EL MISTERIO DE LA TRANSFIGURACIÓN ( P. Iván Rodrigo Cardona
- II Domingo de Cuaresma )
Lucas 9, 28-36
La
transfiguración es un misterio de la vida de Cristo. Algo se
realiza en Jesús.
Es un acontecimiento pedagógico y
mistagógico. A nivel pedagógico se da en el hecho de apartar del
corazón de los apóstoles el escándalo, para que la humildad de
la pasión querida por él no turbara su fe, al haberles sido
revelada anticipadamente la excelencia de su dignidad escondida.
A nivel mistagógico se funda la esperanza de la santa Iglesia.
(León Magno)
Contemplando nos transfiguramos, se expresa
aquí en una dinámica escatológica, como dice el apóstol
“Transfigurará nuestro cuerpo para conformarlo a su cuerpo
glorioso” (Fil 3,21). Se exige ante todo en una toma de
conciencia de la tranformación llevada a cabo.
En griego, transfigurarse y transformarse son
la misma palabra, indica algo que tiene lugar aquí y ahora.
“Transformaos renovando vuestra mente” (Rom 12,2). Hay un
llamado especial a contemplar y reflejar como en un espejo la
gloria del Señor “Nosotros contemplamos y reflejamos, es decir,
reflejamos lo que contemplamos” Según el apóstol Pablo 2 Cor.
3,18, no sólo el hombre refleja aquello que contempla, sino que
se convierte en aquello que contempla.
Problema Antropológico
La sociedad está enmarcada en una época
dominada por una búsqueda exasperada de certezas objetivas
históricas de Jesús. Perdida del asombro.. crisis de oración..
inversión de los valores... las cargas personales.. el
sufrimiento.. la guerra.
Pasos para la exégesis bíblica (para la
reflexión)
-
Jesús se llevó consigo a Pedro,
Santiago y Juan. Lugar apartado, sólo a ellos en
soledad, silencio y de lejanía de todo. ¿Cuál es la cosa de
la que debemos salir, las situaciones de las que debemos
desvincularnos?.. cada uno lo descubrirá por sí mismo.
Se transfigurará Jesús ante algunos. Los
llamó para que estuvieran con él (Mc 3,13). En el monte tabor
los apóstoles fueron “epoptai”, que significa: contempladores o
testigos oculares de la grandeza de Dios. Jesús subió al monte a
orar (Cfr. Is. 2, 3. Jn 14, 6).
-
Mientas oraba, su rostro brilló como el
sol. La luz no reviste a Jesús
desde fuera sino que procede de su interior. Jesús subió a
orar y fue, mientras oraba, cuando su rostro cambió de
aspecto. La transfiguración es un efecto directo de la
oración de Jesús dirigida al Padre. Jesús subió al Tabor no
para transfigurarse sino para orar, era una sorpresa que le
tenía el Padre.
-
Aparecieron Moisés y Elías.
Moisés es representante de la Ley, en el Sinaí los signos
son: la llama y la zarza. Elías es uno de los profetas que
con su predicación prefigura la presencia del Mesías y hace
patente el Reino de Dios en medio del pueblo (Cfr. 1 Reyes
18 –El sacrificio del Carmelo-, 19, 1 - 14). En Jesús, en el
Tabor, se presentan los signos de la luz que es la
divinidad, y la nube que es la presencia de la gloria de
Dios. La comunicación de estos personajes enfatiza en el
éxodo que Jesús llevaría a cabo en Jerusalén, por ello, la
Pasión es el corazón mismo de la trasfiguración. “Los
discípulos estaban adormecidos, cargados de sueño, pero
permanecían despiertos” (Cfr. Lc. 22, 39.
-
Maestro bueno es estarnos aquí.
Contemplación de la belleza. “No
quedarse meramente en una ilusión de la belleza como
creadora de muerte sino en una belleza trascendental que
genera la vida y el auténtico valor esencial que de ella se
espera, así no se podrá decir: a muerto la belleza”.
-
Hagamos aquí tres tiendas.
San Agustin expresa que Pedro ha gustado
el gozo de la contemplación y no quiere volver atrás, a las
preocupaciones y a la confusión que le espera abajo. A Pedro
le molesta la multitud, había encontrado la soledad en el
monte, allí tenía a Cristo como alimento del alma. Es
posible, como lo dice San Juan de la Cruz, salir de casa sin
ser notados, es decir, subir a nuestro Tabor interior.
Cuando Pedro hablaba de las tres tiendas no sabía lo que
decía, era ponerlos a la misma altura, era desconocer la
distancia infinita que hay entre ellos.
-
Vino una voz desde la nube.
La nube es presencia de la gloria de Dios
y su gloria los envuelve. No solo acoge con su sombra sino
que se puede entrar en ella. Esta tienda divina hace
inútiles las tras tiendas propuestas por Pedro.
-
Escuchádle.
Este es mi Hijo amado, escuchádle. Cristo
ocupa el puesto de la Ley. No hay más argumentos qué revelar
sino Jesucristo, palabra del Padre.
-
Mirando en torno no vieron a nadie más,
sólo a Jesús. Todo vuelve a
ser normal, ordinario. Moisés y Elías desparece, la nube se
retira, la voz se calla y la luz se apaga. Jesús está solo,
en su corazón se hace un gran silencio. “La soledad del
alma”.
El relato de la transfiguración es para
nosotros, el Tabor al que hay que subir, la nube en la que hay
que entrar y el velo que se debe abrir para permitirnos hablar
con Cristo.
Hoy en nuestra vida sucede este hecho,
cuando nos metemos en el corazón de Dios, en el mismo seno de la
trinidad, que vive en la armonia interior. Y desde allí
construir nuestra propia historia… podemos tener las escamas en
nuestro ojos para ver más allá de nuestra capacidad humana, por
eso hay que abrirse a la acción del Espíritu para visualizar la
mirada de Dios… un Dios que pasa en este momento histórico de la
transfiguración de su Hijo que es a la vez nuestra
transfiguración, nuestra renovación interior… un cambio de
mentalidad para este tiempo concreto… en donde cada ser humano
cuando avanza hacia el misterio desvela su realidad, su
impotencia y su dependencia exclusiva hacia él.
|