, a los
que no tienen hogar no les dan techo, a los desnudos no les dan vestido,
a los enfermos y a los encarcelados no les ayudan: todo eso han dejado
de hacérselo a Jesús, aunque ni ellos mismos se dieran cuenta. Se
enterarán de lo desdichadas que pueden ser las personas. Ellos mismos se
han excluido de la comunión definitiva con Dios (véase Mt 25).
Señor, tú vendrás al fin de los tiempos. El fin de mi
tiempo es la muerte. ¡Señor, ven a mi encuentro! ¡Acógeme a tu lado! ¡Sé
conmigo un Juez clemente, y haz que el día de mi muerte sea el día de mi
resurrección! ¡Haz que sea feliz junto a ti con los que son felices!
El cielo: Significa la vida en la comunión definitiva
con Jesús; la felicidad y la dicha de estar con Dios. El "infierno"
significa la exclusión definitiva de la comunión con Jesús, la desdicha
y la desgracia de los que se han separado de Dios. El 'purgatorio"
significa que hay personas que, en el día de su muerte, no están
preparadas aún para el encuentro con Dios y para la plena comunión con
él. Nosotros creemos en que Dios es misericordioso y magnánimo para
perdonar. Oramos por nuestros difuntos.
