P. Ivan Rodrigo Cardona
En
este tercer domingo de pascua la liturgia de la palabra nos coloca
frente a un escenario propio, “el lago de Tiberiades”. Los
discípulos volvieron a sus antiguas redes como pescadores… es como
si todo volviese a la normalidad en sus vidas, el compartir con
Jesús no ha impactado, y creen que volviendo a sus antiguas redes
van a olvidar tan fácil todos los dichos de Jesús.
Me voy a pescar… la pesca es la labor
habitual de los apóstoles, basta hacer reminiscencia cómo fue el
llamado, dejaron las redes para seguir al maestro, ¿saben lo que
significa dejarlo todo para seguir al maestro?. Dejar su tierra, su
ambiente, su hábitat, para conquistar otros valores, “los del
reino”. Dejar el oficio para ser pescadores de hombres, ya no hay
redes para tirar al mar, las redes que existen son para atrapar
corazones en la inmensidad de la humanidad entera.
“oh pescadores que tras la redes han quedado atrapados ante los
argumentos divinos, argumentos que tocaron vuestra realidad y
envueltos en el misterio infinito y eterno, fuisteis elegidos”.
“El señor quiere que sus discípulos tengan un poder inmenso:
quiere que sus pobres servidores cumplan en su nombre todo lo que
había hecho cuando estaba en la tierra” (San Ambrosio)
Aquella noche no pescaron nada… siempre
salían con Jesús y la seguridad de la pesca era un hecho, Jesús
siempre se salía con la suya, sus signos eran de impacto. Han
regresado a su antigua rutina… ¿ha pasado una noche y no han pescado
nada? Es increíble… siendo pescadores y no han pescado, ya no ha
dado su fruto como pescadores. “es la noche el tiempo de la ceguera
para ellos” “diez mil dificultades no hacen una sola duda” (Newman),
porque guardan una incertidumbre de la fe, pero a pesar de la
impotencia esperan contra toda esperanza.
Echad las redes a la derecha… cuando
aparece Jesús le da sentido a su profesión, han olvidado su labor,
pero es diferente cuando está Jesús. En un palabra le da sentido y
razón a lo que hacen… ¿tenéis pescado?... una pregunta capciosa… no
tenemos…. Se da aquí obediencia a la palabra, la obediencia de la
fe que se da a Dios ante que a los hombres… Obediencia a la palabra
creadora, al verbo divino una obediencia de la fe que es la que se
expresa en aquellos hombres ya fatigados por la noche. Por ello “se
obedece más fácilmente a los que enseñan que a los que mandan” (San
Luís Orione) y Jesús a dado en el punto exacto, enseñó a tirar las
redes a pesar que fuese hijo del carpintero.
Es el Señor… El discípulo amado: Juan,
dice a Pedro… “E el Señor”… estar desnudo… adquiere la significación
del hombre viejo que ha perdido la vergüenza y el pudor. Aquél
hombre que actúa de una manera con Jesús y de otra cuando está sin
la vigilancia del maestro, Colocarse los vestidos porque es el
Señor, es adquirir como el hijo prodigo la nueva condición humana…
Sabían bien que era el Señor…. Repite el
signo, Jesús se acerca, toma el pan y se lo da; y lo mismo el
pescado. Ya no hay atrevimiento alguno, hay certeza y seguridad… el
gran asentimiento de la fe, una fe que busca argumentaciones
lógicas y Jesús las da.
Echando las redes reconocemos al Señor…
Es el llamamiento expreso de Jesús a ser pescadores de Hombres,
cuando se da un reconocimiento del Señorío de Cristo el viene a
replantear toda nuestra existencia. Es un imperativo, echar las
redes en nuestra familia, empresa, institución, amigos, y saber que
allí debe estar Jesús. Porque tu lo dices Señor echaré las redes, no
porque con mis capacidades crea que la obra es mía, esta es la obra
de tus manos, la que has diseñado desde la eternidad. Y poder cantar
tus alabanzas con los ángeles: “Digno es el cordero degollado de
recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la
gloria y la alabanza”, porque eres el Señor y dominador de todo lo
que has creado por tu aliento de vida, eres la palabra creadora del
Padre, palabra que no defrauda sino que da vida y vida en
abundancia.