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¿ OTRA OPORTUNIDAD ?

 

III Domingo de Cuaresma
P. Ivan Rodrigo Cardona

Hoy en nuestro ambiente cotidiano se habla de aprovechar las oportunidades y hoy la palabra del Señor nos muestra que Dios espera con paciencia nuestra conversión, es la espera de un Dios y el letargo del hombre, retraído por las cosas que se desvanecen y que en su profundidad son vacío y esterilidad… pero es que es necesario decirle a Dios “convierteme Señor y me convertiré a ti”. Este imperativo nos muestra que la conversión es don Divino y aceptación humana… Quién podrá decir que está totalmente convertido, ilusión, ingenuidad absoluta. El documento de Medellín nos habla que el hombre tiene una necesidad constante de la conversión (Cap. 9 # 3).

En la vida publica de Jesús y en toda la tradición de la Iglesia  se nos ha insistido que una necesidad del cristiano es la conversión, ya lo diría San Anselmo: “conversión es mirar a Dios”.

La mirada de Dios… el hombre mira las apariencias Dios mira el corazón… por tanto la mirada  penetrante de Dios nadie la puede sostener. Que ha pasado con Moisés: “se tapó la cara, temeroso de ver a Dios”, el día que el hombre vea a Dios, Dios dejaría de ser Dios y estaría bajo la dominación humana. Ahora bien, la mirada de Dios es ternura total, derroche de amor, fiesta trinitaria. La omnipresencia de Dios, en donde Dios lo conoce todo, le lleva siempre a velar por el hombre e ir por él hasta las últimas consecuencias, ese es el favor divino. Dios no se desmiente así mismo, siempre en su dinamismo interior se recrea en lo que ha creado.

La mirada del hombre… Con esta expresión se puede decir que el hombre que tiene la mirada en su creador no da cabida en ningún momento al mal, por que él, se convierte en el centro de su vida. Y si es mirada a Dios que clase de mirada debe tener el Hombre…el hombre en muchas ocasiones pareciese ser imposibilitado para mirar más allá de sí mismo, con una mirada trascendental a lo eterno. Si la conversión consiste en mirar a Dios, el Hombre debe seguir los siguientes pasos: 

Ø      iniciar con una disposición interior… la sensibilidad espiritual para saborear a Dios. Es el deleite en las cosas del Señor.

Ø      Comer el alimento espiritual… comer a Cristo, que es cristificar el cuerpo y el ser.

Ø      Beber el alimento espiritual… beber del Espíritu ya que el Espíritu es bebida y es luz. Y la luz penetrante del Espíritu disipa la oscuridad del alma.

Ø      Ser propiedad exclusiva de Dios… consiste en aferrase a Dios a pesar de la duda interna y de la búsqueda de la verdad. “él os guiará hasta la verdad completa” 

La teología de la mirada…  es un tema bien apasionante poder abordar la mirada desde la contemplación profunda… la mirada que desvela el ser, la mirada trascendental, por la mirada se descubre el alma. Se descubre cuánto hay en el ser. Jesús mira directo al corazón… traspasa los límites de las leyes y va directo a la necesidad humana, a la impotencia del hombre y desvela lo que hay allí dentro del ser… su necesidad de renovación, de conversión, por ello, que Dios siempre sale al encuentro del hombre y la da la oportunidad de corregir, de cambiar, de equivocarse para entrar en la dinámica de la búsqueda de un Dios que se interesa por el hombre….  

Es la oportunidad no hay otra… es la oportunidad que se le da al viñador para estar atento al cultivo de su viña, de su vida y producir los frutos. Todo este relato de la palabra nos lleva a un vuelco total, a visualizar como vamos caminando en la realización, en la felicidad, por ello, debe inquietarnos, ya que Dios da la oportunidad  pero si no hay fruto, se corta la viña. 

En la encíclica Reconciliación y Penitencia de Juan Pablo II, nos dice en la tercera parte que la Iglesia tiene un empeño y una tarea en la conversión, por eso invita a todos los hombres, a volver a la casa del Padre, “en donde se encuentra la realización personal del hombre”. También el papa nos insiste: “El hombre está viviendo una situación de alejamiento de Dios, por que ha querido comer las algarrobas que el mundo le presenta que son placer, poder y tener, por eso él insiste que el hombre debe volver al seno de Dios y contemplar allí al plan salvífico para él” 

“Solo por el camino de la conversión podemos entrar en el Reino de los cielos y gozar de la presencia de Cristo” (C.E.C  # 1470). En este tiempo de cuaresma está el talante de empezar  a recorrer el camino, un camino de renovación que es duro, ya que hay que dejar el hombre viejo y asumir el hombre nuevo. Es un proceso fuerte, expreso, porque es iniciar a purificar de todo aquello que envenena el alma,  y por ende, las relaciones interpersonales, ya que sino hay paz interior hay conflicto, esta es la escuela de la purificación,  llamada por San Juan de la cruz: “la purificación como la escuela del amor fraterno” y todo ello,  lo obra el Espíritu Santo en nosotros, ya que, “la gracia del Espíritu es la que produce la purificación de los pecados” (San Basilio). 

Finalmente, hoy El señor nos ha dado una oportunidad más para convertirnos a él de todo corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas. Ojala escuchemos al Espíritu  y seamos atrevidos para plantar  y estar atentos al cuidado de ella. 

“El que se cree seguro cuidado no caiga”

 


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