El día de Pentecostés, el Espíritu Santo,
además de santificar a los Apóstoles, les comunicó todos aquellos
“carismas” que iban a necesitar para la gran tarea evangelizadora
que de inmediato les esperaba, y construir así la Iglesia del Señor
en el mundo:
-
“DIOS TIENE ARTE PARA COMUNICAR”…
Les comunico luz en el entendimiento para
comprender el misterio de Cristo Jesús (Ef 3, 4-19).
“Por la lectura de la carta, podéis entender
mi conocimiento del misterio de Cristo, misterio que en generaciones
pasadas no fue dado a conocer a los hombres, como ha sido ahora
revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu. (Ef 3,
4-5).
La comunicación es un arte, que consiste en la
transmisión de su espíritu a la humanidad….
Comunicar luz……. Cual luz….
La luz representa el bien, la posibilidad de
contacto con el mundo, con la afirmación de la existencia. “Hágase
la luz y la luz fue hecha” dice el Génesis cuando nos da a conocer
cómo Dios creó el mundo partiendo de la luminosidad. Dentro de estas
concepciones, la luz la identificamos con la divinidad del bien,
mientras que la oscuridad forma parte de los dominios del demonio.
El fuego se asocia con la luz, pero no se agota en
ella. En el pasado, la única posibilidad de romper el dominio de la
oscuridad durante las noches era el fuego previniendo sus efectos
destructivos y circunscribiéndolo a reducidos espacios para
aprovechar su luminosidad. El fuego ocupa también lugar preferente
en las mitologías interpretándolo en su doble dimensión: la
destructiva y torturante: “id malditos al fuego eterno” y aquella
que nos muestra una imagen espiritualizada y permanente que nace y
se agota en el mismo instante venciendo las limitaciones de la
temporalidad, o la otra que da al fuego un poder que elimina las
impurezas que se han incorporado a objetos de diversa índole y que
amenazan contaminar a los seres humanos del entorno. El fuego
extingue y mata, pero eleva y purifica.
El fuego purifica. También el agua simboliza con
frecuencia la purificación, pero con una diferencia: el agua
purifica la superficie de las cosas, el fuego también el interior,
penetra entre fibra y fibra y libera de la escoria. Para purificar
el oro no basta con lavarlo, hay que pasarlo por el crisol.
(Raniero Cantalamessa)
El fuego simboliza la energía transformadora de los
actos del Espíritu Santo. El profeta Elías, que, “surgió como el
fuego y cuya palabra abrasaba como antorcha”… (Si 48,1), con su
oración atrajo el fuego del cielo sobre el sacrificio del monte
Carmelo (1 Reyes 18, 38-39)…
Figura del fuego que transforma lo que toca Juan
Bautista… anuncia a Cristo como el que bautizará en el espíritu
Santo y el fuego” (Lc 3,16)
“He venido a traer fuego sobre la tierra y cuanto
desearía que ya estuviese encendido” (Lc 12,49)
La tradición espiritual conservará este simbolismo
del fuego como uno de los mas expresivos de la acción del Espíritu
Santo” (Cf. . San Juan de la cruz. Llama de amor viva)
-
“TRAS LAS HUELLAS DEL MAESTRO”.
Los armó de decisión en la voluntad para
entregarse al Señor y seguirlo, a pesar de las tribulaciones que
vendrían sobre ellos (Mc 1, 16-20; Jn 6, 44; Hch 5, 41).
“Al instante dejando las redes le siguieron” (Mc
1, 18)
Esto es lo que mas nos dificulta, más aún, cuando
queremos buscar el camino la verdad y la vida y lo que hallamos es
el rostro desfigurado de Jesús.
Le sigo hasta las últimas consecuencias…..
Jesús evalúa la capacidad de determinación de la
persona…
Con la mirada fija en el señor, no se puede mirar
hacia atrás añorando el pasado…
Debemos ser obreros del reino
Ser obrero, significa colocarse la camiseta del
Cristianismo, la etiqueta de “pertenencia exclusiva de Cristo” y
solamente propiedad para su servicio. Ser obrero, significa realizar
con calidad e idoneidad su trabajo, gastar las fuerzas por el reino,
de manera práctica y segura.
¿Qué clase de obrero eres?...
·
un obrero que dejas iniciada la
misión encomendada,
·
un obrero que busca complacerse así
mismo pero no los intereses de su amo “Dios”
·
un obrero holgazán que pretende
comprar a Dios por su palabra, pero sin una convicción profunda de
su labor.
·
Un obrero que busca las conquistas
humanas pero no las del reino
-
“APRENDER EL ARTE DE
ALABAR”…
Les concedió el don de alabanza para cantar “las grandezas y
maravillas de Dios” (Hch 2, 11). es una
arte, es un estilo, conducido por la acción del Espíritu…
“Entonces creyeron en sus palabras y entonaron todos su alabanza.”
Salmo 105:12
Santo Tomás de Aquino afirma: “La vida perdurable
consiste en la suprema alabanza, como dice el profeta: allí habrá
gozo y alegría, con acción de gracias al son de instrumentos.
“Entra en el gozo de tu Señor”[1],
otro Santo dice al respecto: “Todo el gozo no cabrá en todos, pero
todos verán colmado su gozo. Me saciaré de tu semblante, y también
él sacia de bienes tus anhelos”[2].
La alabanza sostiene la fe, la alabanza es
victoria. Es la forma que recoge los demás estilos de oración y en
ella reconocemos lo que Dios ha hecho, hace y hará en nuestras
vidas.
-
UN CRISTIANO QUE
ARDE DE CELO…Les dio fuerza,
vigor, valentía, atrevimiento y audacia para dar testimonio de
Jesús en medio de persecuciones y sufrimientos (Hch 4, 8-31; 5,
28-32).
Aquí tienen lo que era desde el principio, lo que hemos oído, y lo
hemos visto con nuestros ojos, y palpado con nuestras manos, -me
refiero a la Palabra que es vida. Porque la vida se dio a conocer,
hemos visto la Vida eterna y hablamos de ella, y se la anunciamos,
-aquella que estaba con el Padre y que se nos dio a conocer. Lo que
hemos visto y oído se lo anunciamos también a ustedes para que estén
en comunión con nosotros, pues nosotros estamos en comunión con el
Padre y con su Hijo, Jesucristo. Y les escribimos esto para que sea
mayor nuestra alegría. (1Jn 1,1-4)
Enfermedades que impiden ser testigos:
En el discurso de los discípulos de emaus se
nos presenta este esta situación de quien no ha tenido una
experiencia particular con Jesús, una ceguera del corazón y de la
mente: “sus ojos eran incapaces de reconocerlo” (Lc 24,16).
-
La tibieza…
es un estado espiritual con
consecuencias viciosas de oscuridad, somnolencia, inquietud,
inestabilidad de mente y cuerpo, curiosidad. Se llega a la
tibieza por rutina… nos falta la santa desesperación de
hacer conocer a Jesús y hacerlo amar. Santa desesperación
porque indica la fuerza que irrumpe, que nos viene desde
dentro para anunciar al Señor en cada instante de nuestras
vidas.
La tibieza se opone a la virtud de la
religión que se llama devoción y que consiste en una disposición de
ánimo para dedicarse alas cosas que implican el servicio a Dios.
-
El excesivo racionalismo…que es
la aceptación o rechazo de algo de acuerdo a los principios
de la mente. No podemos reducir la fe ala sola razón. Si
racionalizamos la fe nuestras iglesias quedarán vacías. Del
excesivo racionalismo nace nuestra negación para ponernos al
servicio de los demás. “Dios hizo al hombre sencillo, pero
él se complicó con muchos razonamientos” (Qohelet 7,29).
-
La envidia…
es tristeza por el bien ajeno, pero
dicho negativamente, “es la alegría por el mal ajeno”…. “La
envidia de Caín a Abel porque las ofrendas de este eran
aceptadas por Dios” (Gén 4, 1-16)…. “La envidia que tenían
los hermanos a José el soñador porque era el preferido de su
padre” (Gén 37, 1-11)
Síntomas de la envidia:
1.
comparación con otros.
2.
críticas negativas
3.
desanimar a otras personas
Normas prácticas para sanar la envidia:
1.
considerar a los otros mejores
2.
no creerse sabio
3.
hacer que otros crezcan
4.
orar por las personas de quien tenemos envidia.
-
“ANUNCIAR EL EVANGELIO EN EL PODER DEL
ESPÍRITU”..
Les concedió el don de la palabra para
comunicar adecuadamente la Buena Nueva acerca de Jesús (Hch 3,
12-26; 4, 13; Lc 12, 11-12).
Y les dijo: Id por todo el mundo y
proclamad la Buena Nueva a toda la creación”
(Mc 16, 15)
“Lee con mucha frecuencia las divinas escrituras;
es más, nunca abandones la lectura sagrada”[3],
de tal manera hay una insistencia a la lectura, a comer de las
palabras del Señor, la palabra que produce fe y convierte, la
palabra que salva y cura, la palabra que sana, la palabra que crea
la comunidad, la palabra que da vida eterna, estos son efectos de la
palabra porque ella cuando es escuchada y asumida produce efectos
salvíficos.
Los apóstoles son “los que anuncian el
evangelio en el Espíritu Santo”[4],
entre anunciar a Cristo simplemente en la doctrina y anunciarlo en
el Espíritu, existe la gran diferencia, en el primer caso de una
mera transmisión desde el exterior sin que haya un influjo o
seducción y en el segundo caso, en el interior que bajo su acción
misteriosa da fuerza y autoridad, es un transmisión de vida. En el
día de Pentecostés sucedió precisamente esto: hombre movidos por el
Espíritu hablaron de parte de Dios y tres mil personas sintieron
traspasar su corazón y se convirtieron a la fe, este es el efecto de
la acción misteriosa del Espíritu.
·
“REALIZAR
OBRAS MAYORES EN SU NOMBRE”…
Los capacitó con signos y prodigios para
confirmar la proclamación del evangelio (Hch 3, 1-10; 4, 29-31; 5,
17-21). Las conversiones, las sanaciones, las liberaciones, las
resurrecciones. En fin un sin numero de señales y signos…
En verdad, en verdad os digo: el que crea
en mi hará él también las obras que yo hago y hará mayores aún.
(Jn 14,12)
Que más obras queremos que las que nos ha dado
Jesucristo, el mandato misionero: llevar su mensaje sin seccionar
unas u otras obras, todas y cada una de ellas nos ha enviado
Jesucristo a realizar…
-
Manos a la obra de Dios…
ya hemos sido elegidos para prolongar su
existencia en medio de esta época difícil y hostil…ahora debemos
declarar la libertad y transmitir la bendición de Dios para los
hermanos…
-
El problema de hacer lo que hizo Jesús…
cuando nos tomamos en serio la palabra y
produce este efecto por la fe, los hermanos se sanan, las
conversiones por doquier, el enamoramiento a la palabra, la
liberación de la maldad por la vía sacramental y por la
expulsión del demonio, nos encontramos ante el gran dilema de
ser extraños y hasta rechazados por ello, y lo que yo me
pregunto es esto…. ¿Qué de raro y que de malo está en hacer lo
que hizo Jesús?... si él lo hizo yo lo haré para gloria de su
nombre y para el beneficio de muchos hermanos necesitados de su
amor. Y que las obras hablen de que Cristo vive en mí, porque es
por su gracia y su amor que se realiza esta gran bendición para
la Iglesia católica, la que tanto amamos por que ha sido pensada
por Dios desde la eternidad.
·
LOS DOTÓ CON EL CARISMA DE
LAS LENGUAS… Los enriqueció con el don de idiomas al
servicio del testimonio (Hch 2, 6-11).
Glosolalia (en
griego, glossa, "lengua";
y lalein, "hablar"), conocido también por "don de lenguas".
Xenoglosia
(Griego: ξενογλωσσίαes) del latín Xeno, Griego Xenos: Extranjero, o
Extraño, y Glossa: Lengua o Lenguaje. Lengua extranjera.
“Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas
más que todos vosotros”
(1Cor. 14,18)
Por
eso dice la Glosa que fue un milagro más grande el que ellos
hablaran las lenguas de todos. Y San Pablo dice en 1 Cor 14,18: Doy
gracias a Dios por hablar las lenguas de todos vosotros. Cristo,
personalmente, predicó a un solo pueblo, el judío. Por eso, aunque,
sin duda alguna, sabía todas las lenguas, no le fue necesario
hablarlas.
Por ello dice San Agustín : A pesar de que ahora reciben todos el
Espíritu Santo, nadie habla las lenguas de las gentes, porque la
Iglesia misma habla las lenguas de todos los pueblos, y el que no
pertenece a ella, no recibe el Espíritu Santo.
El
don de lenguas ordena al hombre hacia Dios, mientras que la profecía
lo ordena a los hombres, ya que en 1 Cor 14,2-3 se dice: El que
habla en lengua habla a Dios, no a los hombres; más el que profetiza
habla a los hombres para su edificación. Por tanto, parece que el
don de lenguas es más excelente que el de profecía.
El
don de lenguas permanece de un modo habitual en aquel que lo posee,
que puede usarlo cuando quiera. Por eso se dice en 1 Cor 14,18: Doy
gracias a Dios porque hablo las lenguas de todos vosotros.
1
Cor 14,5: Es mejor el que profetiza que el que habla lenguas.
El
don de profecía es superior al de lenguas bajo tres aspectos.
Primero, porque el don de lenguas dice relación a las diversas voces
o signos de una verdad inteligible, cuyos signos son también
imágenes sensibles que aparecen en visión imaginaria. De ahí que con
Agustín, en XII Super Gen. ad litt., compare el don de lenguas con
la visión imaginaria. Por otra parte, ya dijimos (q.173 a.1) que el
don de profecía consiste en la iluminación de la mente en orden a
conocer la verdad inteligible. Por tanto, así como la iluminación
profética es más excelente que la visión imaginaria, como ya dijimos
(q.173 a.2), también la profecía es más excelente que el don de
lenguas considerado en sí mismo.
En segundo lugar, porque el don de profecía nos comunica cosas, lo
cual es mejor que comunicar voces, como hace el don de lenguas.
En tercer lugar, porque el don de profecía es más útil. Y esto lo
demuestra el Apóstol, en 1 Cor 14, con tres razones. La primera
(v.5ss), porque la profecía es más útil a la edificación de la
Iglesia, a la cual no sirve el que habla lenguas, a no ser que le
acompañe la exposición. La segunda (v.14ss), por parte del mismo que
las habla: si hablara distintas lenguas sin entenderlas (lo cual se
da en el don de profecía), su edificación espiritual no se vería
beneficiada. La tercera razón (v.21ss), considerando a los infieles,
en cuyo favor parece que se concede principalmente el don de
lenguas: éstos, posiblemente, considerarían locos a aquellos que
hablaran en lenguas, como los judíos creyeron borrachos a los
Apóstoles cuando éstos hablaban en lenguas, como se dice en Act
2,13. En cambio, mediante la profecía se convencerían los infieles,
al darse a conocer los pensamientos ocultos de su corazón.
Santo Tomás de Aquino en la (q.174 a.2 ad 1) expresa: constituye la
excelencia el hecho de que uno no sólo sea iluminado con una luz
inteligible, sino que perciba la visión imaginaria. También es
propio de la perfección del Espíritu Santo no sólo el llenar la
mente con la luz profética y la fantasía con la visión imaginaria,
como sucedía en el Antiguo Testamento, sino el instruir externamente
a la lengua para que se exprese con distintos signos de locución.
Todo esto se realiza en el Nuevo Testamento, según lo que se dice en
1 Cor 14,26: Cada uno de vosotros tiene salmos, doctrina, lengua y
revelación profética.
Mediante el don de profecía, el hombre es ordenado hacia Dios en su
mente, lo cual es más noble que ser ordenado mediante la locución. Y
se dice que el que habla en lenguas no habla para hombres, es decir,
para la comprensión y utilidad de éstos, sino sólo para la
comprensión y alabanza de Dios. Pero, mediante la profecía, uno se
ordena a Dios y al prójimo. Por tanto, es un don más perfecto
El libro de los Hechos de los Apóstoles nos
describe de forma impactante, en 2, 42-5, 42, la obra admirable del
Espíritu Santo a partir del día de Pentecostés. La proclamación de
la Palabra de Dios que hacían los apóstoles iba acompañada del
ejercicio de los carismas del Espíritu, y, en esa forma, en
Jerusalén se multiplicó considerablemente el número de los
discípulos”. (Hch 6, 7).Dejarse guiar por el
Espíritu santo es un reto para cada uno de nosotros.