P. Iván Rodrigo Cardona Ríos
LA UNCIÓN AUMENTA NUESTRA DEVOCIÓN
San Buenaventura “identifica la unción con la devoción que él
concibe como un sentimiento suave de amor hacia Dios, suscitado por
el recuerdo de los beneficios recibidos de Cristo”. (Sermón
III Sobre Santa María Magdalena… Quaracchi, IX P 561).
La unción no se limita al campo de la devoción atañe sobre todo a
la contemplación, un verdadero itinerario de mucho silencio interior
y de conocimiento en la profundidad del Señor.
“La contemplación dirige también su mirada a los misterios de la
vida de Cristo, aprende así el conocimiento interno del Señor para
más amarle y seguirle”(San
Ignacio de Loyola CEC 2715),
por ello, de nada sirve sino es para iniciar el discipulado con
Cristo, permanecer en él, en su amor y como expresa otro santo: “Es
necesario contemplar continuamente la belleza del Padre e impregnar
de ella nuestra alma” (San
Gregorio de Nisa, or. dom. 2). Esta bella expresión nos evidencia
una vez más que Dios da al discípulo por el poder de la
contemplación a las maravillas de Dios, una unción que impregna su
existencia, una fragancia que puede que al esparcirse dará muchos
frutos.
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¿Quién dona la unción?...
El protagonista es el Espíritu Santo. “Esta unción no depende de
la naturaleza, ni de la ciencia, ni de las palabras o los libros
sino del Don de Dios que es el Espíritu Santo”
(San Buenaventura. Itinerario de la mente hacia Dios Prólogo
VII, 5).
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¿Qué es?
“La unción es una especie de licor rosado que, derramándose por
toda el alma, la instruye, la vivifica, y conforta
disponiéndola suavemente a acoger y contemplar los esplendores
de la verdad” (Pseudo Buenaventura: los siete grados de la
contemplación, en Buenaventura: opera omnia XII, parís, 1868
Pag. 183). “La unción viene a ser más un acto que un estado… es
algo que la persona no posee de forma estable sino que viene
sobre ella, la arrolla al instante, durante el ejercicio de un
determinado ministerio o en la oración”
(Raniero cantalamessa. El canto del Espíritu Pág. 175).
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Rendirnos a la unción por la obediencia…“La
unción no depende de nosotros, lo que si depende de nosotros es
quitar los obstáculos que impiden su irradiación y esto exige
rendirnos a las mociones del Espíritu con obediencia… no todo
es confiado al esfuerzo ascético. En este caso cuenta mucho la
fe, la oración, la humilde invocación. Jesús recibió unción
mientras oraba… por tanto hay que pedir la unción antes de
emprender una tarea importante al servicio del reino”
(Raniero cantalamessa. El canto del Espíritu Pág. 178)
LA FUERZA DEL ESPÍRITU EN LA CONVICCIÓN PROFUNDA
El poder de la convicción es una fuerza de atracción profunda para
muchos cristianos católicos, la verdadera unción se vislumbra en el
testimonio de la persona, en las convicciones que ésta posee. Así
que hay que cambiar el concepto que tenemos de unción, en el que
pensamos que la unción del Espíritu aunque actúa en la persona,
se manifiesta sólo para un momento determinado, el verdadero ungido
del Señor lo demuestra no sólo en un instante sino durante toda
su vida. Por ello, quiero retomar aquí dos aspectos importantes
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Convicción en la palabra…
debemos estar convencidos de lo que predicamos, convencidos que esa
palabra que sale de mis labios, ha hecho gran eco en mi corazón y
por tanto empieza a transformar lo que soy. Quien convence lo hace
porque sabe presentar un contenido, agradable al oído y con gran
fuerza, porque lo ha saboreado con anterioridad.
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Convicción en el vivir…
el ungido vive en constante actualización de su gracia recibida en
el bautismo, eso es lo que el Padre Raniero cantalamessa expresaba
cuando hablaba de volver a nuestra pila bautismal, la unción tiene
que tocar nuestra vidas, hacernos sujetos capaces de ser referentes
para otros hermanos que no actualizan su gracia. Que han quedado
pasivos ante la experiencia de fe y que no han buscado los medios
de crecimiento para madurar en la fe. Nuestro reto debe ser el
estar convencidos de que lo que oro, lo debo vivir, se da aquí un
proceso serio de transformación estructural, en la estructura
personal, familiar y social.