IV Domingo de Cuaresma
P. Iván Rodrigo Cardona
La
palabra de la reconciliación hoy tiene más auge como fruto del
hombre nuevo, del cual nos habla San Pablo a los corintios. “Hombre
nuevo, que ha renacido y vuelto a su Dios por la gracia, dice
primero “Padre”, porque ha sido hecho hijo” (San Cipriano.. CEC
2783). Esa es la obra que interiormente se realiza… el movimiento es
doble, desde dentro hacia fuera, una renovación en el interior que
lleva consigo una filosofía de las mentalidades, un cambio de
mentalidad y por ende el sello particular en cada una de las
acciones humanas.
La
palabra nos coloca en el centro del gran misterio del padre eterno.
Definitivamente podemos decir que el verdadero rostro de Dios está
consignado para siempre en la escritura, y se contiene todo él en
una frase: Dios es Amor, "Este es el alma de la Sagrada Escritura"
nos lo dice San Agustín en uno de sus sermones.
"En
esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino
en que él nos amó… Nosotros amamos a Dios porque él nos amó primero"
(1Jn 4,10.19). Dios ha creado al hombre no para que él lo ame sino
porque él lo ama.
En
el Capítulo 11 de Oseas podemos ver dos rasgos de Dios. Por una
parte cuando se habla del hombre que enseña a su hijo andar
llevándolo de la mano, encontramos en esto rasgos paternales, por
otra, cuando se nos dice que se le estremece el corazón, se le
conmueven las entrañas, nos está mostrando todo su amor maternal.
Juan Pablo I nos dice: "Dios es Padre, pero aún, es mas Madre"
En
la encíclica Dives in Misericordiae se hace énfasis de estos dos
matices del amor de Dios. Matices que muestran el ensanchamiento del
corazón de Dios, un amor sin límites… pero corrigiendo y
reprendiendo a los que ama como se expresa en el libro del
Apocalipsis. (3, 19).
“Nadie puede tener a Dios por Padre sino tiene a la Iglesia por
madre” (San Cipriano Unit. Ecle: Pl 4, 503). Es una gran
significación que se nos puede presentar a la hora de vislumbrar la
ternura de Dios por medio del perdón divino y la acogida en el seno
de la Iglesia, como institución divino - humana.
Que
gran reto para quienes han sido llamados a ser padres, quienes han
cooperado para la procreación humana, aquellos hombres altruistas,
que conscientes de su misión en la obra de la salvación han dado su
parte y han acompañado procesos de formación con sus hijos, las
alegrías y las contrariedades de la vida. Y ¿qué decir de los que
aún no han asumido su rol de ser padres? Ardua labor, no solo en la
procreación sino en todo el cometido de la escuela doméstica. Hoy
el relato del evangelio nos muestra la capacidad de amar… hasta el
extremo… aún, venciendo los argumentos humanos y traspasando el
horizonte, hasta llegar a la profundidad del sentimiento espiritual
del perdón eterno. Vislumbremos algunos elementos vitales:
VOLVER EN SÍ
Este es el gran golpe de audacia, ante la decisión errónea… hasta
caer a lo más bajo de su condición como hijo….
Ø
Juntar todo los suyo… la herencia que
le correspondía
Ø
Emigrar a un país lejano… la lejanía
del Padre, el eclipse del amor.
Ø
Derrochó su fortuna… la seguridad se
ha perdido, la seducción por los placeres.
Ø
Consecuencias: Sin nada…. con Hambre…
pasando necesidades… nadie le daba de comer. La elección personal,
las falsas seguridades, el derroche total lo ha dejado desfigurado
¿Quién no recapacita?.. Es necesario hacer memoria de las decisiones
erróneas, y de rectificar la mirada, el caminar… se da inicio a un
conflicto personal, el antes, el ahora y las oportunidades que
surgen por la decisión, que es personal. Es la recapacitación por la
miseria, por lo más bajo, por el ocultamiento de una seguridad
afectiva, de una referencia paterna, como la seguridad de un niño
cuando está con su papá.
LA OSADÍA DEL AMOR
El
Padre, “Dios” nunca se cansa de amar, en el evento trinitario el
amor se da total, se da en reciprocidad. En este caso concreto de la
parábola se nos muestra un padre con una actitud de espera.
Ø
El
padre lo vio y se conmovió… se nos muestra la
actitud de verle, reconocerle y aceptarle y conmoverse, hasta
estremecerse el corazón, las entrañas del padre.
Ø
Echando a correr, se le echó al cuello
y se puso a besarlo… sale a su encuentro, lo toca a pesar de su
condición y más aún, lo besa, no siente fastidio por su hijo porque
es carne de su carne.
Ø
Celebremos el banquete… sacadle lo
mejor, hagamos fiesta, porque ha regresado.
¿Qué padre hace esto con su hijo? Hoy podemos decir… eso es
alcahuetear, ¿Cómo es que el Padre va abrirle las puertas de su
casa otra vez a un hijo que se ha ido? En fin… hoy la palabra tiene
muchas significaciones, pero lo importante es mirar la actitud del
cristiano hoy y su sensibilidad ante el dolor. El amor es atrevido,
quién como Dios para amar hasta el extremo, por ello amar es de
héroes y estamos llamados a asumir un amor como el del Padre de la
parábola.
EL DERROCHE DEL AMOR PATERNO.
Abba, es la originalidad de Cristo, le ha reconocido como Padre…
dentro de la bondad divina este salto a la fe, lo deberíamos dar.
Dios es un Papá que no defrauda, un papá que está en derroche de
dulzura y ternura por los seres que ha creado… ¿qué sentimientos he
acogido de ese Padre? ¿Con qué actitudes de la parábola me
identifico yo? ¿Cómo eres tú como padre? La imagen de Dios está en
ti, ¿que clase de imagen has mostrado a tus hijos? Dime cómo amas y
te diré quien eres. Esa es la invitación hoy, tratar de redescubrir
la misión que el buen Dios nos ha encomendado.