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P. Iván Rodrigo Cardona
Ríos
EDIFICAR NUESTRA CASA
“Reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá
fin” (Lc 1, 33)… edificar es reinar con
Cristo y este reinado es eterno, no hay plazos para el reinado, no
hay tiempos, es eterno. La casa de Jacob.
LA CASA…“Y dijo a los que vendían palomas: quitad esto de aquí. No
hagáis de la casa de mi padre una casa de mercado” Jn 2, 16
En
la carta a los Hebreos 3, 16 se nos muestra unos signos claros de
los que verdaderamente edifican en Dios:
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Constructores de la casa….
Se nos habla de una construcción, una constante
construcción, en el sentido propio de dar firmeza a nuestra
vida. El hombre sabio construye su casa sobre la roca. “la
sabiduría, como don, tiene su causa en la voluntad, es decir, la
caridad; su esencia, empero, radica en el entendimiento, cuyo
acto es juzgar rectamente, como ya hemos explicado” (Santo
Tomas de Aquino1 q.79 a.3)… para el hombre sabio hay aceptación
de toda su realidad y de sus aciertos y desaciertos.
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Dios constructor de todo….
Dios construye sobre un supuesto humano, Dios no
construye sobre el aire, se construye una historia en el
soporte humano. Dios es constructor es una expresión que nos
muestra que Dios da lo suyo pero el Ser humano tiene que
colocar su parte. Para ser historia Dios parte sobre la
caducidad humana.
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Fidelidad en la casa con calidad de servidor…
una llamado a la fidelidad en el
servicio, servir a la casa, no es servirse de la casa, no es
servirte de ti mismo, no es servirte de la casa de Dios, hay que
servir a la casa de Dios. Quien se sirve de la casa de Dios
juega con Dios y manipula a Dios.
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Fidelidad en la casa con calidad de hijo….somos
hijos en el Hijo y por ello tenemos una dignidad más grande, una
misión, un reto, la pertenencia exclusiva por velar y orar
para no caer en la tentación, velar por custodiar la fe del
hombre cristiano, y con la calidad de su entrega por la causa
del reino ser antorcha para un mundo.
LA ROCA… “él es la roca su obra es consumada” (Dt 32,4)… “Porque en
Yahvé tenéis una roca eterna” (Is 26,4)…
Dios ha consumado su obra, ya ha escrito no solo con los autores
sagrados, con la tinta del espíritu sino que es roca porque da
firmeza a lo que él ha implantado y esa roca nadie la puede
derrumbar.
“La roca está hecha para ser escalada, para buscar refugio, no sólo
para ser contemplada de lejos. La roca atrae, apasiona. Si Dios es
roca, el hombre debe ser un escalador, un alpinista. Un alpinista se
agarra de la roca, se adhiere a ella con sus manos y sus pies, se
clava literalmente a la roca, así deberíamos hacer nosotros con
nuestra roca. El medio más seguro para adherirse a esta Roca es
aferrarse a la cruz, ser crucificado con Cristo”. (Raniero
Cantalamessa)
LA ARENA
La
arena es un conjunto de partículas de
rocas disgregadas. Así
que quien construye sobre la arena es una casa mal construida. Solo
el hombre necio, de poco discernimiento, ignorante, puede construir
su vida sobre falsas ilusiones, falsas seguridades y por ello es una
vida sin sentido.. Esto quiere decir que él no escuchaba lo que
otros le enseñaban o pensaban acerca de las consecuencias de lo que
podría pasar acerca de sus acciones, no ir más allá, ir a os
riesgos de la toma de una decisión.
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Ha fracasado… el
hombre necio fracasa, ha colocado un barniz en su vida, no se
ha sumergido en lo íntimo de su ser, para pensar
positivamente, todo es obstáculo, no avanza sino que retrocede
por su inseguridad y hace que los demás se vuelvan como él,
fracasados, porque no encuentran salidas a sus problemas, son
seres sin rumbo, sin esperanza sin capacidad.
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Resignación… no aceptación…
un hombre necio intenta ser otro, no él mismo y siempre se
resigna pero no asume su condición como tal, quiere que los
demás sean como el. Hombres impotentes que están paralizados y
paralizan lasa acciones que otros ejercen. Resignados a vivir
con los mismos esquemas, no hay cambio.
Finalmente, hay que edificar nuestra casa sobre la roca, ahora si
podemos asimilar lo que esto significa en el hoy de nuestras vidas.
“poder hacer la voluntad de Dios edificando nuestra vida”.
Diciéndole: Señor tú eres nuestro todo y aunque nuestra nada nos
inflame, nos daremos cuenta que es tu roca eterna nuestra meta.
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