P. Iván Rodrigo Cardona Ríos
LA PALABRA PROFETICA…. “Mirad la virgen esta
encinta y da a luz un hijo y lo pone por nombre Emmanuel”
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Dios esta contigo…
Dios esta en ti, Dios esta conmigo, aunque
experimente su ausencia el no se muda, su amor permanece en la
impresión divina, en la alianza, en su palabra. Si Dios esta
contigo, es necesario descubrirlo, quitando el velo,
aquel velo que nos impide el acceso a la fe, y hacerlo parte
de nuestro proyecto, Con Dios los nobles ideales adquieren
un sentido de trascendencia, sin El, la actividad humana se
convierte en una lucha a enfrentar a toda costa contra la
rutina, los apegos, las divisiones, en fin, un sin numero de
situaciones que alteran y atrofian la vivencia humana cristiana.
Dios esta con Maria, la he elegido, para poseer al autor de la
gracia “Jesucristo”.
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Eres el preferido…
te prefiere por encima de todo y expresa
con Oseas: “cuando Israel era niño yo lo ame”… Dios te ha
amado, se muestra aquí en términos pasado como si Dios solo
hubiese pasado y no siga pasando por nuestras vidas… esto se
vislumbra cuando pensamos y mas aun creemos que la fuerza de la
palabra y el poder de sus obras solo se dieron en su tiempo…
Nunca el Señor nos va a enviar con las manos vacías. Si Dios te
ha preferido, el te dará lo que pide tu corazón. Así que
Dios no esta muerto. Y cumple tus deseos más profundos.
EL EMMANUEL ENTRA EN TU VIDA
Levántate, corre, abre…
levántate por la fe, corre por el amor y abre por el consentimiento..
(San Bernardo Abad)
Esto lo expresa
aplicándolo a Maria como la madre del Señor. Pero este argumento
tiene una eficacia en el hoy de nuestras vidas…
·
Levántate….
Ya es hora de que despertéis del sueño profundo, del letargo en que
mantienes por las obras de las tinieblas. Es la hora…. Bendita hora
de la luz… es la actitud asidua y dinámica…. Salir para entrar… es
un paso decisivo. levantarse para quedarse en lo mismo no tiene
sentido, levantarse para mirar atrás con angustia por la decisión,
deseando y anhelando lo que fue y ya no es. Levantarse para
permanecer firmes. Levantarse por la fe en el Señor, aceptando su
mensaje de salvación.
·
Corre…
no solo es levantarnos, es necesario correr, como lo expresa San
Pablo: los atletas se preparan y corren tras una corona que se
marchita, nosotros corremos tras la corona eterna…. Correr a un buen
paso, seguro y decisivo. No es caminar…… no es trotar….. es correr…
ir en posesión de… eso significa un imperativo, es decir, la
búsqueda del Dios viviente y su entrada en nuestra vida es
apremiante, pronta y de gran dosis de exigencia personal. ¿Cómo
nos estamos preparando para la carrera de la fe?, como la estamos
asumiendo. En esta carrera debemos tocar los lugares de la
esperanza como nos habla el Papa Benedicto XVI: la oración , la
acción y la cruz.. tres lugares que deben ser motivo para desear a
Dios y permanecer nuestra mirada al Señor ininterrumpidamente por el
deseo: “Aunque hagas cualquier otra cosa, si deseas el reposo en
Dios, no interrumpes la oración. Si no quieres dejar de orar, no
interrumpas el deseo” (San Agustín). Corre, por tanto, deseando ser
uno con el Emmanuel, “el Dios con nosotros”. Corre por el amor
con una opción clara y profunda hacia los marginados, necesitado de
afecto, en este mundo en el que se mueve la imagen y el que dirán.
·
Abre…
abrir las
puertas al redentor.
El entra en tu vida… ya
te has levantado, ya estas en disposición de correr, ahora debes
abrir tu puerta, quitar los cerrojos que hay allí y dejar que Jesús
entre a sanear todo lo que habita allí. Abrir con el consentimiento
significa dar el timón al Señor para que conduzca nuestra vida como
el quiere y que ante las mareas de la vida, este allí… estar allí…
con El habitando en su presencia.
El Emmanuel entra en tu vida, entra en tu ser.
Hoy la posada de Jesús esta en tu corazón y lo llena de amor,
desborda tu corazón de amor y se inflama,
se ensancha
para darlo a los hombres. “El frío de la caridad es el silencio
del corazón y el fuego de la caridad es el clamor del corazón. Si la
caridad permanece siempre, clamas siempre; si clamas siempre,
siempre deseas; si deseas, te acuerdas del reposo eterno”. (San
Agustín)