P. Iván Rodrigo Cardona
Ríos
UN ENVÍO PARTICULAR…
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El grito de la mujer cananea: “Ten
compasión de mi, Señor Hijo de David”… es
el grito desesperado que los cristianos tenemos cuando nos sentimos
solitarios y cuando encarnamos en nuestro ser el sufrimiento
humano. La compasión de Jesús se dirigía a las ovejas descarriadas
de Israel, sólo las de Israel, así que para nadie mas era la
compasión. Pero esta mujer se da cuenta de Jesús y quiere arrebatar
las gracias que van para ese pueblo. Es el grito de una madre de
familia, que experimenta el dolor en su hija, ya que tiene un
demonio. La madre que no sabe que hacer, impotente ante la realidad
de su hija y no encuentra salida a su problema.
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Haré honor a mi ministerio.
Romanos 11, 13-15 “mientras sea vuestro apóstol,
haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los
de mi raza y salvo a algunos de ellos”… hacer honor al ministerio
que hemos recibido para que quien se gloríe no lo haga por sus
fuerzas, sino que con la humildad pertinente, se le de la gloria al
que por su gracia lo ha otorgado para el bien de una comunidad.
Estímulo y motivación es la intención que quiere provocar San Pablo
en sus hermanos. Ser ministro, servidor, trabajador de la viña de
Dios.
EL NO LE RESPONDIÓ…. “mi hija tiene un demonio
malo”.. Frente a esta situación Jesús no
responde nada, será que no es el tiempo de Dios para esta familia,
para esta hija cananea. O la indiferencia de Jesús porque no era
su misión es la que tenemos nosotros cuando no respondemos a los
desafíos. Hay una gran diferencia: Jesús es enviado a las ovejas
descarriadas de Israel, nosotros dice la palabra: “vayan al mundo
entero y proclamen la palabra”, nosotros tenemos la misión, no
podemos evadir el evangelizar. Ahora bien esta mujer cananea ha
experimentado una situación singular. Su hija tiene un demonio, el
mal pervertido y pervertidor. Necesita lo que hoy conocemos una
liberación y expulsión del mal.
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Respondes a los desafíos…. El silencio
de Jesús espera un atrevimiento de la mujer, hay un límite, ella se
atreve a ir más allá, se apropia de las bendiciones para otros,
bendiciones que otros no quieren.
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Le has respondido a tu misión… la
respuesta está en tus manos, el problema que yo veo como pastor
de la Iglesia Católica es que la respuesta es incondicional y en
muchas ocasiones no alcanzan las fuerzas para asumir una respuesta
a una misión tan grande. Nos queda solo decir: Señor todo lo que
puedo dar a mis hermanos con mis pobres fuerzas, lo he hecho.
QUIERO COMER DE LAS MIGAJAS QUE CAEN DE TU
MESA.
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Señor Socórreme…
ella lo alcanzó, se postró ante él, y le pidió de rodillas:
“Señor Socórreme”.
“no esta bien echar a los perros el pan de los
hijos”…. Es una expresión de Jesús,
dando a entender que la palabra, el alimento solo esta para los
hijos de Israel y no para lo que se denomina otros pueblos como los
perros. Perro es una palabra fuerte, porque es una indiferencia,
algún despotismo frente a otras culturas.
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La alabanza a esta mujer por parte
de Jesús…. “mujer que grande es tu fe”,
que alabanza a una mujer por su fe, que se cumpla lo que deseas.
Jesús resalta la fe de esta mujer porque ella le ha dicho hasta los
perros comen de las migajas que caen de las mesa de los amos. Ella
espera recibir algo de Jesús, espera en el y por ello, se le concede
lo que desea.
La mujer cananea por su fe arrebató las bendiciones
para su hija, nosotros debemos tener presente que Jesús esta con
nosotros, que el atiende nuestra suplicas porque nuestra vida esta
en sus manos. El se preocupa de nuestros afanes y nosotros debemos
fijar la mirada en las necesidades de nuestros hermanos.