P. Iván Rodrigo Cardona Ríos
La
palabra del señor nos coloca de frente ante el gran misterio de
iniquidad: “el pecado, que es un abuso de la propia libertad;
es un levantarse contra Dios y pretender alcanzar su propio fin,
como si dijéramos: realizarse al margen de Dios, prescindiendo de
Dios, es preferir servir a las criaturas en lugar de al creador; es
no reconocer a Dios como su principio, y romper por lo tanto la
debida ordenación a ese Dios, con la necesaria consecuencia de que
se rompen también las relaciones consigo mismo, con los demás y con
toda la creación”.
(G. S 13, 1)
Es una pecadora……”sus muchos pecados
están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le
perdona, poco ama.". Cuantos nos sentimos incitados a sacar nuestro
dedo acusador, e incisivamente condenamos al pecador, pero no el
pecado.
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El lastre del pecado…
el ser humano es único en salir de Dios para
embarcarse en el vacío más profundo, sólo por una razón lógica.
“todavía no se ha conocido su amor, no se ha sentido amado por
él”. Este efecto positivo lo encontramos en la pecadora, tan
estigmatizada estaba por su mundo, por los mismos fariseos, más
pecadores, mas superficiales, es una lógica.
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La lógica del amor...
que gran psicopedagogo es Jesús. La mujer quiere
sentirse amada, siempre el rechazo, porque no decirlo el
contacto con la impureza, muchos reaccionarían diciendo:
“aléjate de mi, no me toques, estás manchada, me contaminas con
tu pecado”, en fin, Jesús rompe el silencio, el gran esquema de
discriminación al pecador. Todo es lógica del corazón, porque
esa mujer necesita expresar su afectividad, necesita sentirse
importante para alguien, porque para muchos no lo ha sido, aquí
está el gran contraste…
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¿Qué vió esta mujer en Jesús?,
una nueva forma de sentirse amada, valorada, ¿qué ves tu en
Jesús? ¿con que intención te acercas a él? Cuando yo entré en
tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me
ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su
pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha
dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con
ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume.
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Esta mujer ha lavado los pies con sus
lágrimas. (signo de purificación)
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Los ha enjugado con su pelo. (limpieza y
pureza)
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Los ha besado. (disposición de entrega y
servicio, la humildad)
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Los ha ungido. (el perfume de ser
exclusivamente de Jesús)
Tu fe te ha salvado… Jesús dijo a la
mujer: "Tu fe te ha salvado, vete en paz."…
¿ha llegado la salvación a tu vida? ¿Que dificultades
han impedido el paso de la gracia de Dios? ¿Cuánto vibras por tu
vida? ¿Has proclamado la salvación para ti? ¿Cuáles etapas has
vivido para llegar a la salvación?...
San
Agustín: "Ay de mi, Señor Dios mío, por tu misericordia, qué eres tú
para mí. Di a mi alma; "Yo soy tu salvación". Díselo de manera que
lo oiga. Mira Señor: los oídos de mi corazón están ante ti; ábrelos
y di a mi alma: "Yo soy tu salvación". Correré tras estas palabras
tuyas y me aferraré a ti. No me escondas tu rostro: muera yo, para
que no muera y pueda así contemplarlo" (De las confesiones Libro 1,
1,1-2,2,5.5. CSEL 33,1-5)
La
finalidad de Dios es la de revelarse a los hombres para invitarlos y
admitirlos en la comunión con él; esta comunión con Dios es
precisamente la salvación del hombre. Salvación que es realizada por
Jesucristo cúlmen de la revelación, por eso, "Jesucristo no sólo es
mediador de salvación (camino), sino que él mismo es salvación
(verdad y vida)" (Cf. Jn 14,6). Por tanto la voluntad salvífica de
Dios abraza a todos los hombres, no hay una limitación específica,
este dato revelado es para hombres de toda raza, lengua, pueblo y
nación, es decir aborda la universalidad de la humanidad para ser
hijos en el Hijo.
Desde este horizonte claro se puede precisar que la salvación dada
por Jesucristo, es liberar ante todo de un riesgo "el de la muerte",
la esclavitud del pecado y ante todo devolver al ser humano su
condición primaria original que es la de poseer por gratuidad divina
"la participación de la vida divina", es decir, el ser humano
fue creado bueno para poseer a plenitud en su ontología como tal, la
presencia de Dios mismo, vivir en Dios. “Dios quiere que todos los
hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo
2,4).
Me amó y se entregó por mí… Qué bueno
expresar como lo dice san Pablo a la comunidad de los Gálatas.
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Estoy crucificado con Cristo… todo un itinerario
se gesta, estar crucificado con Cristo es crucificar nuestra
carne, es estar como María a los pies de la Cruz de Jesucristo,
no a los pies de una cruz sin un valor cósmico, a los pies de la
cruz de Jesús que encontramos el sentido valioso… No será
aquella cruz que besamos y nos parecemos a aquella pecadora
cuando ella lava, besa, enjuga, unge, y nos convertimos en los
pecadores que besan, abrazan y contemplan su cruz que es la cruz
del crucificado.
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No vivo yo es Cristo quien vive en mi… Somos una
sola cosa, en la patena y el cáliz de la salvación, somos
cristificados, es decir, cristo entra en nuestras vidas, o más
bien nosotros entramos en la divinidad, se abre el santuario, se
cae el velo y participamos de la vida en Dios.
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Me amó y se entregó por mí… amar es entregarse
hasta el extremo, si Cristo lo ha hecho por mi, yo también estoy
siendo capacitado por la unción del Espíritu, por el bálsamo de
su amor para ser ofrenda agradable a Dios. San pablo y la
pecadora han comprendido que han sido justificados por el amor
eterno. El hecho es querer saborear las maravillas de su
amor y recibir la bendición del Señor.
Jesús me amó, me ama y me amará
eternamente, nunca se agota su querer divino, es el gran atributo
divino, amar personalmente y llamar por el nombre, rescatar de la
fosa en la que estábamos privados de la gracia del Señor y
revestirnos de la condición de ser hijos de Dios.
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