Domingo de Ramos
P. Iván Rodrigo Cardona.
Hoy
la palabra del Señor tiene una dinámica relevante. Vamos ubicando
este itinerario desde el evangelista Lucas, que tiene una
referencia especial: “la teología del camino”, caminando para
descubrir el ara de la cruz por la conciencia progresiva de
Jesucristo, conciencia que desvela un secreto inminente: “la
pasión”. Máxima expresión que abordaremos desde varios
referentes especiales:
Ø
Entrada triunfante de Cristo…
Es el paso por Jerusalén… es el grito de
júbilo en su máxima expresión, ya que: “El Júbilo es un sonido que
indica la incapacidad de expresar lo que siente el corazón” (San
Agustín), es decir, todo el pueblo se encuentra en el gozo por los
signos, milagros y prodigios que habían visto en Jesucristo.
Es una entrada impactante, triunfante…
Ø
Entrada reinante vs. Entrada
sufriente… que prefiguración Jerusalén
esconde el gran secreto “el patíbulo de la cruz”. “Fuera de la
cruz no hay otra escala por donde subir al cielo” (Santa Rosa de
Lima, vida). Si es verdad que en Cristo se da una aceptación en la
entrada triunfante de un reinado, también es veraz que se da el
mayor suplicio en el trofeo de la cruz. “Dulces clavos, dulce
árbol donde la vida empieza, con un peso tan dulce en su corteza”
(Raniero Cantalamessa)
Ø
En Jerusalén se esconde el secreto
del camino… Jesús camina en su borrico,
adquiere una significación trascendental. Es el borrico de la
cruz. El camino de Jesucristo es un camino de cruz, Jesús se
sube a un borrico, ahora bien ya se sube a un madero, si antes era
rey por su entrada con alfombras y mantos, ahora es maldito porque
es maldito el que cuelga de un madero, ese es su nuevo borrico: está
allí clavado finalizando su camino. Es parte integrante de su
camino. "Lo que la sola palabra cruz significa debe quedar a
distancia no sólo del cuerpo de los ciudadanos romanos, sino incluso
de sus pensamientos, de sus ojos y de sus oídos". (Cicerón).
Ø
El suceso interior de la pasión…
se gesta en getsemaní, en el monte de los
olivos, donde Jesús ora en soledad angustiada, antes de ser
traicionado por Judas, desde ese momento inicia el itinerario
pasional de Cristo para ser llevado como oveja al matadero. La
pasión del calvario. También la asumimos en nuestro diario
vivir, porque el que es discípulo se crucifica al igual que su
maestro….”se corre la misma suerte”, no a la manera de este
acontecimiento salvífico de manera cruenta, con el derramamiento de
sangre, sino en las pruebas y luchas que diariamente se presentan
para la madurez de la fe… aquí se da la cruz del placer… la alegría
y el gozo del Espíritu nos conducen a abrazar nuestra cruz, el
sublime misterio de la pasión y la entrega de cristo a la suerte de
la muerte y muerte de cruz…
Ø
Paso decisivo: “DE LA PASIÓN A LA
GLORIA”
Se pretende en muchas ocasiones la vida en la gloria sin pasar
por la noche oscura, “la noche de la fe” (Juan Pablo II). No se
puede dar una gloria si uno hay paso por la pasión, al menos
“suplir en nuestra carne lo que falta a la tribulación de
Cristo” (Cfr. Col 1,24) no porque a Cristo le haya faltado
tribulación alguna el lo asumió todo, sino que de manera
pedagógica el quiso dejarnos el sufrimiento para asemejar esto
al sufrimiento redentor y ver hasta dónde llega su amor.
Después de saborear el dolor de Cristo en nuestras vidas viene el
tiempo de la gloria que va a desvelarse, quien sufre en Cristo
reinará con Cristo, es el reino de la gloria futura, ya que somos
la corona y la gloria en la teología de San Pablo… corona en
cuanto reinado porque somos un reino elegido para ser propiedad
exclusiva del Señor y la gloria porque, todavía no se ha manifestado
lo que seremos, lo veremos tal y cual es, esta es la dicha más
inefable del ser humano, contemplarlo cara a cara y quedareis
radiantes.