P. Iván Rodrigo Cardona Rios
La Iglesia celebra hoy el nacimiento de Juan el
bautista, y por ello vamos a retomar muchos elementos que nos van a
llevar a contemplar la misión del verdadero profeta como luz de las
naciones.
EL SEÑOR TE ELIGE POR TU NOMBRE…
Siempre hay un sentido de elección… la elección
de Dios, el llamado, sacado dentro de un pueblo, es un nazireo, es
decir, un separado por Dios para una misión específica estar al
servicio de Dios. Por eso su misión es histórica, es llamado por
vocación, hay muchos que se eligen así mismos y se adjudican un
llamado de Dios para un servicio especial. El Señor te ha elegido
para trasmitir vida. ¿Te sientes elegido? ¿Sientes la llama del amor
divino en ti?
Zacarías pide una tablilla y escribe…no será
acaso la tablilla de la que nos habla orígenes, María como la
tablilla encerada en donde Dios escribe las promesas de la salvación,
Zacarías pide la tablilla, María es la tablilla, en la que se
prepara para ser libro abierto para la humanidad. Escribir, lo que
Dios había revelado a Zacarías eso debía ser plasmado no en la
memoria solamente sino en la tabla de la ley. Porque lo escrito,
como lo es la palabra de Dios permanece en la eternidad, en cambio
lo que hay en la memoria se olvida con facilidad. En María ha
escrito el creador, empuñó su mano y confirmó con su si en la
encarnación.
Me escondió en la sombra de su mano……. Esa
expresión del Profeta Jeremías es una gran prefiguración, como lo
expresa continuamente el antiguo testamento: me escondió bajo sus
alas, como la gallina cobija a sus polluelos así el señor protege a
los que le aman. No es acaso la sombra que cubrió a María que fue la
sombra del Espíritu Santo…
En el mundo de hoy se hablan de las sombras,
sombras que son tomadas desde el sentido negativo, designando la
oscuridad, el eclipse del amor de Dios, porque esta es la hora de
las tinieblas y las luces, que son tomadas como la gran iluminadora
de un nuevo mundo: Sombras de mortandad, luces de nueva vida.
Sombras de pecado luces de gracia y santidad. Sombras de errores,
luces de nuevas oportunidades.
Aclaro, el profeta expresa: me escondió en la
sombra de su mano, no en las sombras de la muerte, si es la sombra
de Dios, no es otra que la misma que cubrió a María.
En nada he gastado mis fuerzas… ¿en qué
situaciones he desgastado mi vida? ¿En dónde he dejado las fuerzas y
la vitalidad para luchar? A lo mejor he luchado en vano tras mis
falsas ilusiones y seguridades humanas y ¿al final que poseo?… será
que he luchado en vano, no poseo más que un cúmulo de situaciones
generadoras de muerte y no de vida.
TE HAGO LUZ DE LAS NACIONES……….
San Agustín expresa los siguiente: Juan viene a
ser la línea divisoria en entre los dos testamentos, así lo
atestigua el mismo Señor cuando dice la ley y los profetas llegan
hasta Juan. Por tanto, él es personificación de lo antiguo y el
anuncio de lo nuevo.
Personifica lo antiguo… nace de padres ancianos
Personifica lo nuevo… es declarado profeta en el seno de su madre
Queda demostrado como la misión de Juan antes de
nacer es ser precursor. Si Juan es profeta, Jesús es sacerdote desde
el seno de su madre. “bendito templo en el que Cristo se hizo
sacerdote”.
Zacarías pierde su habla… Este silencio significa
que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías
estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado. Con el
advenimiento de aquél a quién se referían estas profecías, todo se
hace claro. Si se desata su lengua es porque ha nacido aquél que es
la voz…… “yo soy la voz que clama por el desierto”. Juan es la voz,
Jesucristo la palabra. La voz clama por el desierto, la palabra
quiere habitar en la mente y en el corazón…. la luz que nace de lo
alto, el sol que refleja esa luz es Cristo… es el sol de la mañana
naciente. Juan era una voz pasajera, Cristo es la palabra eterna del
Padre. Palabra que permanece para siempre.
La luz de la palabra permanece… te hago luz de
las naciones no es otra cosa que ser portador de una palabra, de un
mensaje, de una experiencia de fe. Si la palabra permanece porque es
eterna, yo tengo en mis labios y en mi corazón una palabra que no me
pertenece y que no se desmiente. Es la luz de Cristo. Debo llevar
esa luz a todos los rincones, situaciones, vivencias.