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AL VER A LA GENTE LE DIO
LÁSTIMA Y CURÓ A LOS ENFERMOS

 

P. Iván Rodrigo Cardons Ríos.

La curación  de la persona humana  es una de las metas de Jesús. Curación que  se produce como consecuencia  de una profunda experiencia con su persona. Sólo el tiene la capacidad de fascinación por el hombre.  Yo me pregunto ¿por qué la multitud le buscaba?  ¿Que tenía este hombre llamado Jesús, que era asediado por toda la multitud? Y ¿que esperaba recibir de él?  Definitivamente el texto habla por sí solo, para un buen intérprete de fe  estas palabras bastan. La gente esperaba  los signos  de Jesús, signos  que inquietaban  e inquietan ahora, porque le hemos recortado esta parte  de los signos de Jesús. 

“Es en el Nuevo Testamento donde encontramos una respuesta plena a la pregunta de por qué la enfermedad hiere también al justo. En su actividad pública, la relación de Jesús con los enfermos no es esporádica, sino constante. Él cura a muchos de manera admirable, hasta el punto de que las curaciones milagrosas caracterizan su actividad: "Jesús recorría todas las ciudades y aldeas; enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanado toda enfermedad y toda dolencia" (Mt 9, 35; cf. 4, 23). Las curaciones son signo de su misión mesiánica (cf. Lc 7, 20-23). Ellas manifiestan la victoria del Reino de Dios sobre todo tipo de mal y se convierten en símbolo de la curación del hombre entero, cuerpo y alma. En efecto, sirven para demostrar que Jesús tiene el poder de perdonar los pecados (cf. Mc 2, 1-12), y son signo de los bienes salvíficos, como la curación del paralítico de Bethesda (cf. Jn 5, 2-9.19.21) y del ciego de nacimiento (cf. Jn 9). 

También la primera evangelización, según las indicaciones del Nuevo testamento, fue acompañada de numerosas curaciones prodigiosas que corroboraban la potencia del anuncio evangélico. Ésta había sido la promesa hecha por Jesús resucitado, y las primeras comunidades cristianas veían su cumplimiento en medio de ellas: “Estos son los signos que acompañarán a los que crean: En mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño, impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien”. (Mc 16, 17-18)”. (Instrucción sobre las oraciones para obtener de Dios la curación)

“Y al  contrario, alguno podrá decir: ¿Tú tienes fe? Pues  yo tengo obras. Muéstrame tu fe  sin obras y yo te mostraré por mis obras la fe. ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. También los demonios creen y tiemblan.” (St 2, 18-19)

Es bien importante percibir que lo que crean  tendrán estos signos, y no  son negociables con nadie,  son promesa  de Dios para los que crean, el problema  que veo yo  es que si los demonios creen más que nosotros, eso querría decir que  se apropian todas estas bendiciones para los hijos de Dios, mucho más que nosotros  y utilizan estos poderes que se les ha otorgado más que nosotros,  la única forma de desarmar las argucias del engaño, es por nuestra forma de vivir. Así que no se ganan nada  el tener un poder  como el de  expulsar demonios (aunque, déjenme hacer la claridad  “satanás  no puede expulsar a satanás”, eso lo expresa Jesús porque un reino no puede estar dividido), hablar en nuevas lenguas, agarrar serpientes, beber veneno, imponer las manos sobre los enfermos… si no viven  como el maestro lo ha enseñado, obrando el bien. Estos poderes se pueden utilizar para el mal, pero no van a  tener el efecto que produce  cuando se emplea para hacer el bien, la paz  que se obtiene al ejercerlo, la gran bendición para la iglesia.

La gran diferencia  que existe y que es abismal, en cuanto al creer  de los demonios  y de los hijos de Dios es que los demonios sólo creen en Jesús pero no le reconocen  como señor de sus vidas, el día que le reconozcan ya se  someten a  su voluntad, en cambio en los hijos de Dios hay algo  bien prioritario, ellos se hacen sacramento, con Jesús eucaristía. Viven de su misterio y se convierten en hostias vivas, puras para la humanidad,   no sólo basta el creer, está el obrar en Jesús y celebrarlo, comiendo y bebiendo de  su  cuerpo y de  su sangre.

 

PASOS PARA LA CURACIÓN

Quiero retomar a  grandes rasgos el capítulo 38 del eclesiástico y  poder exponer lo que el texto nos quiere mostrar y para ello, también me voy a fundamentar  del libro vengo a sanar del Padre Darío Betancourt

 

  • El primer paso definitivamente es: volver a  Dios.  Hijo, en tu enfermedad, no te desanimes, sino ruega al Señor, que el te curará (Eclo 38, 9),

     

    • No desanimarse en la enfermedad, en el sufrimiento
    • Rogar al Señor, orarle esperando recibir  la bendición
    • Declararse sano, ya que la misma palabra no expresa que: “Todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis”  (Mc  11, 24)

 

El adquirir insight de un Dios, es decir conciencia de un Dios, que no se cansa de amar. “Quien nos separará del amor de Dios”… nada definitivamente. “…ni la enfermedad…”

El profeta Isaías en su carta nos expresa: “Inclinad el oído, venid  a mí: escuchadme y viviréis. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la palabra que aseguré a David”

    1. vengan a mi
    2. escúchenme y viviréis.

 

  • Segundo paso: El arrepentimiento “aparta tus faltas, corrige tus acciones y purifica tu corazón de todo pecado” (Eclo 38, 10).
     
    • Apartarse de las faltas… no volver a hacer lo mismo. Dar la espalda  a las faltas, escapar  de hacer lo que desagrada a Dios.
    • Corregir las acciones… tomar decisiones serias  es tener voluntad para el cambio.
    • Purificar el corazón… iniciar un proceso de terapia  en la sanación interior,  en la sanación del hogar por el pecado cometido.

 

Arrepentirse  es  la actitud de reconocimiento interior, debe partir desde dentro del ser, no como  mero rito externo, que no convence ni convierte, sino  con un corazón quebrantado acercarse al trono de la gracia divina por medio del sacramento de la reconciliación. Yo Llamaría este momento llorar  nuestro pecado,  solamente cuando se llora  para examinar hasta donde hemos caído queremos experimentar la misericordia.

San Agustín al respecto nos expresa: “lejos pues de nosotros la oración con vana palabrería; pero que no falte la oración prolongada, mientras persevere ferviente la atención. Hablar mucho en la oración es como tratar un asunto necesario y urgente con palabras superfluas. Orar, en cambio, prolongadamente es llamar con corazón perseverante y lleno de afecto  a la puerta de aquel que nos  escucha. Porque con frecuencia la finalidad de la oración  se logra más con lágrimas y llantos que con palabras y expresiones verbales. Porque el Señor recoge nuestras lágrimas en su odre y a él no se le ocultan nuestros gemidos, pues todo lo creó por medio de aquél que es su palabra, y no necesita las palabras humanas”. (Carta 130, 9, 18-10,20: CSLE 44, 6’0-63).

 

  • El tercer paso… las ofrendas. “ofrece incienso,  un memorial de flor de harina y ofrendas generosas según tus medios” (Eclo 38, 11)…

Que clase  de ofrenda podemos retomar hoy en esta homilía,  definitivamente la ofrenda de hacerse sacramento para el mundo, así como Jesucristo se hace sacramento del padre para la humanidad,  nosotros debemos  ser sacramento  de Cristo para  los hombres, hostias vivas que brindan el suave aroma de Cristo.

Jesús le dice a sus apóstoles dales de comer. Que significa  “dales  vosotros de comer”.  Miren haber que hacen, empiecen a buscar, el mismo texto nos muestra que ya los discípulos se habían percatado de la comida, para toda esa multitud,  y le dijeron Señor: “si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces”. Como decirle: maestro  y que es esto para toda esta multitud,  esto no es nada… se hizo el milagro,  se multiplicó el pan, todos comieron hasta quedar satisfechos, así nosotros comemos del único pan hasta quedar satisfechos. Jesús nos da su pan, para permanecer  con él. Y por ello la multitud se quedó  con él.

Que importante y vital es la ofrenda en el proceso curativo. Las ofrendas  según el libro vengo a sanar, pueden hacerse concretamente  de las siguientes formas:

    • La eucaristía
    • Las donaciones
    • Los diezmos
    • Ofrecer la vida

 

  • Cuarto paso recurrir al médico. “Luego recurre al médico, pues el Señor también lo ha creado: no prescindas de él, puesto que lo necesitas” (Eclo 38, 12).

Notemos que aunque Dios pone al médico en último lugar, no lo descarta como medio por el cual nos viene la salud. Dios quiere ocupar el primer lugar. La mayoría de nosotros lo que hacemos es invertir el orden de las cosas, poniendo de primero el último: buscamos al médico antes y después recurrimos a Dios.

No podemos despreciar la labor del médico. Dios nos manda recurrir a él. Muchas veces Dios nos va a curar a través de las medicinas y prescripciones médicas.

El Eclesiástico sigue explicando la posición del médico: “También ellos rezan al Señor, para que les conceda poder aliviar el dolor, curar la enfermedad y salvar tu vida” (Eclo 38, 14). Aquí veo un gran condicionamiento: el médico debe orar al Señor, para ser un instrumento idóneo en sus manos, y para que el enfermo esté ya en manos de Dios. 

 Y oran a Dios para:

o   aliviar el dolor

o   curar la enfermedad

o   salvar tu vida.

 

Tres  actitudes que yo las definiría  de esta manera:

Aliviar el dolor en cuanto que  se permite al paciente un cuidado en su enfermedad  y  es vital  percibir la ciencia que han recibido  los médicos para sortear las decisiones con cada paciente,  dando la receta exacta para un síntoma  o malestar  en la salud.

Curar la enfermedad,  en cuanto que se va a la raíz del  problema y está este carisma  de  discernimiento que Dios les da para descubrir  y curar. Aquí puede actuar n cada persona una fe carisma, para cada momento se da una luz  divina para penetrar en el misterio humano.

Y salvar tu vida, ya que si es  un médico de fe, entonces descubrirás en él la presencia de Dios, y el actuar de Dios en tu historia y te darás cuenta que Dios sigue haciendo alianza contigo. Esto te llevará  a una sensibilidad por la fe. Salvar una vida, salvar un alma para Dios.

Estos pasos nos han llevado a descubrir, definitivamente que Dios nos exige  primero que volvamos a el, que nos arrepintamos, que hagamos ofrendas agradables y que visitemos a nuestros médicos.  Que importante es tener un sano equilibrio porque algunos hermanos espiritualistas piensan que Dios los va a sanar   sin necesidad del médico, eso es un concepto falso, ya hemos abordado esto. Pero Dios debe ser el primer amado y el camino a  recorrer es  darle a  Dios  el primer lugar.

 


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