P. Iván Rodrigo Cardona
Ríos
El
misterio brillante de la cruz se da a al mundo entero y resplandece
por su singularidad, por la genialidad de la entrega y el alcance
de la misma por amor. El signo de la cruz nos muestra:
1.
cómo puede ser peligroso el ser humano y hasta donde pueden
llegar las atrocidades de las que es capaz
2.
Una invitación a contemplar el inmenso e infinito poder de
Dios y que somos amados por El….
Por
ello, esta homilía la retomaremos desde tres perspectivas:
LA CRUZ SIGNO DE PERDÓN..
La
cruz es un signo de perdón y de esperanza que alcanza hasta los
últimos confines del mundo.” (Benedicto XVI, sobre la fe, la Iglesia
y el mundo). Se hace maldito Jesús por causa de la deuda de adán.
Jesús asume en su carne los padecimientos de la humanidad. En su
humanidad es hacerse pecado, llevar nuestro pecado, cargar con él,
sin ser él pecador.
La
cruz como gran signo de perdón… pero ¿qué es perdonar?
Es
una decisión profunda que el ser humano realiza para amar sin
condiciones. Dentro de esta decisión profunda entran también
aquellos a quienes creemos que son nuestros grandes opositores y
adversarios, aunque en verdad son aquellos que nos acrisolan en la
fe. En este caso tomaríamos lo que dice el evangelista San Lucas 6,
27-28
-
Tengan amor por sus enemigos…
-
Hagan bien a los que los odian…
-
Bendigan a los que los maldicen…
-
Oren por los que les insulten…
Tener amor, hacer el bien, bendecir y orar
con actitudes que deben brotar de un corazón sano, así que, si
queremos sanar nuestros corazones debemos tomar la iniciativa para
asumir este texto de la palabra de Dios. Jesús con la cruz ha
abolido el odio que separaba a judíos y gentiles y ha hecho de ellos
una sola nación la nación elegida.
La verdadera alternativa es la metodología de
la cruz. De la cruz brota el perdón para el ser humano, si él lo ha
hecho por mí a pesar de todo, yo lo haré como una decisión de amor
profunda a él y a aquellos que no han conocido el auténtico perdón
restaurador: como mis enemigos, los que me odian, los que me
maldicen y los que me insultan. Ellos no han conocido el
auténtico don que salva al mundo…
LA CRUZ SIGNO DE ESPERANZA…
Es
lo que San Pablo llama "necedad de Dios", que, con todo, es mucho
más sabia que todos aquellos que esperaban de Jesús "filosofías"
placenteras al entendimiento. Y el mismo Pablo lo llama también
"debilidad de Dios", mucho más poderosa que todos aquellos que
esperaban un poder espectacular. ¿Cuál es esta "sabiduría" y esta
"fuerza" de Dios que se manifiesta en la cruz? Es ésta: Jesús
crucificado nos descubre la verdadera realidad del mundo, nos enseña
el camino para ser hombres, nos abre a la esperanza que nunca
decepciona.
El signo de la cruz no es un signo de fatalidad,
sino de esperanza (J. Rambla) El don
de morir era nuestro, el don de vivir será suyo. (San Agustín),
Por este motivo la cruz no es signo de fatalidad, de desesperanza,
de crisis personal sino un gran signo de la vida… la fatalidad quedó
en la muerte, en una expiación atroz, pero la cruz de Jesús ha
quedado grabada en nuestros corazones como el don de la vida, como
dice la palabra “yo he venido para que tengan vida y la tengan en
abundancia” (Juan 10,10)…
La esperanza de una nueva vida brilla hoy para la
humanidad, la esperanza que cala en nuestras existencias humanas, la
esperanza de cargar la cruz y seguirlo. Hoy surge una esperanza
Cristiana que va contra toda desesperanza humana, Lo cristiano da
sentido a lo humano y lo soporta, lo enriquece, lo agiliza y da
constancia.
LA CRUZ CAMINO REAL
La cruz es el trono real desde el que Jesús «atrae
hacia él» a todos los hombres, desde el que funda su Iglesia,
confiando su Madre al discípulo amado, que la introduce en la
comunidad de los apóstoles, y culmina la fundación confiándole al
morir su Espíritu Santo viviente, que infundirá en Pascua.
El camino hasta la cruz es el camino triunfal del
rey hacia su trono. La ironía del evangelio llega a su culmen en
este punto: es coronado y presentado al pueblo como rey para
escarnecerle, el pueblo le aclama con el grito "crucifícalo" y es
entronizado en una cruz.
Para que nosotros pudiésemos tener el privilegio
de saludarlo como Rey y Señor verdadero,
como haremos enseguida, Jesús aceptó ser saludado como rey de
burlas; para que nosotros pudiésemos tener el privilegio de doblar
humildemente la rodilla ante él, él aceptó que se arrodillaran ante
él por burla y por escarnio. "Los soldados —está escrito— lo
vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían
trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo... Le golpearon la cabeza
con una caña, le escupieron y, doblando las rodillas, se postraban
ante él" (Mc 15,16-19).
El auténtico camino es el «refulgente misterio de
la cruz» (fulget crucis mysterium); ante esta suprema manifestación
del amor de Dios, el hombre sólo puede prosternarse en actitud de
adoración. (Hans Urs Von Baltasar)
Cuando, esta tarde, se "eleve" ante nuestros ojos el
Crucifijo desnudo, mirémoslo bien. Ése es el Jesús a quien
proclamamos como "Señor", y no otro, no un Jesús facilita sino
radical en su misión hasta la entrega total.