P. Iván Rodrigo
Cardona Ríos
En la dinámica de la palabra de Dios hoy se
nos enfatiza en el proceso de formación de los discípulos hasta
llegar a ser prisioneros del Espíritu. Desde este punto de vista
vamos a visualizar no como espectadores de este proceso interno sino
que se va a la raíz profunda del itinerario formativo del seguidor
de Cristo… “Seguimiento que es fruto de la fascinación que responde
al deseo de la realización humana… el discípulo sin lugar a dudas es
alguien apasionado por Cristo a quien reconoce como el maestro que
lo conduce y lo acompaña”. (Cfr. Doc. Aparecida No.
294).
PROCESO DE FORMACION DEL DISCÍPULO:
Venir conmigo…
“No tengan miedo de Cristo, El no quita nada y lo da todo. Quien se
da a El, recibe el ciento por uno. Si, abran de para en par las
puertas a Cristo y encontraran la verdadera vida.” (Benedicto XVI,
homilía del inicio del pontificado). Jesús nos invita a encontrarnos
con el… en la convivencia cotidiana con Jesús y en la confrontación
con los seguidores de otros maestros, los discípulos pronto
descubren dos cosas pronto originales en la relación con Jesús:
1.
No fueron ellos los que escogieron a su maestro, fue Cristo
quien los eligió.
2.
Ellos no fueron convocados para algo (purificarse, conocer la
ley…) sino para alguien. Elegidos para vincularse íntimamente a su
persona. “ser de el y formar parte de los suyos” (Cfr. Doc.
Aparecida No 146)
Conversión… (metanoia)
cambio de vida, dar un giro total, no es otra
cosa que Posponer padre, madre, hermanos hijos, intereses, bienes,
seguridades, dependencias, vicios, y colocar a Cristo como el
centro… “Lo que no es asumido no es redimido”, hay que asumir un
encuentro profundo, un enamoramiento tal por el, para priorizar en
El.
Optar por cristo para desafiar al mundo…
búsqueda en Cristo, es la meta del
cristiano…. “con Cristo somos mas”, mas que vencedores, mas libres,
mas amantes de la palabra, mas felices… nos sometemos a un mundo y
nos sentimos débiles e indefensos ante el, con Cristo debemos
desafiar la mentalidad, el relativismo, la duda, el rechazo a lo
sagrado, la indiferencia religiosa y humana.
Llevar su cruz detrás de mí…
es el llamado a cargar la cruz, la cruz de la historia personal, la
cruz de la fe, la cruz de Cristo…. El camino lo ha recorrido Cristo,
y en la vía dolorosa hacia el calvario nos muestra la claridad al
asumir la cruz… la violenta cruz que hace mella en el ser de Cristo,
pero es el madero de la salvación. “bendito madero en donde ha
quedado clavada la historia humana, la historia del Cristiano, su fe,
es la fuerza de la cruz…. De la cruz se desprende la fuerza, la
misma fuerza de Cristo…. Nos acostumbramos a llevar la cruz… ¿Cuál
cruz? La que nos buscamos, la que simulamos, nos convertimos en los
dolorosos y lloramos por todo… nunca vemos mas allá, solo vemos
nuestras necesidades pero no vemos las de los demás. La clave esta
en aprender de Jesús… al llevar la cruz hay que hacerlo como Jesús,
detrás de el, sin desviaciones, sin vacilaciones, sin dar pasos en
falso, sin mirar atrás.
EN ESTA PRISIÓN SUFRO POR EL EVANGELIO
Pablo sufre la prisión por el evangelio, el
celo del evangelio lo lleva a ser prisionero por su causa. El
sufrimiento no es comparado con la gloria y las maravillas del
Señor, reservadas a quienes asumen su misión histórica… cuantas
veces nos convertimos en prisioneros como Pablo: no solamente como
privación de la libertad, sino des la dinámica de que quien escucha
y acoge la palabra queda atado a ella. “estoy atado a tu palabra”,
una fuerza de atracción intima y profunda ha estremecido los
cimientos mas profundos de mi existencia.
DISCÍPULO PRISIONERO DEL ESPÍRITU
“La Iglesia, en cuanto marcada y sellada “con
Espíritu Santo y fuego” (MC 3, 11), continua la obra del Mesías,
abriendo para el creyente la obra de la salvación (Cfr 1 Cor 6,11).
Pablo lo afirma de este modo: “ustedes son una carta de Cristo
redactada por ministerio nuestro y escrita no con tinta, sino con el
Espíritu de Dios vivo” (2 Cor 3, 3).
Que bueno ser prisioneros del Espíritu.. el
hombre que nace del Espíritu vive la alegría espiritual, un
permanente Pentecostés… un bautismo en el Espíritu Santo… ser
prisionero es poseerlo y conocer su alcance, contemplarlo y dejarlo
obrar en la realidad humana. Que mas método queremos si el Espíritu
santo descifra el camino a seguir, su impulso y su fuerza da el
dinamismo a la Iglesia para obtener la vida nueva.
Finalmente, hay que ser discípulo para ser
prisionero no de las ataduras y las amarras de un mundo sino de la
acción fecunda del Espíritu Santo en la vida humana, sin El, el
discipulado no tendría sentido, seria un discipulado vació y estéril,
el discípulo poseído y esclavo del Espíritu empapa la tierra con la
buena noticia del reino y la semilla fecunda.