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descendio a los infiernos ...

 

6. Descendió a los infiernos (a la región de la muerte). Al tercer día resucitó de entre los muertos

Dios creó al ser humano -a Adán y Eva- a su imagen: los creó como hombre y mujer. Los bendice. Los ama: a ellos y a todos sus hijos y a los hijos de sus hijos, a quienes Él confía el cuidado de la Tierra. Su amor no sólo abarca a quienes le son fieles, guardan sus mandamientos, le aman, sino también a los muchos que jamás han oído hablar de él y que, por tanto, no pueden buscarle ni encontrarle y que tampoco saben cómo vivir según el agrado de Dios. Dios quiere compartir su vida con todos.

Transcurre el tiempo. Los seres humanos mueren. Mueren los que viven sin Dios o contra Dios, pero también los otros, los que le aman en la medida de sus fuerzas: Adán y Eva, Abrahán y Moisés, Sara, Rebeca y Miriam, David y Salomón, Elías y Amós, Zacarías e ¡sabe¡, Simeón y Ana, Juan el Bautista y las numerosas personas modestas cuyo nombre y amor nadie conoce, sino únicamente Dios.

¿Esperaron en vano? ¿Olvida Dios la fidelidad de esas personas? Creemos con fe que Jesús no sólo llevó la buena nueva (el evangelio) a los vivos. Creemos con fe que él "descendió a los infiernos", es decir, a la región de la muerte. Y que también allí proclamó: El tiempo se ha cumplido. Ahora comienza el reino de Dios. Están ustedes redimidos. Dios es clemente con todos los que le aman. Esto quiere decir: la muerte ha perdido su poder. No es capaz de retener a las personas que aman a Dios. Jesucristo, el Señor, murió por todos. Todos forman parte de la comunidad de los vivientes, establecida por él.

¡Oh Padre bondadoso!, celebramos el memorial de nuestra redención, recordamos la muerte de Cristo y su descenso al lugar de los muertos, proclamamos su resurrección y ascensión a tu derecha, y, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos su Cuerpo y Sangre, sacrificio agradable a ti y salvación para todo el mundo. DE LA CUARTA PLEGARIA EUCARÍSTICA

Región de la muerte: Infiernos, mundo subterráneo, la región donde es poderosa la muerte. En las historias bíblicas se nos transmite "la Palabra de Dios en palabras humanas". Esto quiere decir: las personas que nos dan testimonio de las experiencias que han tenido de Dios, utilizan para ello las concepciones y las imágenes de su época. Piensan que la tierra es un disco. Encima de ella ("arriba') está la bóveda de¡ cielo, el 'ámbito" en el que Dios es el Señor de los vivientes. Debajo de ella está el mundo subterráneo (seol), la 'región" donde la muerte reina sobre los muertos. Por eso hablan de que: Jesús "descendió' a la región de la muerte.

6.1 Jesús vive

El Hijo de Dios nació como hombre. Y como hombre murió en la cruz. Su cadáver fue depositado en la tumba. De ello hay testigos. No sólo los hombres y las mujeres que vinieron con él a Jerusalén. También los acusadores, los verdugos, Poncio Pilato y los soldados romanos...

Los cuatro evangelistas refieren que unas mujeres, a primera hora de la mañana de¡ día de Pascua, acuden con ungüentos a la tumba de Jesús. Cuando llegan al sepulcro, ven que alguien ha retirado la gran piedra redonda que cerraba la entrada. Las mujeres entran en el sepulcro y ven sentado al lado derecho a un hombre con vestiduras blancas. Se asustan. Pero el ángel les dice: "¿Buscan a Jesús de Nazaret, el crucificado? ¡Ha resucitado! ¡No está aquí! Miren el lugar donde le pusieron. Vayan, pues, a decir a sus discípulos y especialmente a Pedro: Él va camino de Galilea" (Mc 16,1-7)... Juan refiere que María Magdalena, en la mañana de¡ día de Pascua, encuentra al Resucitado. Ella está llorando junto al sepulcro vacío. Entonces ve a Jesús, pero no le reconoce. Tan sólo cuando Jesús la llama por su nombre: "¡María!", se le abren los ojos. Ella le dice en hebreo: "Rabboni", que quiere decir: "Maestro". El Resucitado le da el siguiente encargo: "Ve y di a mis hermanos que voy a mi Padre, que es el Padre de ustedes; a mi Dios, que es también su Dios". María Magdalena se va corriendo a donde están los discípulos y les anuncia: "¡He visto al Señor!" (extractado de Jn 20,11-18).

Los discípulos dicen: Jesús no está muerto. Vive. Se nos ha aparecido. Nosotros lo hemos visto. No ha terminado nuestra historia con Él, ni su historia con nosotros. Los hombres y mujeres que proclaman este increíble mensaje son testigos de¡ mismo. En su Carta primera a los Corintios, Pablo los va enumerando (1 Cor 15,5-8): en primer lugar Pedro, la roca, sobre quien Jesús edifica su Iglesia. Luego los Doce, a quienes eligió como apóstoles. Después quinientos hermanos, de los cuales -como escribe San Pablo- tan sólo algunos han muerto. Luego Jesús se aparece a Santiago, que dirige la comunidad cristiana de Jerusalén. Finalmente se aparece también a Pablo, que se hallaba camino de Damasco, donde quería perseguir a los cristianos. A partir de este encuentro, Pablo, el apasionado perseguidor de los cristianos, es un predicador -igualmente apasionado- de Cristo.

Para todos estos testigos el sepulcro vacío fue una señal importante. El encuentro con el Resucitado se convirtió para ellos en su vocación: tienen que transmitir a otros lo que han visto. Su fe es tan firme y segura, que están dispuestos a morir por ella. En la fe de esos discípulos se fundamenta la nuestra.

Lo que sucedió entre el Viernes Santo y la mañana de Pascua es el misterio de Dios, al que nos referimos con aquellas palabras: "Resucitó de entre los muertos". 0: "Dios lo ha resucitado".

Los hombres y mujeres con quienes se encuentra el Resucitado le conocen por su vida terrena: Es él, y, sin embargo, él es ahora muy distinto. Se asustan cuando Jesús entra pasando a través de las puertas que estaban cerradas. El corazón de ellos se encuentra lleno de alegría. Jesús les encarga: Vayan a las personas, hasta los últimos confines de la tierra. Llévenles la buena nueva (el evangelio). Perdonen a la gente sus pecados. Hagan que todos sean mis discípulos. Y estén seguros: No los dejaré solos.

Señor, Dios nuestro, te alabamos: En esta noche de todas las noches Haz que irradie tu luz: En un sepulcro vacío tú nos infundes esperanza.

Jesús, nuestro hermano, te alabamos: En esta noche de todas las noches quítanos el miedo a la vida y a la muerte: La confianza es posible.

¡Oh Dios, Espíritu Santo, te alabamos: En esta noche de todas las noches haznos sentir, que la muerte no es la medida de¡ ser de¡ hombre, sino que lo es el amor.

6.2 Nosotros viviremos

La resurrección de Jesucristo es el núcleo y el corazón de nuestra fe. La celebración de la Noche de Pascua (de la "Vigilia Pascua¡") es la solemnidad más santa de¡ año litúrgico. Y cada domingo es recuerdo y alabanza de Dios, que resucitó de la muerte a su Hijo: la Pascua. En una de las primeras comunidades cristianas había personas que dudaban de la resurrección de¡ Señor. El apóstol San Pablo les escribe: "Si Cristo no ha resucitado, tanto mi anuncio como la fe de ustedes no tienen sentido... Y siguen aún sumidos en sus pecados. Y por supuesto también han perecido los que han muerto unidos a Cristo. Si nuestra esperanza en Cristo no va más allá de esta vida, somos los más miserables de todos los hombres" (véase 1 Cor 15,14-19).

· Creemos en que Jesús, nuestro Señor, vive. En que él ha de compartir su vida con quien confía en él. · Creemos en que el Resucitado es razón para que todos tengan esperanza: al final de nuestra vida no nos aguarda la nada, sino la plenitud de Dios; no la oscuridad, sino la luz. · Creemos en que Jesús ha iniciado la transformación y la redención del mundo. · Creemos en que el Espíritu Santo de Jesús vive y actúa en nuestra Tierra. · Creemos en que Jesucristo vendrá de nuevo en el Día de Dios. En que él liberará a los hombres y a todas las criaturas del sufrimiento y de todo mal que pesa sobre ellas, las consumará y les dará vida eterna.

Oramos así: No me abandonarás en el mundo de las profundidades, ni dejarás a tu fiel experimentar la corrupción. Me enseñarás la senda de la vida, me llenarás de alegría en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha. SALMO 16,10-11

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