P. Ivan Rodrigo Cardona
Rios
“Basta ya de
hablar de Dios y no hablar con Él”
Que
bueno es mirar que la gran riqueza del cristiano es abrazar la
fe, una fe que exige una depuración, una fe integra, segura y
madura… hoy lo expresaríamos como la solidez en la fe, una fe
vivida, encarnada.
La inteligencia de la fe... en la
historia se ha hablado que el ser humano por esta virtud teologal,
el ser humano se acerca más al sentido de trascendencia, ya en el
mundo filosófico se expresa sobre la inteligencia propia de la fe,
razones para creer y más aún en la existencia de un Dios.
Este es el ser trascendental y eterno que no tiene origen, crea sin
ser creado y está en constante dinamismo contemplando su máxima
creación, “la persona humana”. ¿Por qué creo, para qué creo, en
quién creo? son interrogantes de una gran búsqueda, la búsqueda
de sentido, en lo profundo la búsqueda va hacia la verdad.
La fe y la razón son dos realidades que forman parte del hombre. La
fe es una realidad en el hombre, es un acto que se da en un ser
plenamente humano y por lo tanto racional. Ya nos lo dijo Juan Pablo
II: “la fe y la razón son como las dos alas con las cuales el
espíritu humano se eleva a la contemplación de la verdad”
(Juan Pablo II. Enc. Fides et Ratio, parte inicial.)
Conocer a Dios. Dios es un sujeto, un ser personal. El
conocimiento de Dios no sólo es intelectual, es un acto total entre
personas. Es una acción que compromete a toda la persona, su vida,
su historia. El conocimiento de Dios sólo se da en la confianza, en
la fidelidad. Sólo se puede conocer a Dios en la mutua libertad,
para conocer a Dios hay que amarlo. Este conocimiento supone una
experiencia, un vivir juntos, un estar uno en el otro. Conocer es
creer en El.
Esta parte comporta algo muy interesante porque decidir seguir a
Jesús es querer conocer a Dios. Atender al llamado de Jesús es
atender al llamado que Dios me hace para vivir en santidad, es
decir, en el mayor amor a Dios y a los hermanos. El querer conocer a
Dios es decirle sí a su llamado, este conocimiento va más allá de
fórmulas y conceptos, es un compromiso total de vida.
Los Padres de la fe… la herencia que te
han dado tus padres es la semilla de la fe, una fe, que es dada como
el mayor tesoro, la transmisión de la fe… ellos no sólo hablaron de
Dios sino que se encontraron cara a cara significando esto la
intimidad profunda, la dulce intimidad con que se acercaban a Dios.
La semilla de la fe, es dada desde la tradición oral y escrita,
aquellos padres que defendieron la fe, fueron apologetas de la
misma. Ahora nos da temor… que gran fracaso el cristiano de hoy,
nos vendemos al mejor postor. No tenemos las agallas para afrontar
los debates y los diálogos que sostuvieron los primeros padres, y
menos aún, de vivir una experiencia profunda y sólida como ellos la
vivieron. Aunque mucho hablamos de Dios en especial cuando
presentamos las querellas hacia Dios pero no nos atrevemos a hablar
con El, porque el encuentro con él exige una dinámica, un
acercamiento, un cambio radical.
Características de la fe cristiana
1.
Manifestación de un Dios personal
2.
Manifestación de la voluntad o del plan de Dios
3.
En la historia y haciendo historia
4.
A través de hechos y palabras, conexos entre sí
5.
Acción libre y salvífica de Dios
6.
Se identifica con Jesucristo y la experiencia del Espíritu
7.
Puede ser recibida con fe
8.
“Permanece” en la Iglesia y se actualiza para cada miembro.
Estad preparados... A propósito hago
mención a algo que escribió Juan Pablo II en una de sus encíclicas
que me llama mucho la atención: “urge recuperar y presentar una
vez más el verdadero rostro de la fe cristiana, que no es
simplemente un conjunto de proposiciones que se han de acoger y
ratificar con la mente, sino un conocimiento de Cristo vivido
personalmente, una memoria viva de sus mandamientos, una verdad que
se ha de hacer vida. Pero, una palabra no es acogida auténticamente
si no se traduce en hechos, si no es puesta en práctica. La fe es
una decisión que afecta a toda la existencia; es encuentro, diálogo,
comunión de amor y de vida del creyente con Jesucristo”. (Juan
Pablo II. Enc. El esplendor de la verdad, 88)
La preparación del discípulo de Cristo, exige preparación,
por eso como expresa el evangelio de San Lucas “Al que mucho se
le da mucho se le exigirá”, al cristiano se le ha dado el
depósito de la fe, no para tirarla, ni para cambiarla sino para
conocerla, amarla y vivirla… Muchos reniegan de ella porque
verdaderamente no las conocido, otros la cambian por otras
ideologías llamativas y extrañas porque piensan como Marx, que es el
opio del pueblo, pero los que la cultivan como el mayor tesoro y la
viven descubren la riqueza inagotable del amor de Dios. Esta
herencia vale más que todo el oro, es la ciencia divina.
La herencia de la fe en la familia… este
es el tesoro de nuestras familias, yo recuerdo como mi abuelo nos
dio a conocer un Dios amor y nos acercó a él, cuando más lo
necesitaban mis padres. Y ellos se encargaron de trasmitir esa
semilla de la fe. La familia es el lugar del cultivo de la fe, pero
si los padres no la viven, no la conocen, la familia tiende a
desestabilizarse, a perder su horizonte a vivir sin un sentido
claro, bajo los afanes de la vida. La familia recibe hoy la herencia
y es la encargada de custodiar los valores cristianos que están en
crisis.