Domingo de Resurrección
P. Iván Rodrigo Cardona Ríos
HA RESUCITADO…. “VIVE EL SUPUESTO FRACASADO”
“El fracaso en Jesús
no es compatible” Dios no puede fracasar. No va en su esencia
Divina, la única razón es que fracase cuando fracasa el hombre ante
la impotencia de no poder realizar nada ante la libertad humana. El
libre albedrío que ha dado a la humanidad para elegir el sumo bien.
Pero en cuanto que ha ganado la victoria de su lucha contra el mayor
enemigo… la muerte y Satanás, “ha vencido”.
La única certeza
histórica que poseemos de la resurrección es la que se refiere a la
experiencia que los discípulos tuvieron de la vida de Jesús después
de su muerte. De esa experiencia sacaron la conclusión de que Jesús
estaba resucitado, inspirándose en concepciones judaicas sobre la
resurrección universal de los muertos. Lo importante es la misión
encomendada por Jesús a aquellos que le vieron. El sentido de la
Resurrección se expresa afirmando: “La obra de Jesús continúa; la
obra de Jesús, quiere decir que, Dios quiere ahora, en este momento,
realizar su reino entre los hombres”.
Al querer analizar el acontecimiento de la Resurrección, no se
pretende reconstruir lo que acaeció en el tercer día; ni buscar vías
de conciliación para las divergencias que muestran los textos del
Evangelio; sino que nos limitamos a considerar ciertos aspectos
esenciales de la manifestación histórica de la Resurrección.
SIGNOS DE LA RESURRECCIÓN
1. La tumba vacía
(CEC 640):
El valor teológico
del sepulcro vacío está, en que el descubrimiento de éste es signo
de la continuidad entre la muerte y la revelación de la
Resurrección. La primera constatación es la de la ausencia del
cuerpo de Jesús, en consecuencia, el resucitado es idéntico al
crucificado, con una identidad corpórea. Se puede añadir que el
sepulcro abierto simboliza más especialmente la victoria de Cristo
que abre la prisión de la muerte (Mc 16, 3 donde las mujeres se
percataban de la importancia de retirar la piedra de la entrada, o
sea, abrir por sí mismas la puerta del Sepulcro). Cristo ya ha
abierto esa puerta, en señal de que la muerte no podrá ya aherrojar
a la humanidad. En el bautismo los cielos se abrieron, al ser
enviado Jesús al mundo, los cielos se abren a la tierra. Al
consumar esa misión en la Resurrección, la tierra se abre al cielo:
el sepulcro vacío significa que el mundo terreno ya no está
encerrado en sus límites, sobre todo los de la muerte; el universo
está abierto definitivamente a una vida superior.
Es necesario advertir
que los relatos evangélicos nos refieren el descubrimiento del
sepulcro vacío no por su valor simbólico, sino por su simple
realidad de hecho perteneciente al misterio de la resurrección. Los
evangelios no intentan ni siquiera un simbolismo, sencillamente nos
suministran una evidencia objetiva.
¿Y LAS VENDAS?... sin
duda alguna en el sepulcro vacío se encuentran las vendas, es una
referencia de que no está ahí, muchos autores han recreado el hecho
de que es un signo que no fue colocado por los discípulos, no es una
fantasía, con fantasmas, para nada.
2. El Primer
mensaje:
El
descubrimiento del sepulcro vacío está marcado por la presencia de
los ángeles, esto es común, hay concordancia con todos los
evangelistas, lo cual parece indicar que la experiencia del sepulcro
vacío está esencialmente ligada a un mensaje suministrado por los
ángeles.
¿Por qué una tumba
vacía y un mensaje, cuando ese encuentro hubiera podido bastar y
habría aportado más luz? La respuesta sería promover una fe activa
y una verdadera cooperación a la revelación del Resucitado. Las
mujeres son invitadas a creer antes de ver; el mensaje de los
ángeles constituye una llamada a la fe (Mc 16, 6-7; Mt 28, 5-7),
tiende ante todo a suscitar disposición de confianza, eliminando el
espíritu de temor; asigna a las mujeres el encargo de advertir a los
discípulos sobre el hecho; invocan la predicación de Jesús, como
suprema autoridad que garantiza el mensaje. La afirmación: “Ha
resucitado, tal como lo había dicho” da a entender cómo la fe en la
resurrección es, en primer lugar, fe en la verdad de la Palabra de
Cristo (Lc 24, 5-7). Otro aspecto de importancia, es que, la
intervención de los Ángeles, podría manifestar la contribución del
mundo de los espíritus a la revelación de la Resurrección. La nueva
vida espiritual de Jesús resucitado es anunciada en primer lugar por
seres espirituales que participan en el misterio de la
transformación de la vida carnal del hombre.
3. Jesús en las
apariciones:
Es El
quien toma la iniciativa de los encuentros, escogiendo el marco de
las apariciones. Se aparece donde y cuando quiere, pero la
soberanía que manifiesta en esas ocasiones no adopta nunca el
aspecto de un estado glorioso, no pretende desplegar su triunfo. Se
muestra de un modo que cuadra con las relaciones ordinarias de los
hombres entre sí. Según los testimonios evangélicos, reserva sus
encuentros a aquellos que ya le conocen y que le habían testimoniado
anteriormente su adhesión. Un cierto misterio envuelve su persona,
aparece y desaparece a voluntad; se hace difícil reconocerle, estas
características revelan un estado superior de su condición
corporal. Pero no impiden una presencia sensible análoga a la de
los demás hombres.
Debemos afirmar que
las apariciones pertenecen, no a la economía de la visión celeste,
sino a la de la fe que ellas quieren suscitar suministrándole una
base duradera.
En el desarrollo de
las apariciones podemos destacar dos orientaciones que revelan las
intenciones particulares de Jesús: En primer lugar la preferencia
otorgada a las mujeres sobre los discípulos, las mujeres han
sido las primeras en descubrir el sepulcro vacío, en recibir el
mensaje de la resurrección y en encontrar a Cristo resucitado. Tal
prioridad no estaba en consonancia con la mentalidad religiosa
judaica, así Jesús se enfrenta con los prejuicios de su ambiente
haciendo expresamente de María Magdalena y de las otras mujeres los
primeros testigos de la resurrección. Por medio de esa innovación,
Cristo manifestaba su intención de otorgar a la mujer, en la
Iglesia, un papel que no sería inferior al del varón.
En segundo lugar, se
constata que las primeras apariciones se dan en Jerusalén y
las otras se verificaron en Galilea. La prioridad otorgada en
Jerusalén se explica por la voluntad de manifestar el nexo de
continuidad entre la muerte y la resurrección: Jesús se muestra
viviente allí donde se había visto morir, y el presentarse en
Galilea manifiesta la intención de ensanchar el horizonte y dar a
entender que la Resurrección no es una victoria que se limita a
Jerusalén, además expresa el marco de la misión universal que Cristo
resucitado quiere asignar a sus discípulos.
4. La
formulación de la fe:
¿Cómo se
ha expresado esa fe? El hecho de la Resurrección ha sido enunciado
mediante dos fórmulas: “Cristo ha resucitado”, “Dios ha
resucitado a Jesús de entre los muertos”. La primera fórmula
parece más antigua que la segunda, la cual comporta una afirmación
sobre la acción de Dios y, por lo tanto, una afirmación teológica.
La fórmula más simple es la que encontramos en el mensaje del ángel:
“El (Jesús) ha resucitado” (Mc 16, 6; Lc 24, 6). La primera
formulación, va más allá de lo que es inmediatamente constatable; la
resurrección en sí misma no es objeto de ninguna constatación.
Las dos fórmulas
anteriormente mencionadas ponen en evidencia la realidad misma de la
resurrección, la primera subrayan la soberanía de Jesús que “ha
resucitado” como Señor; la segunda indica la acción del Padre,
en esta orientación, se observa el esfuerzo por colocar más aún la
resurrección en el conjunto del plan divino de salvación. El
Padre es el autor de todo el designio de salvación, es El quien
ha enviado a su Hijo al mundo y le ha señalado la vía del
sacrificio. La resurrección es aceptación del sacrificio y nos
manifiesta así, cómo la misma muerte formaba parte de la obra de la
salvación.
LA
RESURRECCIÓN ESCAPA DE LA LÓGICA HUMANA
¿De dónde viene la
afirmación que no se limita a las apariciones sensoriales y enuncia
el hecho esencial que ellas implican? Del mismo Jesús, que había
anunciado a sus discípulos, antes del acontecimiento, que
resucitaría (Mt 28, 6; Mc 16, 7; Lc 24, 6-7). El hecho que los
discípulos no habían comprendido anteriormente la profecía de la
Resurrección (Mc 9, 10) no significa un obstáculo para el empleo del
término “Resucitar”, una vez que la profecía ha tenido su
realización.
Esto indica que no es
una mera creación humana este termino y mucho menos la vivencia de
la resurrección como los apóstoles lo han vivido, sería mera ilusión
si ellos mismos hubiesen recreado ese hecho desde su capacidad sin
ningún argumento, que fuese solo especulación, se hace creíble es el
hecho impactante de los mismos discípulos, cuando activamente
evangelizan en su nombre, si él no hubiese resucitado con seguridad
no habría confirmación a esas palabras, no hubiesen evangelizado y
muchos menos los signos se darían. No había testigos oculares ante
el instante de la resurrección, pero los testimonios que nos relatan
los evangelios muestran esos signos de veracidad.
La Resurrección
escapa a la historia en primer lugar porque, como acontecimiento, no
ha podido ser objeto de ninguna constatación. Si no ha habido
observación por parte de testigos, es porque el acontecimiento
supera cualquier constatación sensible. La Resurrección implica un
paso del estado de muerte a una vida superior, por el hecho, de que
el cuerpo está animado por el Espíritu, de una vida divina. Su vida
de resucitado no pertenece ya al desarrollo ordinario de la historia
humana. No obstante, si la resurrección trasciende la historia, no
se puede desconocer otros aspectos por los cuales poseen un valor
histórico, miremos algunos:
Los relatos de las
apariciones
permiten deducir la verdad del acontecimiento de la Resurrección.
Es un acontecimiento histórico en el sentido que acaeció en un
momento determinado de la historia humana y a partir de un lugar del
espacio terrestre. La fecha del tercer día ha sido
mencionada en la fórmula de la fe, para subrayar que se trata de un
hecho ocurrido en el decurso de la historia. El descubrimiento del
sepulcro vacío indica las coordenadas de tiempo y de lugar
que constituyen la base del acontecimiento. Por último, la
Resurrección confirma su nexo con la historia mediante las
apariciones de Jesús. Cristo quiere estar en conexión con la
historia, El no quiere permanecer ajeno a la historia de la
humanidad. La resurrección consuma la penetración de la
eternidad en el tiempo (lo cual se había iniciado con el
acontecimiento de la Encarnación), transformando la existencia
terrena; instala la carne humana en su estado definitivo,
escatológico, en el que esa carne se llena de vida divina, y
establece un nuevo principio de desarrollo histórico, que coincide
con el desarrollo escatológico. Desde este punto de vista, se puede
decir que la Resurrección es el comienzo de la Parusía.
SOTERIOLOGÍA Y
PERDÓN DE LOS PECADOS…
San Pablo subraya la
importancia capital de la Resurrección: “Si Cristo no ha resucitado,
vacía es nuestra predicación, vana vuestra fe” (1Co 15, 14),
suprimir la Resurrección es quitar a la fe su objeto central, el
acontecimiento que le sirve de fundamento. Pablo considera en la
resurrección su valor soteriológico, la eficacia del acontecimiento
en orden a la remisión de los pecados (1Co 15, 17).
La conexión entre
muerte y Resurrección debe expresarse ante todo en términos de
finalidad, se eslabonan la una con la otra, de tal forma que la
segunda es el desenlace y el término final de la primera. La muerte
se produjo en miras a la Resurrección: “Cristo ha aceptado y
predicado la pasión con el fin de hacer posible la Resurrección, la
inmortalidad y la incorrupción y, así comunicárnosla. Sin una
muerte previa ¿cómo podría tener lugar la Resurrección? (Severo de
Antioquía + 538); así la Resurrección con su efecto salvífico es la
que, por ser el objetivo de la muerte, motiva definitivamente esa
misma muerte.
Ya la mancha del
pecado original ha sido bañada por el perfume de Cristo que es la
sangre divina, se borra el pecado original para volver a la
condición primigenia. La condición filial de ser hijos de Dios.
VIVIR EN LA ETERNIDAD… “Como es nuestra resurrección porque
resucitamos en él, puede ser también el reino de Dios porque en él
reinaremos” (San Cipriano). Es el llamado
a la casa del padre, ya no hay fracaso, es la vida, la autenticidad
del reino. La prolongación de la vida, ya no hay muerte, el enigma
de la muerte se sumerge en el misterio infinito del corazón de Dios
y padece una transformación del caos a la armonía del ser…