P. Iván Rodrigo Cardona
Rios
Hoy la propuesta de la
palabra tiene un marco referencial bien interesante, que se
circunscribe a todos los perfiles humanos… por ello quiero
vislumbrar no los elementos comunes y profundos que siempre vemos en
la palabra de Dios, sino aquello que pareciese pasar desapercibido.
Y quiero partir desde el texto del Génesis para abordar este
cometido. Y desde allí proporcionar varios elementos:
EL JUSTO BRILLA…
El justo brilla como las
estrellas de cielo, así como el necio y el falto de sabiduría y de
la ciencia divina perece en su maldad, el justo posee la providencia
divina. La pregunta que surge socialmente es la siguiente… ¿cómo es
posible que yo haciendo el bien me vaya mal, en comparación con
otros que utilizan actitudes contradictorias? Bueno, eso a simple
vista es lo que se veía venir en Sodoma y en Gomorra. Al justo lo
guarda el Señor como a la niña de sus ojos. No siempre es así.
Solamente quien hace el bien sabe que tiene su conciencia y su
conducta intachable hacia el señor y hace lo que le agrada al Señor
y el que no permanece con la imperfección de su naturaleza, con
aquella zozobra e intranquilidad.
EL VALOR DE LA INOCENCIA…
debemos mirar que
para llegar a la inocencia debemos iniciar un proceso de pureza
en la mentalidad, en la manera de pensar hasta en la manera cómo
el concepto humano construye a Dios, el ser humano diseña un
concepto religioso, porque es una fe razonable, exige a su vez un
punto de partida, la pureza, que es la búsqueda continua de estar en
la armonía interior… por ejemplo el ser humano percibe la armonía
interior y relacional que hay con determinada persona y su actitud y
la manera de proceder sin intención. Algunos autores cristianos nos
hablan de la recuperación “del vestido anterior”, es el vestido de
la condición primigenia que poseían Adán y Eva, el gran vestido de
la inmortalidad, y perdido por el pecado y por la culpabilidad
obsesiva, de estar allí en esa dinámica en ese proceso de
restauración pleno.
“cuanto más se camina
por el bosque, más leña se encuentra".
ACTITUDES DEL JUSTO…
definitivamente Jesús hoy nos enseña a orar, Pedir, buscar y hallar.
Ora
sin desfallecer…
ella trasciende nuestros esquemas, nuestros parámetros desde el
mismo momento en que nos sumergimos a esta gran fuente de
gracia, por ello se puede considerar como: “La elevación del
alma a Dios” (San Juan Damasceno, f.o.3,24), “Una conversación
con Dios” (San Gregorio de Niza), “La conversión de la mente a
Dios, con piadoso y humilde afecto”(San Agustín), “Tratar de
amistad, estando muchas veces tratando a solas, con quien
sabemos que nos ama” (Santa Teresa).
Para lograr la gran
armonía es vital reconocer la pequeñez, la fragilidad, más aún,
la debilidad que nos envuelve, porque es desde allí, desde lo
que soy, desde lo que eres como se podrá reconocer lo
maravilloso y lo extraordinario de la simplicidad de Dios, y
de su eterno amor.
Pide sin temor el amor…“No
tenéis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís mal, con
la intención de malgastarlo en vuestros deseos de placeres” (Sant.
4,2-3). La mayor petición del ser humano es ser sanado de la
herida de amor. "el hombre ya amaba en Dios, dice san
Bernardo, aunque lo hacía por egoísmo, y no por amor a Él. Así
que el ser humano pide ser amado. El hombre que pide ser amado
ya está venciendo su temor de experimentar el amor eterno.
Busca en tu interior la
paz… es un
constante dinamismo que se da en el ser… cuando el ser humano ha
perdido el control de su historia entonces es cuando se presenta
más incapaz para afrontar su realidad… pareciese que se cerrasen
los caminos, que no hay posibilidades de cambio, ya no hay
búsqueda interior, se siente fracasado y frustrado, ya las
fuerzas se han perdido, es allí cuando hay que ver nuevas
oportunidades y desafíos de la vida. “busca en tu interior y
allí encontrarás la verdad” (San Agustín). No hay mayor
satisfacción que experimentar la paz de Dios y hallar su paz.
Llamar la salvación de
Cristo...
"Asaeteó con dardos de amor al corazón del Verbo". (San Luís
Gonzaga). El es el autor de la salvación (Hebreos 2,10). Es una
apropiación personal y radical “soy salvo”, valgo la sangre de
Cristo. Hay una ausencia en este aspecto. No estamos enseñados a
llamar, se nos dificulta, ¿cómo nos duele crecer dando el paso
de abrir nuestra puerta cuando nos llaman?
EL CONCEPTO DE CASTIGO NO
EXISTE EN DIOS…
eso nos explica las escrituras siempre, Dios nos presenta un abanico
de posibilidades a medida que nos adentramos en su simplicidad y en
sus atributos divinos… acaso eso no pasa con estos pueblos que se
han prostituido y con nosotros que le hemos negado. Por ello, en
muchas ocasiones se da la famosa ley de la retribución. Si te
manejas bien tendrás bendiciones, y si te manejas mal tendrás
maldiciones. Cada uno se busca su futuro, para ello tenemos lo
máximo que nos ha dado el señor, la libertad para decidir.
Ahora bien, Dios nunca
castiga al inocente, antes lo custodia, lo guarda bajo sus alas,
vigila el centinela de Israel por su lote de heredad. El concepto
castigo suena a vil, un Dios despiadado, un Dios vengador, más bien
es una corrección…. Dios corrige con amor. “Yo reprendo y corrijo a
los que amo” (Apoc. 3, 19). Al menos si eso se ha dado a entender en
el AT ahora en el N T se vislumbra la dinámica de un Dios cercano,
de un Dios amor. En el desarrollo del pensamiento y del concepto se
ha mirado que por las situaciones históricas se concebía a Dios
desde este punto de vista, pero ya esto ha cambiado.